«Ya estamos ideando una red social para poner en contacto a personas mayores»

Reconoce que sus estudios de ingeniería nada tuvieron que ver con el mundo real de los negocios


redacción / la voz

Coremain, una de las 100 primeras tecnológicas de España, cambió de manos hace cuatro años. Hoy forma parte de Kiom, una corporación con presencia en España, Portugal, Chile, Marruecos, Perú y Brasil. El máximo accionista y presidente es Manuel Alonso, y el director general, su hijo Adrián Alonso Muras (31 de marzo de 1989). Todo el grupo factura 30 millones. Coremain, 23, y tiene 400 personas en plantilla.

-Compramos la empresa al grupo Manancial. Fue hace cuatro años. Coincidió que nosotros teníamos Autronic, una compañía de referencia nacional con sede en Pontevedra que vendimos a una multinacional francesa, Solutions 30.

-¿Fue entonces cuando hicieron caja y compraron Coremain?

-Bueno, no fue exactamente así. La caja venía de la gestión de la empresa, no de la venta.

-A usted le ha tocado vivir operaciones financieras poco habituales para una persona de 30 años.

-Sí, la verdad. He estado en la compraventa de empresas. Procesos muy largos, con due diligences incluidas... Estudié ingeniería, luego hice un máster de comercio internacional y toda esa formación no valió para nada en comparación con la experiencia profesional. Mi primera operación fue la venta de Autronic a una multinacional. La travesía duró cuatro años, envueltos en documentación. Hubo momentos felices y otros menos. Fue una montaña rusa. Aprendí cómo los compradores valoraban una empresa a través de una fórmula de cálculo que no tenía nada que ver con lo que uno conocía: no se valoran los activos ni las amortizaciones. Sí la cartera de clientes, la calidad del equipo profesional. Ellos ven la rentabilidad del negocio puro.

-Y el día que firmó, ¿qué pensó?

-Yo seguí en el puesto. Me explico: todo comenzó porque queríamos aliarnos con una compañía más fuerte para llegar a clientes más grandes. Las empresas grandes buscan empresas grandes. Vendimos primero una parte del capital y, al final, decidimos acabar con la relación. Fue dos años después de la venta cuando me fui.

-Así llegó Coremain a su vida.

-Sí, justo cuando se vendió la primera parte de Autronic. Coremain es una ingeniería, consultoría. El valor de nuestra empresa es asesorar para determinar qué tecnología tiene que comprar el cliente teniendo en cuenta criterios de coste y rendimiento.

-¿Hay empresas que son timadas cuando compran tecnología?

-No. Sí pienso que, a veces, el comprador no sabe lo que quiere comprar y el que vende no interpreta bien lo que la persona necesita. En este tipo de negocios hay una parte de consultoría y a partir de ahí surge la solución. La potencia de la tecnología pasa por dimensionar bien los procesos y aplicar el principio de Pareto: cuál es el 20 % de las cosas que me optimizan el 80 % de mis problemas.

-Coremain está entre las 100 primeras empresas TIC de España.

-Sí, y es la primera en igualdad de Galicia. Nos han dado este reconocimiento. Tenemos ingenieras, responsables de área, jefas de proyecto... El comité de dirección de Coremain es paritario.

-¿Qué aportan las mujeres?

-Lo mismo que los hombres. En un mundo TIC la gente es muy brillante. No hay diferencias. Aquí buscamos el mejor candidato para el puesto, el mayor talento, sin importar si es hombre o mujer. Los jóvenes pensamos de otra manera. No estamos preocupados por estereotipos, por reglas y normas. Sí tenemos un comportamiento ético y moral que cumplir, de civismo y compromiso con la sociedad. Buscamos la eficiencia, la simplicidad.

-¿Por qué es tan difícil explicar la tecnología?

-Todo lo nuevo hasta que no se implanta en el lenguaje nos cuesta entenderlo. Es como lo de la silver economy. Me preguntaba en qué nicho de negocio habíamos entrado, pues nosotros estamos en la silver economy, que es todo el negocio que existe alrededor de las personas mayores. No sé por qué se utilizan estos tecnicismos. A mí me gustan las palabras españolas porque, si es economía de los mayores, llamémosla así. Tenemos un lenguaje muy rico. No por utilizar una palabra inglesa o americana sabemos más. No es cierto. Es una moda: el know how, la conference call... ¡No! Simplemente hacemos una llamada.

-Dice que están aprovechando la «silver economy».

-Es un nicho de negocio, sí. Tenemos un instrumento para las personas mayores que no ofrece la asistencia común. Intentamos eliminar la soledad, el mayor problema de nuestros mayores. Ofrecemos teleasistencia a través de la televisión. La persona puede comunicarse con familiares, con médicos, con personal de acompañamiento a través de la televisión.

-¿Conoció alguna persona que sufriera de soledad?

-Uno de los casos más llamativos fue en Toledo. Llegué a un centro de personas mayores y en una habitación tenía que instalar el equipo. Había un anciano. Había sido abandonado por su familia. Era sordo y nadie lo sabía. Cuando yo lo conocí llevaba cinco años sin hablar con nadie. En la residencia se dieron cuenta del problema, pero no había personal que pudiera relacionarse con él. Instalamos el dispositivo y cuando vio a una persona hablarle en lenguaje de signos, se le iluminó la cara. El mando es sencillo. Con él se maneja también la tele. Ahora estamos intentando que una persona pueda ponerse en contacto con otra afín a él.

-¡Eso es Meetic!

-No, no... Meetic es de ligoteo, esto es una red social para mayores. Para los que no puedan bajar al banco o al parque...

-¿Cómo solucionaría el grave problema de la soledad?

-Es difícil y fácil a la vez, porque ese problema solamente lo solucionan las personas. Con humanidad. Yo voy a visitar a mis abuelos como mínimo una vez a la semana, y si tuviese que estar con ellos todos los días, lo haría. Ellos lo han hecho conmigo. Y yo lo haría con ellos.

-Otro tema. ¿Los robots tienen que pagar Seguridad Social?

-La Seguridad Social costea un servicio. Un robot no se jubila ni se enferma. No creo que los robots tengan que pagarla.

-¿Y una compañía que tenga 5 robots debería pagar más que otra que tenga 5 trabajadores?

-Creo en empresas en las que los robots hagan trabajos perjudiciales para la salud de las personas, y que estas hagan trabajos de mayor valor. Ahí es donde las compañías tienen que invertir.

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