El acopio de material llega a los ataúdes y dispara los encargos en las fábricas gallegas

La demanda desde Latinoamérica y el descenso en la importación, elevan los pedidos en Galicia


ourense / la voz

Al mismo tiempo que la industria se va apagando en muchos sectores, arrastrada por la falta de demanda debido a la crisis mundial del COVID-19, hay otros donde el trabajo no solo se mantiene, sino que se multiplica en los últimos días. Es el caso de las empresas que se dedican a la fabricación de ataúdes. En Galicia no faltan ejemplos. En Ourense, el municipio de Piñor concentra la mayoría de las fábricas de la provincia. Con una población que apenas supera el millar de habitantes, se contabilizan al menos cinco empresas que estos días no dan abasto para producir ataúdes ante el aumento de la demanda. La que cuenta con un mayor volumen de negocio es Ataúdes Gallego. Con más de cuatro décadas de experiencia en el sector, desde la empresa aseguran que no recordaban un escenario similar. «Se han incrementado mucho los pedidos. Hay mucha inquietud», explica Víctor Gallego, gerente de esta empresa familiar.

Al margen del motivo obvio del incremento de fallecimientos por la pandemia del coronavirus, que golpea con fuerza España, hay otros dos factores que están a punto de colapsar la fabricación de ataúdes en el mercado gallego. El primero está fuera de nuestras fronteras y tiene que ver con la caída radical de la importación de ataúdes desde China, debido a las dificultades en las fronteras y a que el país asiático fue el primero en sufrir los efectos del COVID-19. No es un dato menor, ya que casi la mitad de los que se venden en España llegan desde este mercado. «Non entra produción de fóra e iso provoca que non demos feito. A maioría somos empresas pequenas con seis ou sete empregados e estamos vendo como se nos dobra ou triplican os pedidos», indica Adolfo Pousa, que está al frente de otra de las fábricas de Piñor.

El segundo motivo que está provocando un incremento vertiginoso en el número de encargos tiene que ver con el mercado latinoamericano. Ataúdes Gallego es la principal exportadora a nivel nacional y constata una preocupación «creciente» en los clientes de países como Chile, Perú o México. «La gente quiere hacer con acopio de material por lo que pueda pasar en un futuro. Se han incremento, y mucho, los pedidos que nos llegan desde mercados internacionales», indica Víctor Gallego.

Aunque el sector ve un repunte evidente en la demanda, debido a la pandemia, los profesionales confían en que la situación regrese pronto a la normalidad. «Esto non pode traer nada bo para ninguén. Confiemos en que todo quede como estaba e que todo se acabe o antes posible», señala Adolfo Pousa.

Y es que más allá del componente empresarial, los fabricantes de ataúdes de la provincia de Ourense viven con angustia las noticias relacionadas con el coronavirus. «Estamos en una población rural y siempre piensas que hay menos posibilidades de que lleguen los contagios, pero la gente tiene miedo e inquietud», señala el gerente de Ataúdes Gallego.

La industria gallega se prepara para afrontar una «economía de guerra»

cristina porteiro

Más de 30 empresas se ofrecen para fabricar equipos y material sanitario urgente

«Estamos en guerra contra el coronavirus». Cuando Pedro Sánchez pronunció estas palabras, los sanitarios gallegos ya llevaban días librando una extenuante batalla contra el virus y contra el tiempo. Con cada jornada que pasa, el material con el que se defienden va menguando. Mascarillas, batas o botas protectoras son algunos de los artículos que empiezan a escasear en los hospitales cuando todavía no hemos alcanzado el pico más crítico de la crisis.

La contienda se libra tras sus puertas. Fuera de ellas, las fábricas han apagado los motores, no hay bullicio por las calles porque los comercios y bares están cerrados. Galicia vive en una tensa espera la llegada de stocks. A pesar de las donaciones, como el medio millón de mascarillas procedentes de China en un Airbus 400-M o las 300.000 de Inditex, no serán suficientes para la magnitud de la crisis en todo el estado. Por eso algunas comunidades han empezado a desplegar sus propios planes para reorientar a la industria hacia una economía de guerra, cambiando la munición y los tanques por las máscaras protectoras y los respiradores, lo más urgente. También Galicia.

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