Todo para combatir el virus: la construcción se para y la industria funciona a medio gas

Las obras no son un servicio esencial y se frenan en seco, mientras que algunas fábricas aún no saben qué hacer

R. Novoa B. Couce
redacción / la voz

Toca aparcar el pico y la pala y colgar el buzo de trabajo. El sector de la construcción no es esencial al entender del Gobierno y, por tanto, debe parar ya, y sus trabajadores, acogerse a un permiso retribuido recuperable. Así lo ha tenido que hacer la principal constructora de la comunidad, Copasa, con una plantilla que supera el millar de trabajadores, lo que deja temporalmente en el aire obras tales como la construcción del enlace de la autovía Vigo-Benavente con el polígono de San Cibrao das Viñas (Ourense), el AVE o a la construcción del acceso ferroviario al puerto exterior de Ferrol.

Fuentes de la empresa ourensana explicaron que su temor es que la lucha contra la propagación del virus obligue a otros países a tomar medidas restrictivas similares, y que se paralicen obras de envergadura que están acometiendo, por ejemplo, en Uruguay, México, Estados Unidos o Colombia.

Megasa, Celsa o Gamesa en As Somozas suspenden su actividad En cambio, siguen trabajando 12.000 operarios en el mantenimiento y conservación de las carreteras españolas. La Asociación de Empresas de Conservación y Explotación de Infraestructuras, ACEX, explica que están considerados servicios imprescindibles que atienden una infraestructura crítica (las carreteras).

El real decreto que obliga a parar toda actividad que no sea considerada esencial afecta también, y de forma importante, a la industria gallega. Aunque la norma es tan ambigua que ha provocado una confusión monumental, sobre todo en el seno del sector electrointensivo, o sea, aquel en el que sus procesos productivos consumen cantidades ingentes de energía eléctrica. Es el caso de Alcoa, Ferroatlántica, Celsa o Megasa. Se trata de fábricas en las que, técnicamente, resulta imposible apretar el botón de apagado de máquinas de un día para otro sin que se genere una situación de no retorno en los equipos. Si un horno de fabricación de aluminio o de ferroaleaciones se para de forma radical, no se puede volver a rearrancar, queda inservible.

Aunque en un principio parecían quedar a salvo de las nuevas restricciones de movilidad, finalmente están en una especie de limbo. Víctor Ledo, responsable de la sección de Industria de CC.OO., avanzó que sindicatos y patronal del sector han pedido al Gobierno que permita al menos funcionar a estas industrias con una actividad mínima indispensable para preservar los equipos. Y apelan, para ello, al capítulo cuarto del real decreto del domingo por la noche, que dice así: «Las empresas que deban aplicar el permiso retribuido recuperable regulado en este artículo podrán, en caso de ser necesario, establecer el número mínimo de plantilla o los turnos de trabajo estrictamente imprescindibles con el fin de mantener la actividad indispensable. Esta actividad y este mínimo de plantilla o turnos tendrá como referencia la mantenida en un fin de semana ordinario o en festivos».

Pese a esto, la fábrica de acero corrugado de Megasa (Narón), con 130 trabajadores, y la de hierro y alambrón para la construcción de Celsa (A Laracha), con 150, han decidido parar ya. El presidente del comité de Megasa, Carlos Bascoy, explica que el horno de fundición se puede apagar sin problemas (así se ha hecho ya) y que el de laminación queda activo a una temperatura mínima y controlado por un retén que vigila que sigue así estas semanas.

En cambio, Ferroatlántica ha ordenado a los 120 empleados de su fábrica de Sabón (Arteixo) que sigan acudiendo a trabajar.

La Asociación Española de Cogeneración (Acogen) calcula que entre un 50 y un 80 % de las plantas mantendrán su actividad de generación de electricidad prestando servicio a las industrias que no se ven afectadas por la paralización (alimentación, papel, química, residuos, aguas, refino o suministro eléctrico).

El panorama por localidades

En Ferrol, Navantia, que había restringido su actividad al teletrabajo y a las tareas consideradas esenciales, únicamente operará hasta el 9 de abril dando servicio a las reparaciones de los buques militares. Aunque inicialmente no estaba claro si la empresa pública quedaría exenta de las nuevas restricciones, por tratarse de una compañía ligada al Ministerio de Defensa, finalmente se han establecido esas limitaciones. Además, Siemens Gamesa comunicó a sus trabajadores de As Somozas (alrededor de 300) que paraba la producción de palas eólicas. Mantiene activa la planta de Sigüeiro (Oroso) para llevar a cabo el mantenimiento de los parques.

En el área industrial del Tambre, en Santiago, con unos 7.500 trabajadores, la actividad no supera el 5 % de las 450 empresas instaladas. Entre las grandes industrias, Finsa ya cesó su actividad la semana pasada y la aluminera Cortizo, de Padrón, solo abrió este lunes por la mañana para recibir a los trabajadores que pararon las máquinas.

Los polígonos industriales de Ourense están bajo mínimos, después del parón de los últimos quince días en automoción y sus auxiliares. El sector pizarrero está parado desde hace días y ha mandado de vacaciones a sus trabajadores, 2.400 personas.

Mientras, las principales empresas de Barbanza pertenecen al ámbito de la alimentación, conserveras, de elaboración de productos del mar o distribución de pescado. Todas ellas están funcionando, y a un ritmo más elevado que el habitual. Esta circunstancia motiva que las nuevas restricciones hayan tenido un impacto reducido, dado que continúan también en activo muchas firmas auxiliares que proporcionan servicios a estas industrias, tanto aportando material como haciendo reparaciones. El paro afecta básicamente a la construcción, que ya funcionaba a medio gas por la falta de suministros.

En Deza y Tabeirós-Terra de Montes, algunas firmas importantes como Martínez Otero, dedicada a la fabricación de muebles, anunció un ERTE para 360 trabajadores, mientras compañías de Lalín dedicadas a la construcción y la obra pública como Taboada y Ramos, además de Galitec, también sopesan adoptar esta medida. En Silleda permanecen abiertas solo un par de compañías de las más de cincuenta asentadas en su polígono, una de ellas, Arlit, se dedica desde hace más de una semana a fabricar mascarillas de protección.

Apenas un 7 % de las empresas del polígono de Carballo, en el que hay 220, mantienen su actividad por prestar servicios esenciales. A pesar de eso, los responsables del parque empresarial mantendrán los servicios. También se han detenido todas las obras.

Los bancos, al pie del cañón

Los bancos son servicios esenciales para la población. Esto no ha cambiado. Aunque hay entidades que operan con toda su red y otras que cerraron un número pequeño de oficinas, pero, en todo caso, se mantiene el mismo servicio que había desde que se decretó el estado de alarma. El personal también es el mismo, aunque se turnan para atender en ventanilla. Fuentes del sector explicaron que, con toda la carga de trabajo que tienen (moratoria de hipotecas, créditos a las empresas, entre otros) no pueden dejar de dar servicio. En este sentido, el Colegio de Registradores de España ha puesto en marcha un sistema telemático, rápido y sencillo para facilitar a los usuarios la nota registral de índices, que es un requisito imprescindible para solicitar al banco el aplazamiento del pago del préstamo hipotecario si con él se financió la adquisición de la vivienda habitual.

Las estaciones de servicio también son esenciales y están abiertas al público. Aunque la federación gallega pide que se establezcan servicios mínimos ante el fuerte desplome de las ventas, que cifra en un 90 % desde la declaración del estado de alarma. También ha solicitado a la Xunta equipos de protección para los empleados y la desinfección de las instalaciones.

Una larga lista de excepciones suaviza el cerrojazo

ana balseiro

Las empresas que no hayan podido cerrar de inmediato disponen del día de hoy para paralizar su actividad

La economía del país entra hoy en estado de «hibernación». Eso en palabras del Gobierno. Porque lo cierto es que el temido cerrojazo no lo es tanto. Una larga lista de excepciones lo suaviza. Y se «hiberna» para redoblar la lucha contra la pandemia y acelerar el cambio de tendencia de la curva de infectados —el objetivo último es aliviar la presión sobre las ucis y evitar el colapso—. Con ese objetivo se aprobó ayer en un Consejo de Ministros extraordinario el giro de timón que la víspera anunció Pedro Sánchez: que hasta el 9 de abril los trabajadores de las empresas que no presten servicios esenciales tendrán que quedarse en casa. La fórmula para ello es un «permiso retribuido recuperable» para reducir al máximo la movilidad ciudadana, en concreto un 85 %, como si los días laborables fueran fines de semana.

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