Capítulo final del culebrón de Alcoa

Parter presentó este miércoles, apurando el plazo, las garantías que exigía la multinacional para cerrar la venta de las plantas de A Coruña y Avilés, que ahora se llamarán Aluiberia


Ritmo frenético el de las últimas páginas del culebrón de Alcoa. Después de varios giros de guion, los trabajadores esperaban que el desenlace se firmara ayer sin sufrir más sobresaltos. Y así fue, aunque Parter apuró los plazos hasta el último día para presentar el aval que daba luz verde a la venta de las fábricas de A Coruña y Avilés. El fondo suizo presentó al mediodía las garantías económicas necesarias -27 millones de euros- para desbloquear la compraventa de las dos plantas. Los casi 700 trabajadores que desde hace meses veían su puesto en la cuerda floja, respiraron ayer tranquilos.

La transacción -con efectos inmediatos- incluye las fundiciones de ambos centros y la planta de pasta coruñesa (operativas en la actualidad), así como las series de electrolisis que se encuentran paradas. En cuanto al empleo, Parter garantiza que mantendrá a toda la plantilla durante un mínimo de dos años. Y hay más. Porque los nuevos dueños se comprometen a llevar a cabo proyectos de reindustrialización para los centros y un posible rearranque de esas electrolisis.

Para la multinacional estadounidense, la operación supondrá un desembolso de 121 millones de euros, de los que aproximadamente 103 millones serán en efectivo y se irán liberando en los próximos dos años (aunque cerca de la mitad impactará en sus cuentas ya este año). Estos pagos en efectivo incluyen 85 millones de apoyo financiero a Parter para gastos operativos y de capital asociados con el reinicio de la electrólisis o la reindustrialización de las plantas.

Con la venta al fondo suizo, las plantas cambiarán también de nombre. Porque, tal y como informaron ayer fuentes del comité de empresa de la fábrica herculina, las empresas se llamarán a partir de ahora Aluiberia LC (en el caso de la de A Coruña) y Aluiberia AVL (en el de la asturiana).

Los empleados de Alcoa emprenden ahora su camino de la mano de Parter, pero lo hacen con una garantía de solo dos años. A partir de ahí, el mantenimiento de los puestos de trabajo dependerá del volumen de ventas y, sobre todo, del precio de la energía. La pelota está en el tejado del Gobierno. De ellos depende la aprobación del estatuto electrointensivo, con el que se abaratarían los costes energéticos de industrias de alto consumo de energía, como la aluminera. El Ejecutivo de Pedro Sánchez se comprometió que lo sacaría adelante antes de las elecciones, pero no llegó a tiempo y ahora, en funciones, el documento sigue esperando en un cajón a que se desbloquee la investidura.

Nueve meses de incertidumbre

Tras nueve meses de incertidumbre, la pelea de los trabajadores por el mantenimiento del empleo parece haber surtido efecto. Atrás quedan las movilizaciones y muchas horas de negociaciones, en un conflicto que empezaba a escribirse en el mes de octubre, cuando la multinacional del aluminio anunciaba su intención de echar el cierre definitivo de la planta coruñesa y de la astur. No era la primera vez que Alcoa amagaba con despidos, aunque en esta ocasión alegaba que las dos fábricas eran improductivas a causa del alto coste de las materias primas y de la energía.

Los empleados se plantaron. No estaban dispuestos a echar la persiana tan fácilmente. Y comenzaron un proceso de negociación para que Alcoa aguantara los plazos hasta que apareciera un posible comprador. El primer nombre que saltó a la palestra fue el del fondo alemán Quantum Capital, que en un principio solo mostró su interés por la planta avilesina. Su propuesta no terminó de cuajar y Alcoa acabó eligiendo a Parter. Pero tampoco se lo puso fácil a los helvéticos. A principios de julio, en un nuevo giro de guion y cuando todo parecía solucionado, Alcoa pedía a Parter más. Alegando que no cumplía las garantías financieras aplazaba el proceso a finales de mes y les pedía un depósito de 27 millones que garantizara la venta y que por fin llegó ayer.

«Hemos trabajado para garantizar el empleo y la capacidad productiva»

La ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, fue la primera en celebrar la venta de Alcoa, uno de los conflictos que han marcado su año al frente del departamento, de ahí que tras la reunión celebrada con todos los agentes involucrados en el proceso calificara la jornada como un día «para la satisfacción y la esperanza». «Es un éxito de todos, de los trabajadores, de los responsables de las plantas y de los gobiernos de Asturias y Galicia. Hemos trabajado para garantizar el empleo y la capacidad productiva», sentenció la titular de la cartera de Industria.

Pero también aprovechó la oportunidad para recordar al nuevo dueño de las fábricas los deberes que tiene por delante. Maroto señaló que ahora Parter coge el testigo aceptando «la responsabilidad» de mantener los puestos de trabajo y de desarrollar «un gran proyecto industrial» para las dos plantas. También quiso mostrar su satisfacción la alcaldesa de A Coruña, Inés Rey, que aplaudió que a partir de ahora «se abre una etapa de esperanza y tranquilidad para todos los trabajadores de Alcoa».

No se mostró tan pletórico el conselleiro de Economía, Francisco Conde, que advirtió que el conflicto de las plantas de Alcoa se iba a «cerrar en falso», puesto que la «solución» del inversor es «parcial» y tiene una «fecha de caducidad» de dos años.

Por su parte, CC.?OO. recordó que el precio de la energía es «vital» para mantener todos los empleos y la actividad industrial.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
7 votos
Comentarios

Capítulo final del culebrón de Alcoa