Bruselas agua el optimismo del Gobierno y recorta cuatro décimas el crecimiento

Alerta a España de que otra prórroga presupuestaria provocará un desvío del déficit


Bruselas confirma los peores augurios: España pisa el freno del crecimiento. La Comisión Europea ha hecho públicas esta mañana sus previsiones económicas de otoño y las cifras apuntan a una desaceleración mayor de la prevista por el Gobierno español. La institución rechaza las cuentas optimistas del Ejecutivo y asegura que el crecimiento de la economía se limitará este año al 1,9 %. Son cuatro décimas menos que en la última revisión y dos menos de lo previsto por la ministra de Economía, Nadia Calviño. 

Hay dos causas detrás de este empeoramiento: Por un lado la perspectiva de un dinamismo económico más débil del esperado (0,2 %) y por otro la revisión del cálculo del INE (0,2 %). «El crecimiento entra en una senda moderada tras una gran expansión», explica la Comisión, que también ha tenido en cuenta las incertidumbres crecientes globales en torno a las guerras arancelarias. La creación de empleo sigue ralentizándose: «El mercado laboral empezó a perder tracción en el tercer trimestre del año", sostiene Bruselas. Y el desempleo no bajará del 13 % hasta el 2021. A pesar de la subida salarial, los españoles siguen conteniendo el gasto por lo que pudiera aguardar a la vuelta de la esquina. Tanto es así que el consumo privado, especialmente de bienes duraderos, ha crecido a niveles muy bajos que no se veían desde el 2014.

La conjugación de todos estos factores está aplastando el potencial de crecimiento económico, lastrado también por una deuda pública todavía en el 96,7 %. A pesar del jarro de agua fría al Gobierno, el comisario de Economía, Pierre Moscovici, no quiso lanzar mensajes alarmistas: «Seamos francos: Resulta obvio que la economía española está en una posición más resiliente para hacer frente a la situación global que en el pasado», indicó al tiempo que mostraba su confianza su «la robustez».

Nuevos presupuestos 

Lo que no pudo ocultar el francés fue la frustración de la Comisión Europea por la incapacidad de España de sacar adelante unos nuevos presupuestos. Cuatro elecciones en cuatro años y el país sigue con las cuentas prorrogadas de Montoro. Esta situación está ralentizando el ritmo de reformas y desviando a España de su senda de reducción del déficit. La institución cree que en el 2019 el índice cerrará en el -2,3 % y solo se reducirá una décima al cierre del 2020. «España ha mantenido un crecimiento envidiable con Gobiernos minoritarios desde el 2015, no parece ser un factor con repercusiones en el crecimiento de la economía aunque necesariamente las tiene cuando hablamos de la ralentización en el ritmo de las reformas estructurales», admitió el galo antes de lanzar un mensaje de «responsabilidad» al Ejecutivo que salga de las urnas el próximo domingo. En ese sentido, la letra pequeña del informe de la Comisión apunta en dos direcciones: Las pensiones y la subida salarial de los funcionarios en el período 2018-2020.

El Gobierno tiene previsto un incremento del 0,9 % de las prestaciones el próximo año, una medida que Bruselas ve con desconfianza, especialmente después la mejora salarial introducida para el cuerpo de funcionarios públicos y por el reducido margen fiscal con el que cuenta el país. Aunque el Ejecutivo de Sánchez incorporó algunas medidas de ingreso y ahorro recomendadas por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), no lo hizo en su totalidad, así que Bruselas estima que el déficit estructural subirá al 3,25 % en el 2020. 

Toque de atención a Alemania

España no es la única economía del euro que se está enfriando. La locomotora alemana coquetea con una potencial «japonización» del crecimiento. Con suerte, su PIB crecerá este año y en el 2020 solo al 0,4 %. A pesar de que las tensiones comerciales con Estados Unidos y China están pesando en sus exportaciones, Moscovici instó a sus autoridades a tomar medidas fiscales para dinamizar su economía y las de la zona euro. Hasta ahora, Berlín siempre se ha negado a abrir la mano con el gasto público y ha fiado la estabilidad de la zona euro a la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), que ha dicho basta. Alemania tiene que hacer los deberes: «Alemania tiene un superávit masivo y margen de maniobra para la inversión. Lo decimos desde hace años en la Comisión. Tienen que utilizar una fórmula diferente para que la economía. Deben empezar a invertir en el sector público, en las infraestructuras y también dentro de la zona euro», les espetó Moscovici. El tiempo de parapetarse tras el BCE se acabó.

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