Los trabajadores navales que luchan contra el exilio

La plantilla del astillero de Sestao, en quiebra, puede reincorporarse a Navantia pero lucha para que SEPI y Gobierno vasco asuman la factoría, que tiene pedidos, y así poder quedarse en casa

Extrabajadores de La Naval de Sestao afectados por el ERE se manifiestan en Bilbao
Extrabajadores de La Naval de Sestao afectados por el ERE se manifiestan en Bilbao

ferrol / la voz

«No nos vamos a rendir. Nos tienen que dar la maleta en la mano y llevarnos al tren». El que así se expresa es Juanjo Llordén, secretario del comité de empresa de La Naval, astillero que fue público hasta el 2006, cuando fue privatizado con otras factorías de la entonces Izar. Con la planta en quiebra, los 173 trabajadores tienen la opción de ser recolocados en Navantia, pero luchan desde hace meses por evitar el «exilio» que implica esa medida.

Todos los trabajadores que integraban la plantilla de la factoría vasca cuando salió de la órbita pública tenían firmadas unas garantías de mantenimiento del empleo hasta noviembre del 2016, de forma que hasta ese momento podrían solicitar la reincorporación en la empresa pública, aunque posteriormente rubricaron una prórroga, que es la que acaba de culminar. 

Los operarios batallan por la permanencia de sus puestos en esa localidad vasca, pero los 150 que tienen reconocido ese derecho -por haber sido contratados antes de la privatización- han confirmado a la SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales) que quieren hacer gala de él. Blindan así sus empleos, pero dejan claro que será el último cartucho que quemarán, mientras continúan promoviendo movilizaciones y reuniones políticas con las distintas administraciones para intentar reflotar la empresa.

La SEPI envió a los trabajadores una carta en la que tenían que manifestar si querían incorporarse ya o dentro de tres meses, y también especificar sus preferencias en cuanto a destinos. Aunque la corporación pública no ha aclarado cuántos empleados se han decantado por cada astillero, algunas fuentes apuntan a que, con criterios lógicos de proximidad, la Navantia gallega es la elegida por la mayoría. 

«El 90 % de los trabajadores llevamos más de 35 años en la empresa. De media, entramos con 14 años y ahora, con 51, 52 o 53 años, que te digan que tienes que irte a 700 kilómetros de tu casa... La mayoría tiene hijos en edad escolar y padres mayores», reseña Llordén. «Es una situación francamente difícil», admite Manuel Velado, responsable del sector naval a nivel estatal de UGT, que junto a CC.?OO. forma parte de la comisión de seguimiento de los acuerdos de privatización.

Mientras que el CAT, sindicato al que pertenece el secretario del comité de empresa, defiende que es legalmente posible que el Gobierno central y el vasco adquieran el astillero, que se encuentra en proceso de liquidación -por lo que no sería ayuda de Estado-, UGT incide en que el Ejecutivo ya ha hablado y rechaza esa opción.

Ocupación para 20 meses

A diferencia de otras empresas del sector naval, cuyo crac se produce después de un período de gradas vacías, La Naval murió de empacho, dejando a medio hacer una grada para el armador holandés Van Oor.

La plantilla reivindica que SEPI y Navantia compren ese activo y lo terminen en la planta de Sestao, con lo que calculan que se generaría ocupación para mil operarios durante veinte meses. El CAT esgrime un informe encargado y el contenido de una reunión mantenida en Bruselas con autoridades comunitarias, pero ni el Ejecutivo central ni el autonómico están por la labor.

Desde enero no se reúne la comisión de seguimiento de los acuerdos, pero eso no ha sido óbice para que los operarios hayan desistido. La mayoría considera que el traslado es la última de las opciones que se plantean. En ese caso se encuentra Alberto Vázquez, que empezó de aprendiz, como muchos de sus compañeros, cuando apenas iniciaba la adolescencia, y que, después de estudiar Enfermería, trabajó desde el año 91 en el servicio médico del astillero. Es muy crítico con cómo se está desarrollando ese proceso y reclama saber las condiciones de los puestos para después elegir destino, «y no al revés».

Aunque los operarios de La Naval tampoco ocultan su preocupación por cómo serían recibidos por la plantilla de Navantia, entre los trabajadores de la empresa pública no existe todavía mucha información sobre lo que va pasar. La dirección de la compañía ha transmitido a los sindicatos que los empleados de la planta vasca se incorporarán sin que se varíe el número de futuros empleos comprometidos en el plan estratégico.

Las elecciones generales parecen haber dejado el proceso en suspenso. Algo más de oxígeno en su lucha contra el exilio.

Competitividad industrial: España, tenemos un problema

M. Sío Dopeso

Alcoa, Cemex, Vestas, La Naval, Gamesa. El cierre de fábricas arrecia y las multinacionales avisan. El alto precio de la luz, el alza del salario mínimo y la presión fiscal dispararán los costes de producción y las deslocalizaciones.

En la era de los datos, todo se puede medir con números, incluso eso tan abstracto que las empresas llaman competitividad. La coctelera big data en la que las empresas meten costes fijos como la energía o la mano de obra; los impuestos que pagan y los incentivos que perciben, una vez bien agitada, configura un mapa de los lugares en donde la producción sale más rentable, y en ese plano a España hay que verla ya con lupa.

Los cierres anunciados en las últimas semanas dejan patente un problema de falta de competitividad de un sector clave para la economía españolas, que genera casi el 17 % del PIB.

Seguir leyendo

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Los trabajadores navales que luchan contra el exilio