El parón de la construcción manda para casa a 76.000 gallegos

La industria pesada, al ralentí, salvo Alcoa o Ferroatlántica, que fabrican productos esenciales


La Voz

Dos de los pilares de la economía gallega, la construcción y la industria, están adormecidos para combatir el coronavirus. El primero más que el segundo, pues el real decreto ley que extiende desde el martes pasado las medidas de confinamiento a todas las actividades económicas no esenciales considera que las obras no lo son. Así que sus trabajadores (76.000, según la Consellería de Infraestruturas) se han tenido que ir para casa, con un permiso retribuido recuperable hasta después de Semana Santa.

Tras mantener un encuentro con la conselleira Ethel Vázquez, el presidente de la Federación Gallega de Construcción, Diego Vázquez Reino, reconoce que la repercusión económica del paro forzoso será importante, porque «nos coge intentando recuperarnos de la crisis» que se desató a partir del 2008. Y si la prohibición se extiende «no sé si podremos mantener tantos puestos de trabajo», avisa.

La paralización de obras públicas afecta a unas 80 impulsadas por la consellería, que suman una inversión de 240 millones. Pero también a todas las promociones privadas de viviendas, que no estarán acabadas en plazo si se mantienen las restricciones. ¿Habrá penalizaciones por esos retrasos? Vázquez Reino asegura que los plazos quedan en suspenso, pero admite que en los contratos privados habrá que renegociar el fin de obra, pero «entiendo que no habrá problemas a ese respecto».

Desde la consellería aclaran que los plazos de ejecución no quedan en suspenso porque los trabajadores están como de vacaciones y que a lo largo del año tendrán que recuperar el tiempo perdido estos días, aunque subrayan que «si es necesario se ampliará el plazo, pero habrá que evaluar obra a obra el nuevo programa de trabajos».

Un quiero y no puedo industrial

Salvo aquellas que decidieron hace días acogerse a expedientes de regulación temporales de empleo (ERTE), como PSA, porque no le llegaban suministros, la gran industria no está parada del todo. Tampoco la que no está considerada esencial, dado que puede mantener una «actividad mínima imprescindible», según subrayaron las ministras Nadia Calviño y Reyes Maroto. Así están las siderúrgicas (como Megasa o Celsa) y las electrointensivas. Porque ser o no imprescindible no depende de la cantidad de energía que consuman, sino de lo que fabriquen. Por ejemplo, Ferroatlántica es electrointensiva, pero está funcionando con normalidad. ¿Por qué? Porque elabora silicio metalúrgico, que se usa para el aluminio, prótesis, electrónica e incluso pasta de dientes... Lo mismo que Alcoa, cuyo aluminio usan farmacéuticas y alimentación.

Francisco Blanco, portavoz del comité de empresa de Ferroatlántica, precisa que no están al 100 % de la producción, pero porque una parte de la plantilla es personal de riesgo de contraer el coronavirus y está en casa. Así, están trabajando unos 70 de 120 operarios.

La ambigüedad del real decreto que extendía las medidas de confinamiento a la actividad industrias no imprescindible provocó un caos de aúpa en el sector, y negociones en la sombra de las empresas y de las comunidades (principalmente el País Vasco, Asturias y Galicia) con el Gobierno para salir favorecidos unas y otros. Finalmente, la ambigüedad se convirtió en flexibilidad y todas las industrias pueden funcionar, como mínimo, en estado de hibernación para preservar los equipos de posibles daños si se apagan del todo. 

La norma permite incluso mantener las actividades de importación y exportación de todo tipo de productos, bienes y materiales, «en la medida en que se configuran como clave del abastecimiento o del cumplimiento de compromisos de contratos internacionales».

Ferroatlántica y Alcoa funcionan con normalidad porque son esenciales para disponer de aluminio

La patronal siderúrgica Unesid (en la que están Celsa y Megasa) no se conforma y exige que el sector sea considerado esencial para funcionar normal. El Gobierno vasco estima que casi toda su industria (electrointensiva y siderúrgica) opera bajo mínimos. Por ejemplo, Tubacex ha decidido reanudar la actividad en sus plantas alavesas, aunque solo mantendrá la imprescindible.

La industria no esencial ya no tiene que parar del todo, pero casi

F. Fernández

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La ministra de Economía, Nadia Calviño, reconoce que «la industria electrointensiva no se puede parar». Y no tendrá que hacerlo, al menos, no del todo. Porque el Gobierno permite a estas industrias, que cuentan con hornos de fundición que no pueden apagarse del todo sin que sufran daños cuando se vuelvan a rearrancar, que sigan funcionando, aunque bajo mínimos, lo suficiente para que los equipos no se dañen. Calviño apeló al artículo cuatro del real decreto que extiende las medidas de confinamiento a las actividades económicas no esenciales. Dice así: las empresas que deban aplicar el permiso retribuido recuperable regulado en este artículo podrán, en caso de ser necesario, establecer el número mínimo de plantilla o los turnos de trabajo estrictamente imprescindibles con el fin de mantener la actividad indispensable. Esta actividad y este mínimo de plantilla o turnos tendrá como referencia la mantenida en un fin de semana ordinario o en festivos.

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