El interés de los inversores por el alquiler turístico deja el «stock» de viviendas en menos de 20.000

Las ventas en la costa drenan la bolsa de pisos nuevos vacíos


Redacción / La Voz

El stock de viviendas nuevas sin vender en Galicia ha caído por debajo de las 20.000 por primera vez desde que, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, el Ministerio de Fomento empezó a contabilizar el número de inmuebles de nueva construcción que no encontraban comprador.

El último informe gubernamental estimaba que, al cierre del 2018, en Galicia la bolsa estaba formada por 21.870 viviendas. Una cifra que la Federación Gallega de Empresas Inmobiliarias ha cruzado con las ventas registradas en los seis primeros de este ejercicio para concluir que, finalizado el primer semestre, el stock total en la comunidad se ha reducido hasta los 19.670 inmuebles, 2.200 menos que en diciembre. Un descenso que supera, en un 50 %, el de los doce meses previos, impulsado por las ventas cerradas en las provincias de A Coruña y Pontevedra, donde la bolsa de casas a la busca de dueño menguó en 1.272 y 772 unidades (un 13,5 y un 10 %, respectivamente), frente a las 121 que encontraron comprador en Lugo y las apenas 35 de Ourense, que se confirma como el mercado menos dinámico.

¿Y por qué este drenaje? Para el presidente de la patronal gallega de inmobiliarias, Benito Iglesias, la causa está clara: «El resurgir de la demanda de vivienda en la costa gallega para su derivación al mercado de arrendamiento vacacional». Algo paradójico, toda vez que hasta hace pocos meses uno de los lamentos del sector era que la composición de esta bolsa de casas vacías, mayoritariamente integrada por promociones de segundas residencia en el litoral, iba a dificultar su drenaje, incluso recurriendo a campañas como las de los pisos chollo de A Mariña.

Con lo que no contaban era con los efectos que la pujanza del alquiler turístico iba a tener en la compraventa de vivienda, reactivando la demanda en esos municipios en los que el mercado residencial estaba muy parado (principalmente, localidades costeras que ven aumentar con fuerza su población en los meses de verano pero que se vacían cuando acaba la temporada alta).

Un auge que se constata en el registro de viviendas de uso turístico de la Xunta, en el que a comienzos de junio había inscritos ya más de 8.540 inmuebles, medio millar más que en Semana Santa (apenas dos meses antes) y casi dos mil más que a finales de agosto del 2018.

Potenciar la demanda extranjera

Constatado el impacto del alquiler vacacional en el mercado de la vivienda en propiedad y en la reducción del stock (mucho más positivo que en el del arrendamiento residencial, donde solo contribuye al calentamiento de los precios, disparados ya en las grandes capitales), desde las inmobiliarias advierten que hay que dar un paso más para posicionar a Galicia como destino de la inversión inmobiliaria en la costa.

Y es que, advierten, frente a otros puntos del litoral español, especialmente el mediterráneo, en la comunidad el porcentaje de compraventas por parte de extranjeros es anecdótico, con apenas un puñado de operaciones al año, principalmente de británicos y portugueses, por lo que es la demanda nacional la que sostiene el mercado residencial. Una tendencia que, dicen, debe cambiar: «A este impulso de la demanda en la costa gallega hay que darle continuidad y solidez, con lo que debemos ser legítimamente ambiciosos y buscar el inversor extranjero como cliente preferencial, y para ello debemos potenciar nuestras particulares Marbellas de cara al exterior», apunta Iglesias.

 Si no se hace, advierte, se corre el riesgo de ceder al empuje del norte de Portugal, que sí está aprovechando el reclamo turístico de Oporto para crecer.

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