Los jóvenes que luchan contra la Galicia vacía

Ellos no se van. Son agricultores o ganaderos por vocación en un medio rural que no quieren ver desierto

A. Manso M. Souto A. López

A Coruña / La Voz

En la primavera del 2016 José Antonio Balsa tenía claros sus planes. Estaba cursando segundo del ciclo superior de Ganadería y quería presentar el plan de mejora de la explotación familiar para optar a una ayuda del Programa de Desarrollo Rural (PDR). Fue la primera vez que salió en prensa en un reportaje sobre el futuro del sector. Tres años después, este joven de 22 años es cotitular de la ganadería, cuya puesta a punto es una realidad.

No hizo caso de aquellos que lo animaron a abandonar. El consejo habitual en un municipio que bien podría abanderar el éxodo de la emigración gallega en Suiza. En Ginebra, los de Tordoia cuentan con centro cultural y equipo de fútbol propios. «Foise moita xente. Non o envexo, para min é un privilexio estar aquí. Ser o meu xefe, vivir do campo. Dáme rabia cando escoito comentarios negativos como: ‘No rural, formación pouca’. Por que? Ou ‘é un traballo escravo’. É cuestión de organizarse», defiende.

Dáme rabia cando escoito comentarios negativos como: ‘No rural, formación pouca’

Cuatro de cada diez

Está al frente de un negocio con 90 vacas en ordeño en la comarca de Ordes. Es uno de esos jóvenes gallegos que luchan contra la Galicia vaciada. «Quedaremos poucos, pero convencidos. Os gandeiros serán máis profesionais e cunha maior produción», pronostica. Una de las consecuencias de la huida de las generaciones más jóvenes a las ciudades se palpa en el sector lácteo.

En el 2018, 382 jóvenes gozaron de las ayudas de Medio Rural, casi un 40 % menos que hace tres años Los cálculos de la Asociación Terra e Leite, presentados en unas jornadas organizadas por la Fundación Juana de Vega de A Coruña, cifran en casi 4.000 las explotaciones gallegas que tienen como titular a una persona de más de 55 años. Esto significa que cuatro de cada diez granjas lácteas echarán el cierre en un decenio si no consiguen un relevo.

«Mesmo as máis viables non son conscientes do que se lles vén enriba. Non chega con funcionar ben hoxe», advierte el presidente de Terra e Leite y empresario del sector agroganadero en Progando, Xosé Turnes. El reto no es solo gallego. Según un informe del Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores, solo el 7 % de los agricultores de la UE tienen menos de 35 años, un porcentaje que en el caso de España baja al 5,3 %. «A diferenza é que en Francia están a tratar esta ameaza. Nós non falamos en serio do problema», matiza Turnes.

Falta de relevo

Las ayudas PDR que reparte la Consellería de Medio Rural son uno de los indicadores para saber cuántos jóvenes -mayores de 18 y menores de 41- se dan de alta como titulares o socios de producciones agropecuarias. En el 2018, las recibieron 382. Un 38 % menos que en el 2016, cuando fueron 618, y un 25 % menos que en el 2017, año en el que se otorgaron 465. «Aprobamos a totalidade das solicitudes que cumpren os criterios esixidos. Van dos 25.000 euros aos 70.000», detalla Nicasio Mejuto, subdirector xeral de Explotacións Agrarias. «En Galicia temos un despoboamento grave», valora, al mismo tiempo que admite que solo con subvenciones no se puede atraer a los jóvenes. «Piden servizos, como nas cidades», reconoce. Además, la ayudas PDR se limitan a la producción primaria, no a la transformación de derivados.

El elevado coste que supone modernizar una granja y la falta de «unha mellor ordenación do territorio» son dos de las trabas que subraya Xosé Turnes. «Precisamos máis superficie. En Francia, onde estiven, non hai explotacións de menos de 120 hectáreas. A administración tiña que mirar máis por nós, no lugar de plantar tantos eucaliptos», dice el ganadero José Antonio Balsa.

 

«Temos un problema de man de obra. Aínda hai moita explotación laboral. As condicións teñen que ser equiparables ás do resto dos sectores. Logo, están as herdanzas. Moitas granxas están abocadas ó conflito. Apenas unha vintena son SL (sociedad limitada), as sociedades máis comúns entre as pemes. A estrutura legal é pouco dinámica para facilitar a transición. O rural segue cunha normativa do século XIX», expone Turnes. José Antonio Balsa señala otro factor: «As mensaxes sempre son negativas. Todo é malo. Deberían dar esperanzas, en vez de quitalas».

«La educación no puede formar profesionales para desertar, debe crear arraigo territorial»

m. méndez

Luis García dirige uno de los centros de Formación Profesional (FP) que adiestran en Galicia a técnicos superiores en Ganadería o en Paisajismo y Medio Rural.

-¿Preocupa la falta de relevo?

-La falta de relevo generacional es el gran problema. Durante años, el foco estuvo en los objetivos técnicos, en la reforma de las explotaciones, en el aumento de la cuota... Había otras prioridades. Hay que poner el foco en los objetivos humanos. Y con urgencia.

-¿Cómo?

-Tenemos que hacer que sea un sector atractivo. Los empresarios ganaderos tienen que mejorar las condiciones laborales y el entorno de trabajo. Necesitan asalariados cualificados para profesionalizar el sector y tienen que tenerlos en consideración. Por otro lado, las administraciones deben invertir en servicios e infraestructuras en el medio rural.

-¿Qué papel juega la educación?

-Lo que se enseñaba hace diez años ya no vale hoy. Pero no se trata solo de los contenidos. En Galicia hemos estado durante mucho tiempo formando a jóvenes para el éxodo, para desertar. La educación tiene que servir para crear arraigo territorial. No se trata solo de salvar la papeleta de tu explotación, hay que dinamizar, generar desarrollo local.

-¿Aún pesan los estereotipos?

-Se transmitió una imagen distorsionada de la realidad. Cualquier trabajo era más atractivo. Socialmente, el medio rural estaba mal visto. Como algo de segunda clase. Hay que dignificarlo. Las relaciones urbano-rurales no pueden ser contradictorias. Ambos ecosistemas deben de tirar el uno del otro. Nuestro centro está en Coristanco, solo nos separa media hora en coche de A Coruña.

-¿Es un problema exclusivo de Galicia?

-Sucede en toda Europa. La diferencia es que, por ejemplo, Francia lleva años analizando el problema de las jubilaciones. Aquí, tenemos un medio rural congestionado en mano de obra.

-¿Hacen falta referentes?

-Sí, necesitamos ejemplos positivos. Mostrar lo que están haciendo muchos jóvenes a día de hoy o que en el rural trabajan desde profesionales universitarios a estudiantes de un ciclo.

-Pero ¿de verdad hay trabajo aquí?

-Lo hay. Es un sector con muchas posibilidades que necesita diversificación y complementariedad dentro de la misma explotación. El lácteo es nuestra industria más importante, pero hay campo más allá de la leche. También hay que aumentar el valor añadido, avanzar en la transformación, innovar. La Administración tiene que hacer un esfuerzo [las ayudas de Medio Rural se centran en la producción primaria], ya que la mayoría son pequeñas explotaciones familiares.

-¿Cómo está aquí el papel de la mujer? ¿Es el rural un medio masculinizado?

-A los ciclos, poco a poco, empiezan a apuntarse más chicas. Para contar con jóvenes profesionales, también debe ser un sector atractivo para ellas. En Galicia siempre hubo mujeres trabajando en el campo. Haciéndose cargo de las explotaciones o de las huertas. El problema es que, en las reuniones de la cooperativa, ellas se quedaban en casa y solo asistían sus maridos.

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