Los nuevos parques eólicos gallegos, listos para iluminar 450.000 hogares

Una veintena de instalaciones incrementará un 13 % la capacidad de generación


El viento gallego no tiene dueño. Es para que el que consiga atraparlo. Las compañías que lo explotan en el centenar de parques con molinos que salpican los montes gallegos facturaron el año pasado 500 millones de euros gracias a la venta de la electricidad producida por los molinos. Esa cifra resulta de multiplicar los 8.400 gigavatios hora eólicos generados en la comunidad, tal y como consta en el informe del sistema nacional de Red Eléctrica de España (REE), por el precio medio de la electricidad en el mercado mayorista (57 euros el megavatio hora), según el dato del operador del mercado, OMIE. Casi un tercio de la energía total generada en la comunidad llegó con el viento, por detrás de la hidráulica y el carbón, que fue primero, cuando ahora está condenado a una desaparición precipitada.

Toda una riqueza renovable que proviene de los 3.300 megavatios eólicos que tiene instalados Galicia. Pero hay viento para muchos más, y pronto rozarán los 4.000 con la incorporación de una veintena de nuevos parques eólicos. La Consellería de Industria contabiliza trece instalaciones con la obra recién finalizada (y algunas conectadas a la red). Además, hay otras cinco que estarán listas en las próximas semanas, a las que habrá que incorporar dos repotenciaciones de molinos ya existentes.

Estos veinte parques suman unos 500 megavatios de potencia, con los que la capacidad total se incrementará en un 13 %. José Manuel Pazo, presidente de la Asociación Eólica de Galicia (EGA), calcula que esa nueva capacidad podría abastecer a unas 450.000 viviendas, o sea, más que las que hay en Vigo y su área metropolitana. Y es que, explica Pazo, el viento gallego es de los mejores de España, y los nuevos parques funcionarán una media de 3.200 horas al año.

Estos proyectos eólicos han movilizado una inversión millonaria que ronda los 500 millones. Las principales empresas promotoras son Naturgy y Norvento, con seis instalaciones cada una. La gallega Greenalia debutará en el negocio de la generación de electricidad con dos parques. El primero de ellos, según la compañía, entrará en operación este mismo mes. El segundo, en el primer semestre del 2020. Protagoniza también este bum la gallega Inverólica, que se salvó de la quiebra de casi todas las filiales del grupo coruñés Invertaresa.

El presidente de EGA celebró la reactivación del negocio eólico, paralizado desde el 2013 por los recortes a la retribución de las energías renovables. De hecho, aproximadamente la mitad de los parques gallegos no cobran prima alguna desde entonces, solo precio de mercado. Ahora, la patronal se propone que este ritmo de instalación de megavatios nuevos sea sostenido, y no algo puntual, para consolidar el tejido industrial de las auxiliares del negocio eólico. EGA estaba formada únicamente por empresas promotoras de parques, pero desde hace un año está abierta a las empresas auxiliares.

Estos parques nuevos que entrarán en operación comercial estas semanas son hijos de las subastas de renovables convocadas por el Gobierno central. Los adjudicatarios se hicieron con una cantidad de potencia apoyada económicamente. No con primas, como en los viejos tiempos, que no volverán, sí con un precio suelo del megavatio hora producido, del que no bajarán ni en el caso de que el mercado mayorista sí lo alcance. O sea, que tienen una rentabilidad garantizada. El Gobierno en funciones aprobó hace solo unas semanas prorrogar este mecanismo durante seis años más para allanar el camino al imperio de las tecnologías limpias.

Exentos del canon

Las compañías con parques en Galicia pagan el canon eólico, que grava el número de molinos de viento. Es un tributo, según la Xunta, para paliar de algún modo el impacto paisajístico de los aerogeneradores y la recaudación va en teoría a los ayuntamientos. La previsión de ingresos para este año es de 22,7 millones; y para el 2020, de casi 22,6, según datos proporcionados por la Consellería de Facenda. El descenso es leve, pero es. Y quizá sea mayor en próximos ejercicios, porque los nuevos parques eólicos tienen muchos menos molinos que los antiguos y, por tanto, las compañías abonarán menos dinero por el canon de la Xunta.

Hay ya dos casos de instalaciones exentas de ese tributo porque tienen menos de tres aerogeneradores. Exactamente tienen dos. Se trata del parque de Cabo Vilán, que en su momento fue el primero de toda Galicia (junto con el de Estaca de Bares). En el 2016, Naturgy sustituyó los 22 molinos viejos por dos nuevos. Se trató de la primera repotenciación que se ejecutaba en toda España. Además de este, el parque nuevo de Pena Forcada Catasol, también de la antigua Gas Natural Fenosa, consta también de dos máquinas.

Una planta de biomasa

Además de estrenarse en la producción de energía eólica, la empresa gallega Greenalia también lo hará con la biomasa. La Consellería de Industria prevé que la planta que está construyendo en el concello coruñés de Curtis, con una inversión de 135 millones, entre en funcionamiento en el primer trimestre del 2020.

Así se construye un parque eólico

Lorena García Calvo / Alberto López

El proyecto, con una inversión de 59 millones, generará energía limpia para atender a 45.000 familias al año

Dos ideas se cruzan por la mente cuando uno se adentra en los entresijos de la construcción de los parques eólicos Paradela y Serra das Penas. La primera es la grandiosidad. La segunda, el trabajo milimétrico. Ambos conceptos, aunque puedan parecer antagónicos, se dan la mano en los proyectos que Enel Green Power España, la división de renovables de Endesa, promueve en el municipio lucense. En el de Paradela lo hace, además, de la mano del Concello, partícipe del 10 % de la sociedad.

Superados los trámites burocráticos, fue el pasado noviembre cuando el parque comenzó a tomar forma, y la previsión es que en agosto estén terminadas las obras y en octubre se pueda comenzar a generar energía. Mucha energía. Serra das Penas contará con 21 aerogeneradores y Paradela con seis. Cada uno, de 2 megavatios. Eso implica que el primero podría atender al año las necesidades energéticas de 35.000 familias evitando la emisión de 100.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, y el segundo, a unas 10.000 evitando otras 28.000 toneladas de CO2. Energía 100 % limpia surgida del monte de Paradela y que se canaliza a lo largo de 20 kilómetros hasta la subestación transformadora de Chantada.

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