¿Una gallega al frente del FMI?

El nombre de Nadia Calviño se cuela en las quinielas sobre el relevo de Christine Lagarde


redacción / la voz

Puede que lo suyo sorprendiera a muchos. Su nombre no figuraba en las quinielas. Por lo menos no en las del gran público. Pero ya está hecho. En el reparto de cromos que tuvo lugar en Bruselas la semana pasada a Christine Lagarde le tocó la difícil misión de sustituir al mago Draghi al frente del Banco Central Europeo. Eso será cuando el italiano deje en noviembre las riendas de la institución europea con mayor poder efectivo.

Así que lo que toca ahora es encontrar relevo para Lagarde al timón del Fondo Monetario Internacional. Tienen claro en la UE que ha de ser un europeo. No hay ninguna norma ni ningún tratado internacional que diga que el mando del Fondo ha de estar en manos europeas. Pero así ha sido siempre. Desde que se creó, la institución ha tenido 11 directores gerentes. Todos nacidos en el Viejo Continente. Ocurre otro tanto con el Banco Mundial. Pero en su caso, en manos estadounidenses. Es uno de esos acuerdos tácitos del orden mundial. Pero nadie lo garantiza. Sobre todo cuando hay quien viene detrás pegando fuerte. Léase los países emergentes, que reclaman su sitio. Y con candidatos de relumbrón como el mexicano Agustín Carstens, ahora a la cabeza del Banco de Pagos Internacionales, y quien ya intentó el asalto al Fondo en el 2011, o el académico y exgobernador del banco central de la India, Raghuram Rajan.

Y lo primero que tiene que hacer la UE si quiere salir victoriosa de esa pelea y conservar la silla, es ponerse de acuerdo y consensuar el nombre del candidato. No sea que todo acabe en otra muestra más de esa odiosa costumbre que tiene Europa de acabar disparándose en el pie.

De momento, no quieren hablar de eso. Al menos de puertas afuera. Dicen que es prematuro. Pero en los mentideros financieros las quinielas bullen.

Las hay para todos los gustos. Incluso rocambolescas como las que hacen referencia a un intercambio de sillas entre Lagarde y Draghi. Y eso que para dirigir el FMI la edad máxima está en 65 (71, el italiano). Y las hay también, a decir de algunos, de mal gusto, como las que sitúan al exjefe del Eurogrupo Jeroen Dijsselbloem al frente. Sí, aquel que en tantos charcos se metió -y nos metió- durante la aciaga crisis de deuda que asoló Europa. El mismo que viste y calza.

Y en medio de esa maraña de dimes y diretes, la ministra patria de Economía en funciones. Porque la gallega Nadia Calviño también suena para el puesto. Y no poco. El reparto de cargos en la UE ha dejado a Alemania con la presidencia de la Comisión Europea y a Francia con la del BCE. A España le ha tocado la Política Exterior, que dirigirá Josep Borrell. Poco, dicen algunos. Qué menos que un español para lo del FMI. Y si es mujer, mejor que mejor. Ni la propia Calviño se descarta. «Es prematuro reflexionar sobre estos temas», se ha limitado a decir preguntada estos días por la cuestión.

Christine Lagarde: una elección más política que técnica

Asunción Serena

Designada para dirigir el Banco Central Europeo

Christine Lagarde, la primera mujer que dirigirá el Banco Central Europeo, ha sido también pionera en otros cargos, como la asunción de la cartera de Economía en Francia, entre el 2007 y el 2011, en la presidencia de Nicolas Sarkozy, y la dirección general del Fondo Monetario Internacional (FMI) desde el 2011. Estos cargos le han aportado una sólida reputación internacional, que ya venía precedida por su trabajo como presidenta del gabinete de abogados Baker & McKenzie.

La sucesora de Mario Draghi se dice «muy honrada» por haber sido nombrada para presidir el BCE. Según Emmanuel Macron, el Consejo Europeo ha realizado «un análisis unánime sobre las capacidades y competencias» de Lagarde que la califican «totalmente para este puesto». Esto no excluye que haya quienes se pregunten sobre su falta de experiencia en la banca, aunque sus defensores esgrimen que está al corriente de los temas de política monetaria, conoce los engranajes de la UE y posee la credibilidad necesaria para dirigirse a los mercados después de haber afrontado como ministra de Economía francesa la más grave crisis financiera de las últimas décadas, sin contar con que desde Washington, al frente del FMI, ha sabido hacerse respetar con su gestión de cara a la crisis financiera que en Europa se transformó en crisis política, social y presupuestaria.

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