Las dos caras de los halcones del euro

Tras la moralina de holandeses y alemanes se esconde un abanico de prácticas desleales que han empobrecido a sus socios

Pool BELGA dpa

La Voz

Cuando los marineros arribaban al gigantesco puerto comercial de Ámsterdam tenían por costumbre disfrutar del alcohol y el sexo antes de confesarse en las casas sacerdotales para purgar sus culpas y volver a embarcar libres de pecado. Cualquier exceso podía blanquearse antes de zarpar. No ha cambiado mucho la historia en el último siglo, solo los protagonistas. Hoy arriban multinacionales, fondos de inversión y grandes fortunas en busca de la bendición del Gobierno holandés para esconder la orgía de beneficios que generan en otros países de la Unión Europea. El paraíso de la lujuria es hoy un «paraíso fiscal», según el propio Parlamento Europeo. Un tema menor para las autoridades holandesas, más escandalizadas por el gasto de sus vecinos meridionales en «alcohol y mujeres», como deslizó su antiguo ministro de Finanzas, Jeroen Dijsselbloem, experimentado conocedor de los usos y costumbres patrios.

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