La Xunta rompe una lanza por el carbón como garante del suministro eléctrico

f. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

ECONOMÍA

CÉSAR TOIMIL

Alega al plan nacional de energía y clima que la central de As Pontes debe continuar hasta el 2030, aunque sea quemando una mezcla con biocombustibles

31 mar 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La lucha titánica contra el coronavirus ha dejado en barbecho la tramitación del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), una especie de hoja de ruta para alcanzar el paraíso terrenal con la descarbonización de la economía, aunque no total, a lo largo de nueve años, entre el 2021 y el 2030. El Ministerio para la Transición Ecológica abrió un período de información pública del estudio ambiental del segundo borrador (que incluye recomendaciones de la Comisión Europea) del PNEIC, que debía finalizar el 25 de marzo, o sea, el miércoles pasado. Sin embargo, «la fecha de fin de la presente consulta pública se suspende» tras la declaración del estado de alarma, explica el ministerio.

Pero la Consellería de Industria ha remitido ya sus alegaciones al documento. Este marca unos objetivos de desarrollo progresivo de nueva potencia renovable, consagra la desaparición de las centrales de carbón y solo se permite la licencia de preservar las de ciclo combinado (gas natural) como único vestigio, dentro de diez años, de los combustibles fósiles y, por tanto, contaminantes, en aras de la seguridad de suministro. Concretamente, prevé para el 2030 una potencia eléctrica de 161 gigavatios (frente a los 105 actuales). De ellos, 50 serán de eólica (casi dos veces más que ahora y que incluye la marina); 39 de solar fotovoltaica (se multiplicaría por cinco); 27 de ciclos combinados (los mismos que ahora); 15 de hidráulica (sin apenas variación); y tres de nuclear (un 60 % menos).

Con este plan, el sector eléctrico contaminará un 72 % menos que en el 2017, según la previsión del PNEIC.

Bien, pues la Xunta destaca la necesidad de descarbonizar la economía, el avance de las energías renovables y la eficiencia energética, pero «siempre y cuando no pongan en riesgo la seguridad energética ni comprometan la competitividad de los diversos sistemas productivos».

Fundamentalmente, la Administración autonómica no está muy de acuerdo con el recorte que experimenta la cogeneración, de un 30 % entre el 2020 y el 2030. La Xunta recuerda que esa tecnología -con plantas de gas, gasoil y fuel- «está asociada a la industria calorintensiva y que la ayuda a ser más competitiva, reduciendo los costes energéticos, las emisiones y las pérdidas eléctricas del sistema al acercar la generación a la demanda».

Es necesario seguir manteniendo un parque de generación de electricidad diversificado que garantice la seguridad del suministro y en el que todas las energías estén presentes de manera equilibrada

El fin del carbón tampoco es la panacea para la Xunta, sobre todo por el impacto económico que tendrá para las comarcas afectadas, As Pontes y Cerceda. La Consellería de Industria considera que el Gobierno «debe abrir una ventana de oportunidad para que alguna de las centrales térmicas de carbón que han realizado las inversiones necesarias para adaptarse a las exigencias de la directiva de emisiones industriales para reducir sus emisiones puedan seguir operando en la modalidad de cocombustión». Se refiere a la planta de Endesa en As Pontes. La Xunta defiende su continuidad aunque sea sustituyendo el mineral por mezclas de biocombustibles autóctonos y carbón o incluso biocombustibles y gas, con emisiones «similares en el caso del carbón o incluso muy inferiores en el del gas, a las de los ciclos combinados y más competitivas en costes».

Industria reflexiona que «es necesario seguir manteniendo un parque de generación de electricidad diversificado que garantice la seguridad del suministro y en el que todas las energías estén presentes de manera equilibrada». Y es que, añade, «el cierre definitivo del carbón implicaría sustituir su producción por las actuales centrales de ciclo combinado, que tienen costes energéticos más altos, por lo que el precio del gas sería mucho más determinante para la fijación del precio de la electricidad, al tiempo que trasladaría la vulnerabilidad del sistema gasista al eléctrico, tanto ante posibles subidas de precios o, en casos extremos, de falta de suministro de gas».