Más mujeres trabajando que nunca... pero con los mismos problemas de siempre

Alta temporalidad, jornadas a tiempo parcial y la brecha salarial, la otra cara del récord de afiliación femenina en mayo


Redacción / La Voz

La herida más visible de la crisis, el zarpazo en el mercado laboral, con la destrucción de 3,3 millones de empleos, quedará suturada este mismo mes. Han hecho falta once años, pero la Seguridad Social romperá por fin su récord histórico de cotizantes, por encima de la barrera de los 19,5 millones de afiliados que rozó, sin alcanzar, en julio del 2007, de cuando data el anterior pico. Lo hará impulsada por las contrataciones temporales para la campaña estival pero, también, y no es menor, por el crecimiento sostenido del empleo femenino que marcó en mayo su propio hito: en España ya hay, por primera vez en la historia, más de nueve millones de mujeres trabajando.

En el último año, de hecho, la presencia de mujeres en el mercado de trabajo creció más que la de los hombres, con un alza del 3,09 % en la cifra de afiliadas, frente a un 2,38 % en la masculina. Aunque la distancia se va acortando, la igualdad real queda lejos, ya que hay aún 1,2 millones más de ocupados varones.

La tendencia se replica en Galicia, donde en mayo también se rompió el techo de mujeres en el mercado de trabajo, con 492.932 afiliadas a la Seguridad Social, la cifra más alta de la serie histórica, que comienza en enero del 2009. El anterior pico se había registrado en julio del año pasado, con 490.689, pero como recuerdan desde la Consellería de Economía e Emprego, hay que tener en cuenta que no son meses comparables, ya que julio suele ser el de más ocupación del año en la comunidad, donde la campaña estival empieza más tarde que en otros puntos de España, por lo que es de esperar que la contratación siga creciendo con fuerza este mes y el próximo. 

La brecha se estrecha

Pero, al margen de las cifras absolutas, desde el Ministerio de Trabajo ponen el acento en la reducción de la brecha de género en los últimos años. Con dos ejemplos. La diferencia en la base de cotización media de hombres y mujeres, que en el 2012 era del 18,6 %, se ha reducido en siete décimas en los últimos siete años. Claro que a este ritmo harían falta casi 180 años para alcanzar la igualdad real, que no llegaría hasta el 2200.

Con más brío, casi trece puntos, se ha estrechado la diferencia en las nóminas de los pensionistas que ingresaron al sistema en ese mismo período de tiempo, aunque la de los hombres recién jubilados sigue siendo casi un 25 % superior a la de las mujeres que se retiran (1.210 euros de ellos frente a 911 ellas).

Y es que pese a todos los avances, la desigualdad es una realidad que constatan todas las estadísticas laborales, que muestran la cara b de esa mejoría del empleo femenino, que sigue siendo más precario y peor pagado que el masculino.

La primera muestra, en los contratos de trabajo. El 48 % de los que se suscriben en Galicia los firman mujeres, que sin embargo tienen menos acceso al empleo indefinido (casi cuatro puntos menos del que les correspondería) mientras son mayoría en los puestos temporales, especialmente en aquellos de muy corta duración, de un mes o menos. A más duración del empleo, más peso de la contratación masculina, que supera el 60 % en los que se firman para un año o más.

De hecho, las expectativas de que, al acabar un contrato, este se transforme en indefinido, es muy inferior para las mujeres que para los hombres: un 12,8 % frente al 19,8 % de ellos, según un estudio del Instituto Galego de Estatística.

Pero donde más se sigue percibiendo la desigualdad es en la nómina. Y aquí ya no hablamos de encuestas, sino de los datos fríos que maneja Hacienda, que en el 2017, último ejercicio del que hay datos disponibles, constataba en Galicia una diferencia retributiva superior al 21,5 % (4.400 euros al año), fruto del mayor peso de las jornadas a tiempo parcial y la ocupación en sectores con salarios más bajos.

«Hai quince días firmei un contrato por un ano e penso que renovarei»

l. Vidal

Clara está a prueba en una conservera de Cambados pero cree que seguirá en una empresa que está creciendo

Se acaba de estrenar en su nuevo puesto de trabajo, como técnico de calidad en una conservera de Cambados. «Levo quince días», dice Clara, que cumplirá 27 años en septiembre. «Estamos instaurando normas de calidade, un paso máis que nos abrirá novos campos e mercados», presume orgullosa esta joven natural de Rianxo, aunque residente en Vilagarcía. «Son das que penso que hai que moverse polo traballo, que o traballo non che vén á casa».

En su anterior empleo, en una planta dedicada a cocer mejillón, «non tiña mando nin decisión propia». Lo dejó por su actual empresa, que le ofrecía mejores condiciones. «Chamaron ao instituto, onde analizaron as candidaturas que se adaptaban mellor ao perfil que solicitaban. Fun á entrevista e á primeira xa me elixiron». Ha firmado por un año. «Estou de proba. Pero tendo en conta que hoxe o normal é que che fagan contratos de tres meses e che vaian renovando ás poucas, estou contenta. Síntome ben remunerada e teño un mes de vacacións», explica, optimista sobre su futuro: «A empresa está medrando».

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«Por primeira vez aparezo no grupo de cotización que me corresponde»

L. Vidal

Alba lleva menos de seis meses trabajando en una fábrica de congelados y precocinados

«Na extinción de incendios, de camareira... no que se podía», asegura Alba, de A Pobra, recordando sus primeros trabajos. En su actual ocupación lleva algo menos de seis meses. «É unha fábrica de conxelados e produtos precociñados», precisa. Llegó a ella a través de una plataforma on-line de búsqueda de empleo, en la que se había anotado. «Estando cunha bolsa noutra empresa chamáronme. A oferta era inmellorable e marchei». 

Encargada de la línea de producción, «chave inglesa en man», a sus 37 años se encuentra aún en fase de aprendizaje. «Estou cun contrato de formación, eventual». La prórroga expira esta semana y confía en que la hagan indefinida. «Síntome unha privilexiada. É a primeira vez na miña vida laboral que na nómina me poñen o grupo de cotización que me corresponde. Aquí, a igual posto, igual soldo. E páganche as horas extras». Lo dice consciente de que esa debería ser la norma. Pero para llegar hasta donde está hoy ha tenido que atravesar un camino difícil. «Non foi doado. Cun irmán pequeno, miña nai e máis eu tirando da economía familiar, e, por veces, nun ano enteiro podendo traballar entre as dúas tan só tres meses», reconoce, muy crítica con las condiciones que se dan en la industria: «Agora porque subiron o SMI, pero hai non moito os soldos non chegaban aos setecentos euros, e son moi habituais contratos de sete meses e logo o resto do ano mándanche para a casa».

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