Inditex: 427 euros para cada empleado, y no acaba ahí

La multinacional reparte la paga del plan de participación en beneficios entre 92.000 trabajadores


Como todos los últimos viernes de mes, los 174.000 empleados de Inditex en el mundo recibieron su nómina el pasado día 26 de abril. Pero en esta ocasión incluía la paga del plan de participación en beneficios, que recibieron 92.000 personas.

Todos la misma cantidad en cada uno de los países. En España tocaban 427 euros para cada uno de los afortunados, independientemente de su posición o tipo de jornada laboral.

La medida se había anunciado a la plantilla en varias ocasiones. Una de las últimas en la presentación de resultados del año que tuvo lugar en marzo. Pocas semanas después, pero ya en el mes de abril, la empresa que preside Pablo Isla emitió un comunicado a toda la plantilla en el que ofrecía más datos: en total se repartirían 32 millones de euros entre los empleados que tienen más de dos años de antigüedad en la empresa. De la citada cantidad siete millones se corresponden con la cantidad prometida en función del crecimiento del beneficio y 25 por la aportación adicional decidida por la empresa (esta última había sido el año anterior de 21 millones) como agradecimiento «del compromiso» de los que forman parte de Inditex.

El comunicado interno -de muy pocas líneas- acaba reiterando la misma idea: «De nuevo queremos agradeceros vuestra contribución y esfuerzo en el día a día de la empresa». Los trabajadores leyeron la carta y quedaron encantados, pero con la misma intriga con la que recibieron en aquella presentación de resultados el anuncio de que los planes de participación en beneficios cambiarán. Fue entonces cuando Isla explicó que el plan que entró en vigor en el 2019 estaría ligado al incremento de ventas. Ni una pista más, con lo cual las preguntas entre la plantilla comenzaron a multiplicarse porque no todas las tiendas tienen la misma ubicación y, por lo tanto, venden lo mismo, no todos los empleados trabajan en tienda, no todos tienen la misma responsabilidad. Pasado el tiempo la compañía no ha desvelado el secreto. Dentro de la empresa se intuye que se lanzará un nuevo plan similar al anterior -nunca peor? pero que los objetivos serán específicos.

Es previsible que la multinacional dueña de Zara, que cada año paga un volumen de nóminas de 4.136 millones de euros, desvele la solución a este acertijo antes del próximo 12 de junio cuando se presentarán los resultados del primer trimestre. Mientras tanto, dicen que toca esperar y entretenerse viendo la trayectoria de la cotización de la compañía, que el jueves repartió casi 1.400 millones en dividendos -Amancio Ortega, primer accionista, ingresó 813 millones, más o menos la mitad de lo que recibirá en el año-. ¿Por qué llama la atención la evolución de la acción? Porque desde que el día 25 de abril firmas de inversión como Morgan Stanley cargasen de nuevo contra la multinacional advirtiendo de las presiones que sufre para seguir creciendo, el precio de los títulos se ha mantenido muy lejos del nivel de los 21 euros fijados por la norteamericana como precio objetivo. Curioso. ¿O no? Nos falta saber quién se está haciendo de oro. 

Una silla y una mesa en Zara... y ya está

Sofía Vázquez

Amancio Ortega quiere pasar desapercibido y lo intenta y lo intenta, pero no lo consigue. Construyó Inditex, un empresón que está en el punto de mira los actores mundiales del mundo económico. A sus 81 años sigue haciendo lo mismo que a los 35: preocuparse por Zara y compañía. Por lo demás, vive en una Galicia que protege su intimidad

Ni va a la última moda ni se espera. Azul, gris y blanco, y sin corbata. Amancio Ortega, que es algo más que uno de los hombres más ricos del mundo, no está preocupado por la subida y bajada de la bolsa ni pierde un minuto de su vida en saber quién ocupa el número 1 de la lista Forbes , en la que preferiría no salir pero eso es imposible.

Ortega se ha convertido en el icono de las grandes fortunas. Sin embargo, hay muchas maneras de ser rico. Por ejemplo, él no ha heredado ni fortuna ni ninguna empresa de su abuelo o de su padre. Tampoco ha logrado crecer en torno a la especulación, ni ha multiplicado su fortuna en acciones con límites difíciles de explicar o aprovechándose de concesiones o subvenciones estatales. Lo que sí recibió fue un mensaje claro y transparente como el agua el día que fue a la tienda con su madre, y la dueña le dijo a la mujer: «Señora Josefa, lo siento mucho, pero ya no le puedo fiar más dinero».

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