Lo que se paga por la luz no es solo luz

El 44 % de lo que abona una industria en su factura eléctrica es coste de la energía; en el recibo de las familias, en torno a un tercio; el resto son cargas e impuestos

Planta de Ferroatlántica en Cee, perteneciente desde el verano a un fondo estadounidense, considerada electrointensiva
Planta de Ferroatlántica en Cee, perteneciente desde el verano a un fondo estadounidense, considerada electrointensiva

redacción / la voz

La factura de la luz que pagan las industrias se parece algo a la que reciben los consumidores domésticos. Para empezar, porque en el sector empresarial no hay mercado regulado que valga, es decir, las condiciones del contrato con la comercializadora las pactan directamente con ella el cliente. El Gobierno no interviene en eso, pero sí en otras cosas. Como los peajes o costes del sistema, que abonan en la factura tanto industrias como particulares. Ser, son los mismos, o muy parecidos aunque pesan de forma diferente en el precio final.

Así, de lo que paga un hogar en luz al mes, aproximadamente un tercio es estrictamente el coste de la electricidad en mercado. El resto son peajes -que están repartidos tanto en el término de energía como en el de potencia, los dos conceptos principales del recibo eléctrico- e impuestos (21 % IVA más el 5 % del especial de electricidad).

Para una industria que devore kilovatios hora, como son las llamadas electrointensivas, el reparto es diferente. El precio de la energía pesa más que en el caso anterior, un 44 %, mientras que el resto son los peajes e impuestos, según datos facilitados por la asesoría vasca Grupo Ase, especializada en el sector industrial. Juan Antonio Martínez, analista de esa compañía, explica que el motivo de que el reparto sea diferente es de lo más simple: «Una industria es más intensiva en consumo y más eficiente que un consumidor doméstico». Es decir, la energía pesa más porque consume más. Pero, además de por ese factor que cae de cajón, la factura eléctrica de la industria tiene una diferencia fundamental con la doméstica. Están exentos de pagar el 85 % del impuesto de electricidad aquellos procesos productivos en los que el coste de la electricidad supere el 50 % de los gastos totales de producción. Es el caso de las industrias electrointensivas, como Alcoa.

Un informe encargado por la patronal de ese sector, elaborado por Deloitte el año pasado, estimaba que el impacto de esa rebaja fiscal suponía un ahorro de tres euros por megavatio hora.

Esa misma bonificación se aplica a las industrias de otros países del entorno. En el Reino Unido, Alemania, Países Bajos y Francia, la exención es total. Parcial, como en España, la disfrutan en Bélgica e Italia, según ese mismo informe.

El Gobierno es renuente a aplicar más rebajas fiscales directas en la factura de estas grandes compañías. Básicamente porque pondrían en peligro la estabilidad presupuestaria del sistema eléctrico. Aunque las han pedido tanto el sector electrointensivo como la Consellería de Industria para acudir en su auxilio. El recorte progresivo de los incentivos que abaratan los costes eléctricos de estas compañías -Alcoa, Ferroatlántica, Celsa o Megasa, en Galicia- y la falta de otras compensaciones que los sustituyan están mermando su competitividad. Por ejemplo, en Celsa hablan ya de aplicar un ERE temporal para sus 150 operarios y en la fábrica de Ferroatlántica en Arteixo, de rebajas salariales para 122.

Rebajas en los cargos

El Gobierno prometió hace un año aprobar un estatuto específico para el consumidor electrointensivo, con medidas que sustituirán a las subastas de interrumpibilidad. Entre ellas se encuentran compensaciones por los pagos que realizan estas industrias en sus facturas de la luz para costear los sistemas extrapeninsuales y las primas a las renovables. Estos son algunos de los cargos del sistema que se financian vía recibo eléctrico. A mayores, propone consolidar una partida en Presupuestos por la compra de derechos de CO2.

Tanto la patronal como la Xunta proponen incluir, además, una rebaja en los peajes de transporte hasta un máximo del 80 %, como ya se hace en otros países.

Industrias en peligro de electrocución

f. fernández
La metalúrgica de Narón establece turnos de trabajo nocturnos  en enero y febrero para ahorrar costes
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La falta de un marco estable de incentivos eléctricos pone en jaque más de 2.000 empleos en Galicia; en Ferroatlántica y en Celsa hablan ya de rebajas salariales y de ERE

Alcoa lanzó las primeras bengalas de socorro. El elevado precio de la electricidad en España, combinado con los menguantes incentivos públicos para enfriar esos costes de producción, ahogaba la renqueante rentabilidad de sus fábricas de aluminio primario de A Coruña y Avilés. De hecho, tras varios años en pérdidas, la multinacional decidió cerrarlas, primero, y luego venderlas. Ambas plantas están en funcionamiento, en manos de un fondo de inversión suizo, pero sus cubas de electrolisis, en las que elaboraba el metal, cumplirán en febrero un año apagadas, a la espera de tiempos eléctricos más prósperos. Ahora no lo son. Ni para Alcoa ni para el resto de las empresas agrupadas en torno al rimbombante adjetivo electrointensivas, esto es, que consumen ingentes cantidades de energía en sus procesos productivos.

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