Las economías del euro agonizan a la espera de un fondo europeo anticrisis

Alemania y Austria exigen a los países pagar peaje si quieran acceder a las ayudas


redacción / La VOZ

Una mesa, un ordenador y el abismo bajo sus pies. Los líderes europeos volvieron a reunirse esta tarde de forma telemática para tratar de articular un fondo europeo anticrisis que ayude paliar los efectos de la Gran Reclusión. La cita terminó como siempre: con eufemismos para disfrazar sus divisiones y la invitación para verse las caras más adelante (el 6 de mayo).

Bajo los juegos semánticos y los debates moralistas del Consejo Europeo se abre el enorme precipicio por el que cada día se despeñan miles de negocios, trabajadores y familias abocadas a perder sus rentas. La pandemia está arrasando con el tejido productivo de países como España e Italia «a una velocidad sin precedentes», como advirtió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Las economías agonizan ante la incapacidad de sus Estados de mantenerlas a flote con sus propios recursos. Por eso Madrid, Roma y París pidieron hoy a sus socios desplegar de forma urgente un enorme fondo de reconstrucción que alivie la factura al Sur. Y sus vecinos aceptaron sobre el papel, pero no hubo rastro de consenso sobre cómo financiarlo.

España acudió con una propuesta ambiciosa para evitar morir ahogada por una enorme bolsa de deuda y no tener que acudir a un rescate: movilizar hasta 1.5 billones de euros utilizando los presupuestos europeos como aval en la emisión de bonos conjuntos a perpetuidad. «Si todos estamos en un mismo barco necesitamos una inversión común», justificó la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya. Los fondos se transferirían directamente a los países más afectados, sin cargas adicionales. Francia sugirió crear un fondo similar, pero de carácter temporal y desvinculado de los presupuestos europeos, con capacidad para emitir deuda a muy largo plazo.

Más allá de agradecer el esfuerzo al presidente español, Pedro Sánchez, y al presidente francés, Emmanuel Macron, Alemania volvió a dar portazo a ambos planes antes de reiterar que cualquier ayuda tendrá recorrido de ida y vuelta. La canciller, Angela Merkel, solo está dispuesta a contribuir si las ayudas se conciben como préstamos, nada de subvenciones o transferencias a fondo perdido. Así que si España quiere recurrir al fondo anticrisis debería pagar un peaje. El canciller austriaco, Sebastian Kurz, fue más lejos. No solo rechaza la inyección de dinero sin plazos de devolución sino que exigió que cualquier desembolso vaya vinculado a un duro pliegue de condiciones.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, admitió la dificultad de llegar a un acuerdo sobre el modelo de financiación del fondo. El bloqueo obligó al belga a devolver la tarea a las manos de la Comisión Europea, que tendrá hasta el 6 de mayo para darle forma y ponerlo en marcha a principios de junio.

Modelo mixto

Von der Leyen anticipó que entre el fondo y el nuevo presupuesto europeo a siete años se movilizarán 2 billones de euros. La alemana insiste en «buscar un equilibrio» a la hora de financiarlo así que sugiere un modelo mixto, con un poco de subvenciones y un poco de préstamos. Algunos primeros ministros como el holandés, Mark Rutte, le auguran poco recorrido. El liberal volvió a salir a escena para asegurar que hará todo lo posible por «aparcar» el hambre de dinero europeo de sus socios del Sur. ¿De qué forma? Si bien Italia y España han declinado hacer uso de los 240.000 millones de euros del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) por su ambigua letra pequeña, Rutte está dispuesto a exigir que se agoten estas líneas de préstamo, otrora vinculadas a la intervención de la economía, antes de recurrir al nuevo fondo anticrisis.

Suecia y Dinamarca también se niegan a ampliar sustancialmente los prespuestos europeos. Y aunque Merkel aseguró estar dispuesta por «solidaridad», lo cierto es que es un compromiso que ya había adquirido en el programa político de la coalición de gobierno.

Lagarde advierte a la UE de que la economía podría desplomarse un 15 %

C. P.

La presidenta del BCE teme que los líderes europeos actúen «demasiado poco y demasiado tarde»

«Demasiado poco y demasiado tarde». Es la maldición histórica que arrastra la Unión Europea al hacer frente a una crisis. La lentitud, la falta de ambición y, sobre todo, la ausencia de acuerdo para extender un potente cortafuegos europeo hizo que la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, se revolviera esta tarde en su silla. Según pudo saber Bloomberg, la francesa ha tratado de hacer reaccionar a los líderes políticos, reunidos de forma telemática, asegurando que corren el riesgo de quedarse cortos ante un desplome del PIB europeo que podría alcanzar el 15 %. Sus temores son fundados. Algunos países como Alemania, Austria o los Países Bajos insisten en rebajar las expectativas sobre el futuro fondo de reconstrucción económica. Berlín insiste en articularlo a través de préstamos, no subvenciones y Viena exige firmar una hoja de condiciones antes de desembolsar dinero. Los inversores no se fían. Ni del estado de salud de las economías italiana y española ni de que la respuesta de la Unión vaya a estar a la altura de lo que exige la crisis. Por eso exigen más rentabilidad a la hora de financiar sus deudas.

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