De votar contra el parón a implantarlo en solo 48 horas

Las presiones, internas y externas, y las cifras de la pandemia provocaron el giro del Ejecutivo


Madrid / La Voz

El pasado miércoles, día en el que Sánchez obtuvo el visto bueno del Congreso para ampliar el estado de alarma, las dos formaciones que sostienen al Gobierno se pronunciaron en contra de las enmiendas a su texto presentadas por otros partidos, como por ejemplo la del BNG, en la que se pedía la «paralización de toda actividad laboral no esencial». El presidente del Ejecutivo justificó su rechazo desde la tribuna de oradores mostrando su plena confianza en que las medidas aplicadas hasta la fecha eran las adecuadas. A su vez, advirtió de los peligros de someter al país a un parón económico mayor.

El freno total también lo venían reclamando con insistencia algunas comunidades autónomas. A la cabeza de todas, Murcia, que a través de su presidente, el popular Fernando López Miras, amenazó con decretar el apagón total dentro de sus dominios, lo que le costó una reprimenda de la Moncloa.

El mismo viernes, la ministra de Hacienda y portavoz de Gobierno, así como el resto de los integrantes del Ejecutivo, trasladaban en todas sus intervenciones públicas y en las consultas privadas que no descartaban la paralización de toda la actividad «económica no esencial», pero haciendo siempre hincapié en que las medidas de aislamiento aplicadas desde el pasado 15 de marzo pronto empezarían a dar su fruto. Incluso así se lo trasladaron desde la Moncloa directamente al PNV, uno de sus grandes socios parlamentarios sin el que Sánchez no hubiese alcanzado el Gobierno, con el consecuente enfado de los nacionalistas. ¿Qué cambió en tan solo unas horas para que finalmente se decantase por lo contrario?

La versión oficial es que, debido a la proximidad de la Semana Santa, se llegó a la conclusión de que el perjuicio económico no sería tan acusado como se podía contar a primera vista, y que era el mejor momento para endurecer al máximo el confinamiento.

 Pero las fuentes consultadas apuntan a que en este cambio de rumbo tan repentino han intervenido varios factores. Uno de ellos, quizás el más importante, las cifras elevadas desde el Ministerio de Sanidad a la presidencia. El número de muertos no remite (ayer se oficializó un nuevo récord, con 838 fallecidos en 24 horas), y las previsiones tampoco son muy positivas. Y las presiones finalmente también hicieron mella. A las de la oposición y buena parte de fuerzas aliadas, con críticas a la gestión del Gobierno por su tardanza en responder a la crisis, se unieron las internas, especialmente las ejercidas por Iglesias, que volvió a imponer su tesis sobre la de Calviño.

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