China y Estados Unidos pactan una tregua sin firmar la paz

Ambos países firman la primera fase de un acuerdo comercial que ofrece un respiro a la economía mundial

POOL

e. la voz / washington

En sí mismo, el documento firmado en la Casa Blanca por China y Estados Unidos encarna, según Donald Trump, «gran parte del acuerdo» final que esperan alcanzar ambos países después de casi dos años de guerra comercial. Toda una hipérbole si se tiene en cuenta que algunos de los aspectos clave de las disputas entre Pekín y Washington quedan fuera de la fase uno, sellada ayer. En un acto de indudable tono propagandístico, Trump afirmó que la cita era «una gran celebración» a la que se ha llegado gracias a su «acción decidida» para solventar un problema «del que no culpo a China», sino a anteriores presidentes estadounidenses. «El mayor acuerdo [comercial] que se haya visto nunca». Parcial, pero «más detallado» que uno global.

La economía mundial respira algo más aliviada aunque, eso sí, los aranceles que Estados Unidos impone a las importaciones chinas se mantienen por ahora en vigor. Solo se eliminarán, señaló el presidente, «si somos capaces de hacer la fase dos» que, anunció, empezará a negociarse pronto. Aranceles que afectan a productos chinos por un valor total de 360.000 millones de dólares.

Durante la ceremonia de firma, que estamparon el propio Trump y el vice primer ministro chino, Liu He, se detalló que China comprará productos estadounidenses por valor de 200.000 millones de dólares. Fuera quedan asuntos fundamentales como el subsidio de Pekín a sus compañías, que Washington critica porque considera que ofrece una ventaja competitiva al gigante asiático.

Aunque no hay detalles concretos de lo pactado, Trump aseguró que Pekín invertirá 75.000 millones de dólares en productos de manufactura, 50.000 millones en energía, entre 40.000 y 50.000 millones en servicios (entre ellos, de entidades financieras), y 50.000 millones en productos agrícolas.

China se compromete también a abrir su mercado a compañías estadounidenses que podrán operar sin verse obligadas a contar con socios de aquel país. El acuerdo incluye igualmente avances para evitar el pirateo de productos y reforzar la protección intelectual de las empresas que quieran hacer negocios allí, que no podrán ser obligadas a compartir los detalles técnicos de sus productos con las autoridades de Pekín.

Más protección al acero de la UE

Un total de 42 eurodiputados de diferentes formaciones políticas, encabezados por la socialista española Inmaculada Rodríguez-Piñero, firman una carta que han remitido al comisario europeo de Comercio, Phil Hogan, para pedirle que revise y refuerce las medidas proteccionistas del sector del acero europeo.

La titular de la comisión de Comercio Internacional del Parlamento europeo advierte de que, desde julio, los mercados siderúrgicos internacionales y comunitarios están experimentando una «presión considerable debido al aumento del exceso de capacidad mundial y a una demanda de acero inferior a la prevista». Rodríguez-Piñeiro explica que, debido a un aumento de las restricciones en mercados clave del acero, como EE.UU., la Unión Europea está registrando un desvío importante de importaciones, lo que ha obligado a los productores comunitarios de diez Estados miembro a reducir la producción en 4,3 millones de toneladas al año.

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