Iberdrola saborea el bum hidráulico luso y analiza modernizar una central del Sil

En Portugal construye tres plantas mientras estudia reformas en la gallega de Soutelo para almacenar agua

«¿Por aquí? No hay gota de paro». El gallego Restituto González trabaja desde el 2018 en el municipio luso de Ribeira de Pena, a solo 80 kilómetros de Verín, y a esa zona se refiere cuando explica que a nadie le falta el trabajo. Porque ese es el epicentro de las obras de construcción de tres centrales hidráulicas que llevan la firma de Iberdrola. La eléctrica española está invirtiendo 1.500 millones de euros en el complejo del Alto Támega, en el que ahora están trabajando 1.800 operarios (400 son vecinos de los seis concellos afectados), fichados por 120 empresas, de las cuales, 75 son portuguesas. Restituto está en Ribeira de Pena porque es el director de proyecto del montaje electromecánico de dos de esas centrales, una tarea que Iberdrola ha dejado en manos de la empresa gallega Milsa, que ya le suele llevar el mantenimiento de sus hidráulicas gallegas. Milsa está en una UTE con la asturiana Imasa y la lusa SMM.

La construcción de este complejo en el norte del país vecino (que inundará mil hectáreas de superficie, con medio centenar de casas) suena como a quimera en España, donde casi es impensable que los ríos vuelvan a ser domados por presas de nueva construcción. Pero el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, avanzó que, pese a eso, la compañía tiene en mente otros proyectos para modificar algunas de las plantas existentes y convertirlas en reversibles. Entre ellas, la gallega de Soutelo, en el Sil. Reversible quiere decir hacerla de bombeo. Es decir, que sea capaz de impulsar el agua hacia un depósito para almacenarla y soltarla hacia las turbinas cuando fuese preciso. Sería como una gran batería de energía. Precisamente como la del Alto Támega, aunque no tan grande.

La española tiene un idilio con el país vecino, en el que invertirá casi 2.000 millones Una de las tres nuevas presas lusas será precisamente de bombeo (la de Gouvaes), que estará entre la mayores de Europa, aunque superada por la de La Muela (Valencia), también de Iberdrola. Estas centrales reversibles permiten gestionar el recurso hidráulico en todo momento, llueva o no llueva. Por eso también pueden convertirse en la gran máquina de hacer dinero, porque sus gestores pueden permitirse el lujo de ofertar la electricidad en mercado cuando calculen que puedan obtener mayor beneficio. También imprime una seguridad de suministro al sistema eléctrico solo comparable a la que ofrecen los ciclos de gas.

La del Alto Támega podrá guardar agua suficiente con la que luego podría dar suministro eléctrico a una población de dos millones de hogares (Galicia, vaya).

El complejo sumará casi 1.200 megavatios de capacidad de generación, casi tantos como la central de carbón de As Pontes, condenada al cierre como las demás. El primer ministro luso, Antonio Costa, que visitó las obras en compañía de Galán, avanzó que el país vecino también dará la puntilla a sus dos térmicas y que la última de ellas se clausurará en el 2023, justo cuando está previsto que empiece a verter energía a la red el complejo hidráulico del Alto Támega.

El complejo del Alto Támega tendrá casi tanta potencia como la central de As Pontes La relación de Iberdrola con Portugal es todo un idilio, pues además de invertir estos 1.500 millones en hidráulica, la compañía tiene previsto dedicar 200 millones más a parques eólicos y otros 100 a solares fotovoltaicos. Para España, la empresa tiene reservados algo más de 4.000 millones destinados a ampliar su parque renovable. Galicia, de momento, no se comerá ningún trozo de esa tarta.

Galán: «En 20 años no habíamos tenido un plan energético a largo plazo, ahora sí»

Bajo una lluvia constante y en un paisaje que recordaba a los cañones del Sil, el presidente de Iberdrola actuó como anfitrión del primer ministro luso en las obras que están cambiando el paisaje de una de las zonas más boscosas del país vecino. A la visita acudieron personalidades políticas como el ministro de Acción Climática, Joao Pedro Matos.

Galán lanzó flores a Costa por su firme apuesta por las renovables y, sobre todo, por la estabilidad y la tranquilidad que ofrece el país a los inversores, como Iberdrola. Gracias a eso, «puede estar seguro -dijo Galán dirigiéndose a Costa- de que vamos a seguir promoviendo la transición energética en este país».

¿Y España? Tras las duras críticas lanzadas por Galán en el 2013 a la inestabilidad regulatoria -que vino precedida por unos años de parón inversor-, el presidente de Iberdrola parece haberse reconciliado con las autoridades políticas de su país. Especialmente gracias a la ministra Teresa Ribera. «Ha habido un cambio muy importante en los últimos meses, llevo 20 años en el sector eléctrico y no había tenido un plan energético a largo plazo, ahora sí, y el modelo no dista mucho del portugués, se irán cerrando progresivamente todas las fuentes emisoras y habrá decenas de miles de megavatios nuevos renovables que sustituirán al carbón», subrayó Sánchez Galán.

Aunque tampoco fue rotundo a la hora de certificar que en España sí tenía garantizada esa estabilidad regulatoria: «Eso lo diré dentro de unos años, pero hay una línea muy clara, es un plan ambicioso y racional, sólido y bien hecho».

Verde que te quiero verde

F. Fernández

El plan nacional de energía y clima prevé una España 100 % renovable en el 2050. Pero seguirán siendo precisas las centrales de gas para cuando deje de llover o de hacer viento

Plan nacional integrado de energía y clima (PNIEC). Es el nombre del documento elaborado por el actual Ministerio para la Transición Ecológica que revolucionará el sistema de generación eléctrica: en el 2050 será 100 % renovable. Pero, ¿es esto posible o solo es ciencia ficción? Para esa fecha quedan aún 31 años y en tanto tiempo se pueden tomar miles de decisiones. Pero el escenario diseñado a medio plazo es el que es y tiene color verde. Hasta alcanzar esa meta final, el ministerio ha puesto etapas intermedias en el 2030. Para entonces habrán cerrado buena parte de las centrales nucleares, casi todas las de carbón, menos cinco, y la electricidad que consuman entonces los españoles será básicamente eólica y fotovoltaica. Para ello se marcan unos ambiciosos objetivos para incrementar de forma paulatina la potencia instalada de ambas tecnologías, como se puede comprobar en el gráfico que acompaña a esta información. Pero por mucha renovable que se instale, el sistema seguirá precisando energía de origen térmico. Las centrales de ciclo combinado desempeñarán un papel protagonista como tecnología de respaldo. Si las eólicas fallan -por falta de recurso-, ahí estarán las plantas de gas natural para garantizar el suministro eléctrico.

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