Sánchez tirará de impuestos y de deuda para costear el alza del gasto que planea

Ana Balseiro
ana balseiro MADRID / LA VOZ

ECONOMÍA

Eduardo Parra | Europa Press

Con una previsión de crecimiento inferior, se complica cumplir a la vez con Bruselas y con los pactos políticos

17 feb 2020 . Actualizado a las 08:35 h.

La maquinaria de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) está en marcha. A falta de que en las próximas semanas se concreten los números, la aprobación por el Consejo de Ministros del cuadro macroeconómico y de la nueva senda de estabilidad presupuestaria hasta el 2023 deja clara la intención del Ejecutivo: una política expansiva de gasto -a la que le obligan los compromisos de un Gobierno de coalición- y, a la vez, convencer a Bruselas de su compromiso con la disciplina presupuestaria, eso sí, suavizándola al máximo.

Casar ambos objetivos es tan difícil como inexistente la posibilidad de soplar y sorber a la vez, especialmente en un contexto de desaceleración económica y con los riesgos del escenario global, del brexit a las alertas sanitarias.

Desde que llegó a la Moncloa, Sánchez ha elevado el objetivo de déficit en tres ocasiones Cabe recordar que desde su llegada a la Moncloa y sin aprobar ningún Presupuesto, Pedro Sánchez ha elevado en tres ocasiones el objetivo de déficit que el Gobierno de Rajoy pactó con Bruselas para este año (el 0,5 % del PIB), y acaba de renunciar a alcanzar el equilibrio en esta legislatura. Aunque aún debe pronunciarse Bruselas, el Ejecutivo ha fijado el desfase de las cuentas públicas en el 1,8 % este año y habrá que esperar al 2023 para que baje del 1 %. Ignora, así, la exigencia de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, aprobada a instancias de Cristóbal Montoro en el 2012 precisamente para no repetir el desastre que desembocó en el rescate. La norma impone el déficit cero desde este ejercicio y, de no lograrse, exige rebajar el desequilibrio estructural (el que no depende del ciclo económico) un 0,8 % del PIB anualmente, es decir, unos 10.000 millones.

Aunque Hacienda aún guarda silencio sobre el alcance del gasto que proyecta, los cálculos más extremos lo sitúan en 35.000 millones. La CEOE, por su parte, cuantificó en unos 18.000 (un 1,5 % del PIB) el coste de las medidas recogidas en el acuerdo programático del PSOE y Podemos, entre ellas, las relativas a pensiones, sanidad o educación.

El gasto sube el doble que el PIB

El techo de gasto recién aprobado para los PGE del 2020 se ha incrementado un 3,8 %, casi 5.000 millones, sobre las fallidas cuentas del 2019, mientras que la previsión es que el PIB avance un 1,6 %, cuatro décimas menos que el año pasado, ralentizando de paso la creación de empleo. ¿Cómo costear, entonces, un gasto que crece el doble de lo que se espera que lo haga la economía? «No va a ser fácil», pronostica Valentín Pich, presidente del Consejo General de Economistas.

Las únicas vías para financiarlo pasan por incrementar la recaudación -es decir, nuevos impuestos y subidas de los existentes- y por emitir más deuda pública (la previsión para este año es cerrar en el 94,6 % del PIB y estar en el 89,8 % en el 2023).

Chaparrón de impuestos

En lo que respecta a la vertiente fiscal, PSOE y Podemos ya habían pactado para las frustradas cuentas del pasado ejercicio subidas y nuevas figuras tributarias por un importe cercano a los 6.000 millones. De los cambios en Sociedades, el impuesto que grava los beneficios de las empresas, saldrá el 70 % de la recaudación total: 3.826 millones. Se suman también las tasas Tobin y Google, con 850 y 1.200 millones, y otros 828 esperados provinientes de las medidas de lucha contra el fraude.

Tampoco la ciudadanía escapa, ya que aunque la ministra de Hacienda asegura que las medidas no afectarán a la clase trabajadora, la subida prevista para el diésel (3,8 céntimos por litro, 670 millones de caja estimada) la golpeará de lleno. No así el alza anunciada en el IRPF (hasta cuatro puntos para las rentas más altas y los ahorros superiores a 140.000 euros), que dejará otros 328 millones adicionales en las arcas públicas. En cualquier caso, el fisco ha dejado abierta la puerta a nuevas figuras tributarias.