Recetas para que la luz no nos deje fríos

Consumir en las horas más baratas del día, con una tarifa de discriminación horaria, y ajustar la potencia contratada, puede suponer un ahorro anual de más de 100 euros


redacción / la voz

El invierno ha llegado con antelación y, con él, los consumidores se adentran en los meses de mayor consumo de electricidad. O se preparan para afrontar facturas de la luz más abultadas o toman medidas para que no los dejen fríos del susto. Aparte de invertir en aislar bien la viviencia para que no escape el calor y entre el frío por las rendijas, las recetas más efectivas y baratas para contener el recibo eléctrico se resumen básicamente en dos: disponer de una tarifa de discriminación horaria (y consumir en las horas más baratas) y ajustar la potencia contratada a las necesidades reales. A estos principios fundamentales del ahorro energético, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) añade otros dos: el autoconsumo eléctrico (colocar placas solares para generar electricidad) y optimizar el uso de los electrodomésticos. Según esta entidad, con este último consejo, un hogar puede ahorrar 250 euros al año.

Estas medidas se desgranan al detalle a continuación.

Discriminación horaria. Consumir en las horas más baratas del día.

Es una de las medidas más efectivas de cuantas pueda haber para ajustar el gasto en electricidad. Es una tarifa que se basa en concentrar el consumo en las horas más baratas del día -de 22 a 12 horas en invierno- y evitar las otras diez. Las primeras cuestan un 50 % menos que las segundas. Paloma Espeja, subdirectora de energía eléctrica de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), explica que el mero gesto de contratar esa tarifa y sin siquiera cambiar los hábitos de consumo (como programar lavadora o lavavajillas para que funcionen de madrugada) el ahorro puede alcanzar el 10 % del recibo. La OCU calcula que puede traducirse en 80 euros menos al año. Hay dos tipos de tarifas de discriminación horaria: en dos o en tres períodos con horas valle y punta. Las pueden contratar abonados al mercado regulado y al libre.

 

Tanto el legislador, el Ministerio para la Transición Ecológica, como el regulador del mercado eléctrico, la CNMC, tratan de promocionar este tipo de tarifa entre los consumidores para que ahorren en la factura. De hecho, las compañías que operan en el mercado regulado por el Gobierno tienen una recomendación sobre la mesa desde hace un año para que incluyan en los recibos a cuánto habría ascendido el precio con discriminación horaria para convencer del cambio al abonado. La modificación de tarifa cuesta nueve euros, «pero en dos facturas se amortizan», destaca la subdirectora de energía eléctrica de Competencia. El regulador está en contra de que se cobre por ese cambio porque este no requiere siquiera que un operario se traslade al domicilio. Todo se ejecuta de forma telemática a través del contador digital.

Ajustar la potencia. Kilovatios, los justo y necesarios.

Paloma Espeja aclara que por cada kilovatio que se reduzca la potencia se ahorran de media al año unos 50 euros al año. Explica que para una vivienda de unos 200 metros cuadrados, con calefacción de gas y los electrodomésticos habituales en un hogar son suficientes 3,6 kilovatios contratados. Si tiene aire acondicionado, 4,6. Desde hace un año, el ministerio ha flexibilizado la potencia: ya no hay escalones, es decir, se puede contratar en múltiplos de 0,1 kilovatios (se puede pasar de 4,6 a 4,5, por ejemplo). 

Autoconsumo eléctrico. Reducir la dependencia de las eléctricas.

Esta medida es de más enjundia que las anteriores, pues requiere una inversión importante. Pero, una vez realizada, el autoabastecimiento de electricidad es una de las nuevas medidas estrella del ahorro. Se estima que este puede alcanzar el 40 % anual.

 

El horno, el más despilfarrador; y la tele, la que menos

La OCU calcula que si se usan bien los electrodomésticos se pueden ahorrar unos 250 euros al año en la factura eléctrica. ¿Cómo? La organización explica que, por ejemplo, usar el programa de agua fría en la lavadora se traduce en un recorte del gasto de 19 euros anuales; apagar la secadora un poco antes de que acabe (sobre todo, si luego se va a planchar la ropa), y limpiar de pelusas el filtro y el condensador, 14 euros menos. También con el lavavajillas se puede ajustar el gasto en unos 13 euros, usando el programa económico en lugar del normal, y reservando el intenso solo para vajilla muy sucia. El de media carga no ahorra demasiado, es preferible esperar a que el lavavajillas esté lleno, según la OCU.

Al frigorífico, el aparato que más consume porque está encendido siempre, se le pueden arañar 41 euros anuales en la factura eléctrica colocando los alimentos de forma que no estén comprimidos, situando el aparato alejado del horno, el radiador o una ventana soleada, ajustando el termostato entre cuatro y seis grados, y descongelando cuando se forme escarcha.

Si se usa bien, con el horno, el mayor despilfarrador de energía, se pueden ahorrar otros 21 euros, según la OCU. ¿Cómo? No precalentarlo mucho tiempo y apagar cinco o diez minutos antes de que acabe la cocción. No abusar de la función grill (consume el doble). Y no colocarlo cerca del frigorífico.

La Axencia Provincial da Enerxía realizó hace unos meses un estudio sobre los electrodomésticos más gastones. Los que más, el horno y la vitrocerámica, aunque es el frigorífico el aparato más gravoso, ya que se lleva el 30 % del consumo eléctrico de un hogar. Sin embargo, si no estuviese todo el día conectado, es de los que menos gastan, como se puede comprobar en el gráfico que acompaña esta información. La televisión consume incluso menos que una nevera, sin embargo, tantas horas frente a la caja tonta hacen que sea el segundo más despilfarrador, con un 12 %. Por eso, precisamente, es importante desenchufarla, y no solo apagarla, cuando no esté en uso.

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