¿Por qué agonizan las centrales de carbón y repuntan las de gas?

Las plantas de mineral pierden dinero por el alza del CO2 y por un impuesto adicional

La central de carbón de As Pontes, a la izquierda, junto a la de ciclo combinado
La central de carbón de As Pontes, a la izquierda, junto a la de ciclo combinado

redacción / la voz

Producir un megavatio hora de energía eléctrica es el doble de caro en una central de carbón que en una de gas natural (ciclo combinado). Así se desprende de un análisis de costes elaborado por la Axencia Provincial da Enerxía, cuya sede está en el meollo energético de Galicia, en As Pontes. De hecho, se encuentra a un tiro de piedra de las dos centrales térmicas de Endesa, que posee una de cada tecnología. Xosé Manuel Golpe, técnico de la institución especializada dependiente de la Diputación de A Coruña, calculó costes tanto de la materia prima (en el caso del carbón, de procedencia indonesia) como de los impuestos. El resultado es revelador y explica la agonía de las plantas de mineral en los últimos meses. Tanto la de As Pontes como la de Meirama, propiedad de Naturgy, al igual que las del resto del país, están en mínimos de producción y entre enero y septiembre cubrieron solo el 5 % de la generación peninsular, cuando en el 2018 representaron el 13,5 %, según datos de Red Eléctrica.

Apenas funcionan porque han dejado de ser rentables. La culpa principal es del CO2. El precio de los derechos de emisión -que las industrias tienen que comprar para poder contaminar- es un 36 % más caro (25 euros la tonelada de media este año frente a 16 del anterior). Pero hay otros factores que contribuyen a encarecer los costes de las térmicas de carbón. Uno es que las propietarias de las plantas tienen que pagar un impuesto especial de hidrocarburos del que están exentas las de gas natural. Precisamente este es uno de los puntos que tratan de resolver los partidarios de salvar el futuro de la central de carbón de As Pontes. Con el alcalde y presidente de la Diputación coruñesa, Valentín González Formoso, al frente, la plataforma exige al Gobierno que elimine esa tasa, al igual que hizo hace unos meses con los ciclos, para que, al menos en eso, ambas tecnologías compitan en igualdad de condiciones. El impuesto especial sobre el carbón encarece el megavatio hora algo más de dos euros.

El resto de los conceptos son los mismos. Así, una y otra instalación abonan un impuesto que grava con un 7 % el valor de la producción de energía eléctrica. Esta tasa fue implantada en el 2012 por el PP dentro de las medidas de choque para incrementar los ingresos del sistema eléctrico y atajar la millonaria deuda. Carbón y ciclos también abonan el impuesto autonómico sobre la contaminación atmosférica.

Si se eliminasen todos estos gravámenes, el coste de producción con mineral se reduciría en casi 8 euros.

El incremento de las cotizaciones del CO2 coincidió, además, con un descenso de los precios del gas natural. Todos estos factores se han aliado para precipitar el cierre del carbón. Endesa, de momento, no lo va a hacer, aunque está buscando alternativas para mantener activa la planta pontesa. La de Meirama sí será clausurada en el 2020.

Las adormecidas centrales de gas despiertan y destronan al carbón

f. fernández
En As Pontes conviven las centrales de gas, a la derecha, y la de carbón
En As Pontes conviven las centrales de gas, a la derecha, y la de carbón

El inusual abaratamiento de la materia prima enfría los precios de la electricidad

Hasta hace nada, las empresas no sabían qué hacer con los ciclos combinados de gas. Eran centrales de estreno, preparadas para generar gigavatios hora a puñados, pero estaban casi paradas. El sistema parecía no necesitarlas, solo de vez en cuando, como apoyo del resto de tecnologías, y su contribución rondaba el 10 % anual. Algunas compañías intentaron venderlas, sin éxito. Luego trataron de convencer al Gobierno de turno para que les permitiese dejarlas en un estado de hibernación, como a la espera de tiempos mejores. Pero estos han llegado y, al fin, los ciclos combinados de gas natural parecen haber encontrado su sitio en el sistema eléctrico nacional, que ya no puede vivir sin ellos. Durante los primeros siete meses del año su aportación se ha incrementado un 103 %, según datos de Red Eléctrica de España (REE), superando con creces al carbón. Y lo han hecho casi de la noche a la mañana. Como sin querer. Su gran oportunidad ha llegado gracias al inesperado incremento de los precios de los derechos de emisión de dióxido de carbono (este año se cotizan de media un 56 % más caros que el anterior). Esta escalada del CO2 ha expulsado prácticamente del sistema a las centrales de carbón, cuya producción se ha desplomado un 52 % entre enero y julio, lo que ha brindado la oportunidad a los ciclos de gas de demostrar de qué madera están hechos.

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