Los astilleros rompen una racha de 15 años destruyendo empleo

Todo el sector privado crece, excepto Vulcano y Metalships


redacción / LA VOZ

Hijos de J. Barreras, el mayor astillero privado de Galicia, contaba con 384 trabajadores en 1976, cuando pertenecía al INI (Instituto Nacional de Industria). Hoy, con 162 empleados, tiene la mayor plantilla del sector privado, tras las 38 incorporaciones que han llegado con los pedidos de las navieras The Ritz Carlton, Havila y Armas.

Le siguen, por número de operarios, Nodosa (Marín) con 111 trabajadores; Metalships con 71; Freire Shipyards y Cardama, con 65, cada uno; Factorías Vulcano, con 67; y Armón Vigo, con 31 empleados. En total, los astilleros privados gallegos emplean a día de hoy a 515 personas, 40 más que el año pasado, por el aumento de la cartera de pedidos, pero casi 300 menos que en el año 2004, cuando el sector empezó su gran transformación hacia el modelo de astillero de síntesis que, explicado de forma muy simple, consiste en externalizar o subcontratar cuantas más fases del proceso productivo, mejor, para abaratar costes.

Esta estrategia, que en la práctica se traduce en astilleros con un número mínimo de trabajadores propios, y la subcontratación de buena parte de la actividad en una industria auxiliar que suma más de 12.000 empleos en Galicia, ha hecho que en los últimos 15 años las plantillas no hayan dejado mermar y que la racha de caída del empleo solo se haya roto en el presente año, debido a la necesidad de reforzar oficinas técnicas y puestos ejecutivos, según se desprende el informe que Comisiones Obreras presentó ayer sobre el sector.

Frente a las nuevas contrataciones constadas en casi todos las factorías en el 2019, el documento constata la pérdida de efectivos de Vulcano y Metalships, derivadas de una menor actividad.

Síntesis de empleo

Pero el incremento de plantillas constatado en el presente ejercicio no tiene mucho más recorrido, según explican fuentes del sector. La reducción de plantillas propias es una de sus principales bazas para luchar contra la competencia feroz que acecha desde cualquier lugar del mundo, y en especial desde Extremo Oriente. Los avances tecnológicos han hecho posible que cualquier astillero pueda construir buques de idénticas prestaciones, de modo que la única diferencia radica en el precio final. Aquel que consiga reducir costes de producción y vender más barato será el que se lleve el contrato.

Pero los sindicatos siguen cuestionando el modelo de síntesis y CC.OO. aprovechó para instar una vez más a los astilleros a aumentar sus plantillas propias, y a recuperar parte de los procesos productivos externalizados, como fórmula para garantizar una mayor estabilidad laboral. El sindicato es crítico con la «subcontratación barata de las tareas técnicas», una práctica que estaría provocando, según denuncia, múltiples retrasos por desajustes, lo que supone también un incremento de costes». Rechazan también la contratación de empresas extranjeras para abaratar costes de mano de obra.

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