Las grandes marcas del textil gallego seducen a la renacida clase media

El sector abanderado por los Domínguez, Verino, Florentino gana impulso en mercado favorable que apunta a crecer


REDACCIÓN

Intentemos primero definir lo que es clase media. Hay un cierto consenso en situarla en el tramo de renta comprendido entre los 30.000 y los 60.000 euros. Si es así, estamos hablando de una franja de potenciales consumidores en franco crecimiento, al menos según Hacienda, que cifra el repunte de los contribuyentes en esta franja en más de un 30 % en la última década.

A falta de estudios más concluyentes que permitan constatar la resurrección del estrato social más consumista de las décadas de los ochenta y los noventa, el dato de la Agencia tributaria es clave para entender el giro reciente que se está produciendo en la industria de la moda y que favorece de forma muy directa a las marcas más genuinas del textil gallego, enraizadas en aquella clase media.

Mientras la cultura del bajo coste y la moda de usar y tirar lo fue invadiendo todo durante los años de la crisis, el sector gallego aguantó el tipo replegándose en algunos casos, o apostando por la exportación, para mantenerse vivo sin perder su esencia.

En este tiempo de transición del consumo, las firmas de moda o complementos de la comunidad (al margen del gigante Inditex, que es una categoría en sí mismo) han sabido posicionarse como marcas de renombre pero manteniéndose a la vez al alcance de un amplio segmento de consumidores.

Fueron años difíciles. «Nuestra estrategia, cada uno a su manera, ha sido la de mantenernos en el segmento del lujo no lujoso, a unos les ha ido mejor que a otros, pero confiamos en el cliente que valora una buena prenda», afirman desde Cointega, la patronal gallega del textil.

Ese cliente al que se dirige la industria de la moda en la comunidad existe y vuelve a comprar y a generar una atractiva demanda, que explica la recuperación de firmas como Adolfo Domínguez, la expansión de Florentino o Verino e incluso la vuelta al mercado de marcas tan emblemáticas como Caramelo.

Espectacular está siendo el resultado de la fuerte reestructuración de Adolfo Domínguez. Dos años después del cambio de dirección, ha comenzado a recoger los frutos de su ajuste. La empresa emprendió una nueva etapa cuando, en julio del 2017, colocó a Adriana Domínguez como directora general. El pasado febrero, la ejecutiva empoderó a su número dos, Antonio Puente, colocándolo como director general, mientras que ella asumió el cargo de consejera delegada.

En este tiempo, Adolfo Domínguez ha emprendido una reorganización de su red de tiendas, ha fusionado sus marcas -lo que supuso un expediente de regulación de empleo (ERE) sobre 56 trabajadores- y ha reforzado su apuesta por mercados estratégicos como Latinoamérica. El resultado: unas pérdidas de solo 375.000 de euros, un 94,4 % menos que el año anterior, y una cifra de negocio de 119,9 millones.

Vuelta a abrir tiendas

Otra de las históricas del textil gallego, Florentino, tiene en plena ejecución un fuerte plan de expansión. La estrategia de la empresa pasa por alcanzar a corto plazo el medio centenar de puntos de venta en el mercado español mediante la apertura de ocho nuevas tiendas. En la actualidad, Florentino opera con 42 establecimientos en el mercado español, de los cuales 18 corresponden a tiendas propias, 17 son córneres en El Corte Inglés y otros siete, outlets. Fuentes de la empresa explican que, en paralelo, los planes de Florentino también pasan por reforzar su presencia en el extranjero. La compañía pondrá el foco de su expansión en Latinoamérica, donde ya ha comenzado a tantear mercados como Chile, Colombia, Perú y Ecuador.

Como todo el textil, Roberto Verino sufrió el efecto de la crisis financiera y el parón del consumo en España y, entre el 2008 y el 2014, redujo su facturación un 23 %. Superada esta etapa, la empresa trabaja en la puesta en marcha de un plan estratégico a cinco años que apuesta por la internacionalización (el objetivo de la compañía es generar más del 50 % de su facturación en los mercados exteriores, con el foco puesto especialmente en el mexicano) y por elevar de forma considerable sus ventas en el canal on-line, según explican desde la firma. La compañía mantiene un centro de producción en Verín, donde tiene su sede social, con más de medio centenar de empleados, aunque el grueso de su plantilla, de 450 trabajadores, se encuentra distribuida en los distintos puntos de venta.

A escala global, Roberto Verino opera con más de 140 puntos de venta, después de un proceso de reestructuración de la red comercial que le llevó a cerrar treinta tiendas que resultaban deficitarias.

El contexto se presenta favorable para que otra de las enseñas históricas, Caramelo, vuelva también al mercado. La firma de moda tiene un nuevo dueño, el empresario Emilio Pérez Fojón, propietario de la compañía Trasnfleet. La firma destinará un millón de euros al relanzamiento de Caramelo y prevé que la marca facture entre tres y cuatro millones en el primer año. Transfleet ya ha comenzado a gestar la primera colección, que será solo de hombre y que comenzará a distribuirse en la próxima campaña de primavera-verano 2020.

Un mercado accesible

Parece que el mercado acompaña al sector gallego. La Asociación Empresarial del Comercio Textil, Complementos y Piel (Acotex) confía en cerrar el año con un alza de ventas del 3%.

En Cointega, el clúster de empresas textiles de Galicia, llevan tiempo dándole vueltas a la situación del negocio de la moda y creen que la mejor salida para el sector es la apuesta por exclusividad. Su estrategia pone el foco sobre un tipo de cliente muy concreto: «El mercado accesible para nuestras empresas debe ser aquel que muestre una menor sensibilidad al precio, que busque un producto diferenciado y con estilo, que tenga capacidad para apreciar la calidad intrínseca del producto y en el que la marca no supla la personalidad del cliente», apuntan. Ese cliente que busca el textil gallego vuelve a ser real y con el repunte de la clase media empieza a manifestarse.

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