Con termómetro y mascarilla: así regresa la moda gallega a China

Inditex y Domínguez abren sus tiendas extremando los controles


vigo / la voz

El pasado 23 de marzo, China dio por vencido el virus que ahora se expande por medio mundo y la vida volvió a las calles. Las tiendas han abierto de nuevo al público, pero sin aglomeraciones.

«La recuperación está siendo, por ahora, lenta, contenida y marcada todavía por las medidas de protección sanitaria», explican desde el sector textil gallego, representado por Inditex, que cuenta con 577 establecimientos de las distintas marcas del grupo repartidos por todo el país asiático (11 en Wuhan, el epicentro de la pandemia); y por Adolfo Domínguez, con ocho locales.

Ahora, levantada la alerta también en Wuhan, los establecimientos de ropa gallega vuelven a abrir sus puertas, dentro de una relativa normalidad. «El uso de mascarillas, que estaba extendido ya antes de la pandemia, es casi total, y en la entrada de las tiendas se han establecido controles de temperatura para prevenir contagios y se ha reforzado la desinfección. Todo el que pase de 37 grados de temperatura no puede acceder», afirman fuentes de Adolfo Domínguez, aclarando que se trata de normas oficiales que se encargan de aplicar los responsables de los centros comerciales en los que operan.

La firma de moda reabrió sus ocho locales en el país, todos franquiciadas, el pasado 23 de marzo. Desde entonces, todos ellos operan con los mismo horarios y empleados que antes de la expansión del coronavirus.

«La reactivación comercial está siendo progresiva, por lo que se espera que continúe estabilizándose y aumentando en los próximos meses», aseguran desde el grupo.

Los clientes que pasan de 37 grados de temperatura tienen prohibida la entrada en tienda «Las tiendas están todas abiertas y la recuperación es lenta pero continúa; parece que empieza a ser una realidad en China, pero hay que ser prudentes, es pronto para sacar conclusiones», afirman fuentes de Acotex, la patronal española del comercio textil, que sigue de cerca la apertura comercial en el gigante asiático para hacerse una idea de lo que acabará ocurriendo en España antes o después.

El espejo chino

«China es el único espejo al que mirarse para aventurar cómo será la salida de esta crisis sin precedentes. Y aun así, el reflejo en Occidente no será exacto», apunta la patronal. Recuerda que el país asiático solo confinó a sesenta millones de habitantes, sobre una población de 1.300 millones de personas, los cierres fueron progresivos y todas las tiendas de moda se concentran en centros comerciales, a diferencia de lo que ocurre en España y buena parte de los países de Europa occidental, en donde la tendencia es la vuelta a pie de calle con grandes establecimientos multicanal.

El resultado de estas primeras semanas de apertura está demostrando que el consumo chino se ha retraído. Así lo asegura la consultora Bain & Company en Shanghái. Su chequeo del mercado constata que muchos chinos siguen preocupados por la posibilidad de nuevas infecciones a medida que más personas regresan al trabajo. También, que son reacios a gastar mucho, preocupados por la seguridad laboral y posibles recortes salariales a medida que la economía siga retraída. «Estamos en un momento frágil en el espíritu de los consumidores chinos causado por el miedo y la incertidumbre», concluye la consultora.

El virus arrasa el tejido empresarial

La Voz

Son las otras víctimas de la pandemia que tiene de rodillas al mundo. Integran las otras cifras del parte de guerra que cada día estremece al país. Los cadáveres que el COVID-19 está dejando a su paso en el tejido productivo español. Engordan las listas del paro, sí. En la medida que aumenta el número de empresas que se quedan por el camino. Microempresas y autónomos con asalariados, en su mayoría. Los más fragiles. Ellos están siendo los primeros en caer

La lista de damnificados por la pandemia en el plano laboral es otro de los grandes dramas de esta crisis. Otra de las cifras del parte de guerra que cada jornada estremece al país. En los primeros 20 días de emergencia sanitaria se perdieron casi 900.000 empleos. Solo en Galicia fueron 36.000 las personas que se quedaron sin trabajo. Y eso sin contar con los que han sido incluidos en expedientes de regulación temporal de empleo por sus empresas. Ellas, las empresas, representan la otra cara de esa moneda. Un tejido productivo -amenazado de muerte, en muchos casos- que está siendo arrasado por el ciclón.

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