Las primeras víctimas económicas del virus

Vicente, Luisa, Ira, Luis Antonio y Pedro. Son solo cinco de los casi 200.000 gallegos que han sufrido el golpe del coronavirus, no en su salud, sino en su economía. En la comunidad, más de 36.000 personas perdieron su empleo el mes pasado y otros 160.000 han sido incluidos por sus empresas en un expediente de regulación temporal de empleo que recortará sensiblemente sus ingresos por un período al que ya nadie se atreve a ponerle fecha.

Hombre, con contrato temporal, residente en la provincia de Pontevedra y trabajador de la hostelería o la construcción. Es el retrato robot de los primeros despedidos por coronavirus en Galicia. En la comunidad, según los datos de la Seguridad Social, se perdieron en las dos últimas semanas del mes pasado 36.000 puestos de trabajo, una cifra equivalente a los creados en los últimos dos años.

A esos asalariados que se han visto en la calle de un día para otro hay que sumar los casi 160.000 que han sido incluidos en un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE), que en la mayoría de los casos mermará sus ingresos durante un período de tiempo que cada vez parece más incierto. De momento, son 30.463 las empresas de la comunidad que han optado por acogerse a esta mecanismo con la esperanza de que el ahorro en salarios y cuotas sociales les permita sobrevivir a este período de inactividad y facilite el mantenimiento de plantilla cuando se retome la normalidad. En toda España, la cifra de ajustes laborales supera ya con creces los 250.000 y lo que todavía se desconoce con exactitud es la cifra total de afectados, ya que el Gobierno de momento solo ha comunicado que son 620.000 los que tienen reconocido ya la prestación por desempleo, aunque son muchos más los que todavía están tramitándola.

Caída del PIB

Las perspectivas económicas no son buenas. Con los malos datos del empleo y el desplome de la actividad en el sector servicios, la AIReF, el organismo que fiscaliza las cuentas públicas en España, estimaba ayer que la economía española podría entrar en recesión en esta primavera. Y es que el confinamiento de la segunda semana de marzo habría provocado ya una caída del PIB del primer trimestre, que podría rondar el 0,2 %, cuando se esperaba un repunte de casi medio punto. Pero lo peor vendrá en este trimestre que acaba de empezar, en el que la caída estiman que superará el 1,6 %, un desplome similar al que experimentó la economía española en el otoño del 2008, justo tras la caída de Lehman Brothers. Lo que pasó después es una historia que mejor no recordar ahora...

«Soy cocinero y hasta el coronavirus me sobraba trabajo. Ahora ya veremos»

María Hermida

Vicente Esteban, cocinero y vecino de Pontevedra, es una de las miles de personas a las que el coronavirus ha enviado al paro. Llevaba tres meses trabajando en un restaurante de Pontevedra que hizo un ERTE, pero él ya no entró en ese expediente de regulación de empleo temporal. Dejó de trabajar unos días antes porque finalizaba su contrato y, debido a lo difíciles que ya entonces se estaban poniendo las cosas por la amenaza del COVID-19, no hubo posibilidad de continuaidad. No le echa nada en cara a su jefe: «Fui el último en incorporarme a la empresa y el primero en salir, lógicamente. Los restaurantes no son oenegés y están tratando de proteger a su personal más antiguo, es lo normal. Todos tienen una situación muy difícil ahora mismo, con todo cerrado», indica.

El caso es que él se fue al paro. Desde entonces, en su interior habita, sobre todo, la incertidumbre. «Soy cocinero y hasta empezar el coronavirus me sobraba trabajo, ahora ya veremos... Nunca tuve miedo a estar en el paro, pero es que ahora no sabes qué esperar... yo creo que en hostelería van a quedar cuatro grandes y el resto lo va a tener complicado», señala.

Luego, indica, su esperanza radica en el currículo que fue atesorando. Natural de Pontevedra, a los 17 años, tras cursar tercero de BUP, la familia lo animó a aprovechar el potencial que le veían en la cocina. «Me gustaba cocinar desde siempre y la verdad es que se me daba bien, así que decidí formarme», relata.

Con el inicio del siglo XXI y sin haber cumplido la mayoría de edad, cambió Pontevedra por Mallorca para aprender en una de las grandes escuelas de hostelería de España. «Me marché fuera a formarme y el paseo acabó durando veinte años», dice entre risas. No en vano, después de la formación empezaron a surgirle ofertas y comenzó su periplo como cocinero por restaurantes de Madrid, Ibiza, San Sebastián o Barcelona. Trabajó al lado de Martín Berasategui y estuvo también en los fogones con antiguos cocineros de El Bulli, en el restaurante Disfrutar de Barcelona.

«Me fui a formarme fuera y el paseo duró 20 años. Acabo de regresar a Pontevedra»

Hace un año, y después de una época de frenético trabajo, decidió que quería tomarse un respiro y volver a Pontevedra. «Veía que en mi ciudad la hostelería se había revolucionado, que se había multiplicado por mil y quise venir», indica. Estuvo un año en el paro para realizar el cambio, adaptarse a la nueva vida y reflexionar sobre el futuro. Le tentaba la idea de emprender por su cuenta. Pero antes quería trabajar en un local de la ciudad. Se incorporó a la cocina de un conocido restaurante y tanto él como el dueño estaban encantados. Pero el coronavirus dio al traste con todos los planes y Vicente se fue al paro.

No tiene subsidio ahora mismo porque, como había estado previamente desempleado cuando cambió de ciudad, agotó la prestación. Está ahora pendiente de si las nuevas medidas del Gobierno para los desempleados le dan alguna alegría. Le preocupa el futuro, claro que sí. Pero, a sus 38 años y desde su casa de Pontevedra, trata de poner blanco sobre negro y concluye: «Esto tendrá que acabarse y en algún momento esperemos que la hostelería se recupere. Ahora mismo todo es incerteza, porque atreverse con un nuevo negocio es inviable, buscar algo difícil... Mi jefe quedó en llamarme si esto se recupera».

«Llevaba desde el verano sin trabajar, y a la semana ya tuvieron que cerrar»

Cristina Viu

Ira Gundín tiene 37 años y solo una semana antes de que el Gobierno decretara el cierre de la hostelería había encontrado un buen empleo en Carballo. Llevaba desde el verano sin una ocupación y la prestación se le había reducido a 215 euros, por lo que su situación era desesperada. Curiosamente, lo mismo que la ha perjudicado dejándola sin trabajo la ha beneficiado al mejorar lo que cobrará en el desempleo. Sus nuevos patrones hicieron un ERTE, por lo que Ira pasará a percibir el 70 % del que iba a ser su salario mensual, lo que significa más dinero que el que venía percibiendo.

Sin embargo, y para compensar su buena fortuna, su hermano, también camarero, se ha quedado sin nada, ya que no tenía contrato y solo realizaba trabajos esporádicos. Ambos comparten la vivienda.

A pesar de la situación Ira es optimista. Está deseando volver cuanto antes a la normalidad y mantener su ocupación, porque «he dado con una gente increíble», dice. Estaba encantada con su puesto en un bar carballés en el que también sirven comidas y confía en que sus patrones puedan rehacerse del parón impuesto por el COVID-19. Es la esperanza que les queda a los miles de camareros que debían comenzar la temporada ahora y que no han podido casi ni arrancar.

«Non sabemos cando imos a cobrar o paro, nin cando volveremos ó traballo»

M. Sío Dopeso

Pedro Velasco é un dos máis de 20.000 traballadores do sector da automoción de Galicia que está en regulación temporal de emprego. A súa empresa é a multinacional británica GKN, un dos maiores provedores de compoñentes localizados en España, que subministra pezas para numerosas fábricas de coches, entre elas, a de PSA Vigo. O seu posto de traballo non corre perigo que se saiba, pero asegura que á volta, as cousas serán moi diferentes a cómo eran. «Non haberá despidos, pero o que si vai a haber son non renovacións de entre un 20 e un 25 % dos contratos que son eventuais», afirma.

Pedro Velasco non teme perder o seu emprego, pero recoñece que sinte incertidume, ao igual que os seus compañeiros, pola situación xerada a partir do ERTE. «Entendemos que a produción non se vai a recuperar ao mesmo ritmo que levaba e pode que sexa necesario botar man doutro tipo de expediente que non sexa por causa de forza maior», explica o traballador de automoción. Engade que «na empresa dinnos que o ERTE xa está aprobado. Confiando en que iso sexa así, coa saturación que hai na Administración, non contamos con ter ingresos ata o 10 de maio. Non sabemos cando imos cobrar no paro, e tampouco cando volveremos traballar», asegura.

«Mi jefe sabía que estaba de baja y me dijo por wasap que me despedía»

David García

Luis Antonio Rodríguez López llevaba dos años y siete meses trabajando en una empresa de reparto de paquetería hasta que el pasado día 21 le comunicaron que se iba al paro, justo dos días después de que su médico le diese una baja.

«Mi jefe sabía que estaba de baja y me dijo por wasap que me despedía y me mandó una foto con la cantidad del finiquito», explica Luis Antonio, de 46 años, quien añade que trató, sin éxito, de ponerse en contacto con el que era su superior para mostrarle su desacuerdo con lo que le trasladó. «No me coge el teléfono, le mandé mensajes y tampoco», indica.

Explica que en su caso ha trabajado los últimos años y buena parte de su trayectoria profesional en el sector del reparto de paquetería y otros elementos, aunque antes también tuvo experiencias en ámbitos como la albañilería o el montaje de ascensores.

La empresa en la que trabajaba lo despidió, pero también se estudiaron otras opciones. «Mi jefe me dijo de hacerme un ERTE, le expliqué que no sabía bien lo que era y luego ya me llamó diciéndome que no me podía hacer un ERTE porque la empresa seguía produciendo», afirma Luis Antonio. Este coruñés se enfrenta ahora a una situación difícil, con tres hijos a su cargo.

«Llevo toda la vida trabajando y esto me estropea la pensión»

Rubén Nóvoa

Luisa -nombre ficiticio porque prefiere no desvelar su identidad-, llevaba una década limpiando las aulas de un colegio privado en el área metropolitana de Ourense. Tras pasar por varias empresas, en el último año el servicio pasó a manos de un grupo potente del sector con presencia en Galicia. Ella tenía un contrato fijo discontinuo, que suponía su mayor ingreso, toda vez que trabajaba también para otras empresas como limpiadora. Cuando se decretó el estado de alarma y se cerraron las aulas, la mujer, ourensana de 58 años de edad, pensó que su empresa la enviaría a un ERTE hasta que se reanudara la actividad escolar. Sin embargo, hace unos días la sorpresa fue mayúscula cuando le llegó la nómina con la liquidación de las vacaciones y de los pluses de Navidad. «Me mandaron al paro directamente y sin avisar. No recibí ningún tipo de notificación más allá de la nómina», explica Luisa.

Para ella la decisión de la empresa supuso todo un mazazo, ya que el coronavirus también le ha golpeado familiarmente desde la vertiente sanitaria. «Tengo a mi nuera contagiada. Es profesora y mi hijo tiene que estar en cuarentena, con todo lo que eso supone a nivel emocional para mí. La verdad es que esto me llega en un mal momento y con la incertidumbre de qué sucederá en los otros lugares donde limpio», señala. Otra de las empresas para las que trabaja, del sector de la construcción, ya le comunicó que cogiera vacaciones hasta que pasara la Semana Santa, toda vez que el sector ha tenido que parar en seco con el incremento de las restricciones de las actividades laborales impuestas por el Gobierno: «Con 58 años, y después de toda una vida trabajando, esto me va a estropear la pensión por la cotización».

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