La CNMV: «Pescanova se hizo un modelo de contabilidad a la carta en contra de la normativa»

Desvela que la investigación interna fue idea suya, no de Sousa


madrid / la voz

«Pescanova se hizo un modelo de contabilidad a la carta». Así lo sostuvieron este lunes en la Audiencia Nacional Ángel Benito y Paulino García, respectivamente director general de Mercados y responsable del departamento de Informes Financieros y Corporativos de la CNMV en el 2013, cuando estalló la burbuja de las cuentas supuestamente falseadas de la pesquera.

Ambos cargos del supervisor, que comparecieron como testigos ante el tribunal que juzga a la excúpula de la empresa, relataron a preguntas del fiscal que las fórmulas empleadas por Pescanova para ocultar su deuda real contravenían la normativa contable internacional y española. Y es que los «neteos» con los que el grupo maquillaba su pasivo o el uso de sociedades instrumentales no consolidadas, que eran algunas de las prácticas usadas, están «taxativamente prohibidas» por la normativa, al igual que reconocer en el balance el valor de mercado de la marca, algo únicamente permitido cuando la sociedad va a liquidarse, que no era el caso de Pescanova.

Detallaron cómo la CNMV le requirió repetidamente a la empresa que aclarase cuál era su situación financiera -especialmente la deuda bruta y cuándo se había generado- desde el momento en que comunicó que no presentaba las cuentas del 2012 y que se acogía al preconcurso.

Los requerimientos de información se produjeron formalmente el 1 y el 12 de marzo y, de nuevo, el 5 de abril del 2013, además de mantener conversaciones telefónicas y reuniones con el expresidente, Manuel Fernández de Sousa, y con los responsables de administración y auditoría interna, Alfredo López Uroz y Joaquín Viña. Las respuestas eran siempre «insuficientes», «incompletas» e incluso «ininteligibles», lo que hizo que el 5 de abril la CNMV amenazara con sanciones.

«En una situación tan crítica como la de Pescanova en aquel momento, lo que pedíamos era luz y taquígrafos: cuéntemelo usted todo. Y no lo hicieron», resumió García, recordando cómo el pasivo del grupo iba variando en cada nuevo envío de información, hasta acabar en los 3.600 millones totales (2.000 más sobre los iniciales) que afloró la auditoría forense realizada por KPMG.

«Nos sonaba a chino»

Apuntó también que el 12 de marzo, el mismo día en el que la empresa comunicó en un hecho relevante que habían detectado «discrepancias» entre su contabilidad y la deuda bancaria real, Fernández de Sousa se lo confirmó telefónicamente a él y a su superior, Ángel de Benito, hablándoles por primera vez de que usaban créditos documentarios. «A nosotros nos sonó a chino. Luego el forensic expuso con claridad esas operaciones triangulares que acababan traspasando dinero a Pescanova», apostilló.

Además de insistir en que las cuentas «no eran las correctas» y que la empresa no había tenido «una actitud muy colaboradora» con la CNMV para aclararlas -de hecho, uno de los ocho delitos que le imputan al presidente es el de impedimento de la actuación del organismo supervisor-, tanto Benito como García desvelaron que había sido la CNMV quién había planteado a Fernández de Sousa que contratara una auditoría forense para esclarecer la situación real, en contra de la versión del expresidente, que siempre sostuvo que había sido decisión suya. De hecho, Benito recordó que, después de calificarlo de «idea extraordinaria», Sousa no daba muestras de querer contratarla, por lo que le instaron a ello por escrito en abril.

Sobre el papel del auditor externo, BDO, en el maquillaje contable y si, como sostienen la cúpula, era conocedora de ello y lo consintió, los supervisores señalaron que «surgieron dudas» sobre su trabajo, por lo que lo trasladaron al Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), que es el competente.

Ayer también declararon otros cinco testigos, representantes de empresas que fueron clientes de Pescanova. Todos aseguraron que les imputaron facturas falsas para lograr financiación bancaria. «Un error informático», fue la explicación de la empresa.

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«La contabilidad es un chicle». La frase, con la que el expresidente del BBVA, Francisco González -hoy en horas bajas, imputado por el caso Villarejo-, explicó el fabuloso agujero oculto en las cuentas de Bankia, resume también la quiebra de Pescanova y cómo fue posible que un gigante pesquero (entonces el cuarto del mundo) y, en apariencia, todo un ejemplo de gestión, colapsara de la noche a la mañana en el 2013. En un insólito golpe de timón, las cuentas de esta cotizada (sometida, por tanto, al control de la CNMV) pasaron de recoger 36 millones de beneficios y registrar poco más de 1.000 millones de pasivo en el 2012, a aflorar unas pérdidas de casi 800 y 3.600 millones de deuda, que provocaron el mayor concurso empresarial (no inmobiliario) de la historia de España.

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