La justicia francesa exige a Amazon limitar las ventas a productos de primera necesidad

La multinacional se enfrenta a una multa diaria de un millón de euros si no evalúa el riesgo de contagio entre sus empleados


La Voz

Ni ropa, ni perfumes ni artículos de ocios. Amazon tendrá que limitar sus ventas en Francia a los artículos de primera necesidad. Al menos hasta que la compañía evalúe correctamente los riesgos a los que se está exponiendo sus trabajadores en actividad. Así lo ha decretado el Tribunal de Nanterre tras la denuncia interpuesta por los sindicatos, quienes criticaron a la multunacional estadounidense por primar los beneficios económicos por encima de la salud de sus 13.000 empleados repartidos por todo el país galo. La compañía deberá «limitar la actividad a los productos esenciales a la espera de una evaluación de los riesgos epidémicos en la que participen los representantes del personal», reza el comunicado del Tribunal del que se ha hecho eco Franceinfo. Solo se permitirán actividades de recibo, preparación y envío de marcacías alimentarias, de higiene y productos médicos.  

La medida durará, como mínimo, un mes y entrará en vigor 24 horas después de la sentencia. Y no solo eso. Para evitar que la empresa eluda su responsabilidad, los magistrados le han impuesto una multa coercitiva diaria de un millón de euros por cada día de incumplimiento de la sentencia. 

El anuncio llega en plena guerra entre el pequeño comercio y las grandes plataformas de distribución por Interner. Los pequeños empresarios españoles solicitaron al Gobierno que ponga coto a esta «competencia desleal», imponiendo límites en las ventas y ciñendo las mismas a artículos de primera necesidad mientras dure el confinamiento decretado para los comercios y restaurantes. 

El pequeño comercio explota contra la competencia desleal del comercio «online»

La Voz

Exigen al Gobierno que limite la venta por Internet a los productos de primera necesidad

Mantienen la persiana bajada y hacen cuentas. El confinamiento ha dejado al pequeño comercio -ya tocado antes de la pandemia-, con un pie dentro y otro fuera de la economía. Los autónomos temen perder sus negocios. Los gastos no dejan de crecer, pero los ingresos siguen en cero. Son los grandes damnificados del tejido empresarial español. Y por si ya fuera difícil la competencia en condiciones normales, el cierre les ha dejado sin opciones para competir. Porque mientras cuentan los días para volver a levantar la persiana, las grandes empresas de venta por Internet siguen haciendo negocio, enviando a las casas de sus clientes los productos que antes se podrían adquirir en los barrios. 

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