Bankia ocultó más de 20.000 millones de euros en créditos morosos antes de salir a bolsa

El inspector del Banco de España que los revisó, José Antonio Delgado, tacha esa operación de «maquillaje» y dice que el propio Rodrigo Rato admitió en marzo del 2012 su «inviabilidad»


madrid/ colpisa

Bankia habría ocultado más de 20.000 millones de euros en créditos morosos antes de su polémica salida a Bolsa en julio de 2011, con lo que las cuentas que presentó entonces no reflejarían su «imagen fiel» y podría haberse producido un engaño a decenas de miles de pequeños inversores. Así al menos lo apuntó este lunes ante el tribunal de la Audiencia Nacional que juzga esa operación el inspector del Banco de España José Antonio Delgado, quien se convierte así en el primer gran testigo de cargo contra Rodrigo Rato y la antigua cúpula de la entidad.

Delgado, corresponsable del equipo de inspectores del supervisor empotrado en Bankia y encargado de revisar el estado de sus préstamos, vino a contradecir muchas de las afirmaciones realizadas por los acusados semanas atrás y también por su antiguo jefe, el exgobernador Miguel Angel Fernández Ordóñez. Así, frente al valor que este dio a la fusión fría (SIP) de las siete cajas de ahorros que alumbraron Bankia, su exsubordinado lo tachó de «operación de maquillaje» para que «el muerto no parezca que lo está».

También rebatió la importancia que se le ha dado a la crisis económico-financiera respecto a la situación contable del banco. En este sentido, negó que la reformulación de las cuentas de 2011 que tuvo que hacer el actual equipo gestor presidido por José Ignacio Goirigolzarri se debiera al impacto de la recesión, «Es falso que fuera por el entorno», señaló este testigo, para quien en realidad «recoge la morosidad encubierta que el Banco de España ya manifestaba desde hace tiempo», en referencia a las alertas de su equipo.

«De los 40.000 millones de riesgo promotor que tenía Bankia, más de la mitad estaba clasificado indebidamente como normal», reveló este inspector. Como ejemplo de lo que encontró habló de «segundas y terceras refinanciaciones en Bancaja», la segunda caja de mayor peso en el banco pero a la que tachó de «muerto» a nivel financiero por el pésimo estado de sus números, mientras que de Caja Madrid dijo que «era un moribundo».

El problema, explicó al tribunal, era que el banco «declaraba menos morosidad de la real y se apuntaba el cobro de intereses ficticios». Pero lo peor, incidió a preguntas de la fiscal Carmen Launa, es que esos préstamos mal clasificados -que permitieron «maquillar» la realidad y que la entidad se ahorrase una suma multimillonaria en provisiones- procedían de la etapa anterior a la fusión «y se fueron arrastrando». «Nadie se preocupó de comprobar los balances de las cajas antes de su integración», criticó al supervisor.

Este testigo habló primero de información «incorrecta», referida a la calificación de los créditos, para luego calificarla directamente de «falsa» cuando habló de los datos de partida que se tomaron para la fusión. Pero si el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el auditor no hubieran respaldado el plan, «claramente no hubiera salido adelante», dijo en claro tono de censura.

El banco «malo» y el «peor»

Como antiguo secretario general de la Asociación de Inspectores del Banco de España, Delgado ha tenido varios roces con la cúpula del banco en su carrera, como reconoció al comparecer en el Congreso en noviembre de 2015 dentro de la comisión especial sobre la crisis financiera. Allí denunció «la captura del supervisor ante la influencia negativa de las propias entidades supervisadas», y se quejó de haber sido «apartado» de su trabajo de revisión «un año» porque «me dijeron que no tenía cintura ni flexibilidad».

Este lunes acudía al juicio de Bankia como testigo -«no es un perito», recordó la presidenta del tribunal-, pero su tono no distó mucho. Así, dijo que entre los inspectores que revisaron el grupo presidido entonces por Rato «se decía que había un banco bueno (Bankia) y uno malo (BFA), pero realmente había un banco malo (Bankia) y otro peor (BFA)».

El estado de la matriz, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA), era especialmente malo, algo en lo que ya han incidido más testigos. Su «mala» situación de partida se hizo «inviable» tras el fuerte descuento aplicado en las acciones de Bankia en su estreno, señaló Delgado, quien aseveró que la entidad y el supervisor estaban «informados de todas las deficiencias», cuyo tono cada vez era de «mucha más gravedad».

De hecho, dijo que en una reunión con el propio Rato el 6 de marzo de 2012 les reconoció que BFA era ya «absolutamente inviable» y que para Bankia «analizaba algún tipo de solución» porque «era consciente de tener pérdidas que no se reflejaban». Sin embargo, a este inspector le llamó la atención que ellos estaban «más preocupados que el propio equipo gestor del banco».

En ese encuentro le reprocharon, además, que tuviera una política de retribuciones «disparatada» en el grupo «nada acorde con la crisis». No fue la única crítica que le hicieron de primera mano al entonces máximo responsable del grupo BFA-Bankia: «le dijimos que la información contable era más que mejorable, que la auditora actuaba más como consultor que como órgano de control, que las líneas internas no estaban claras, que la cartera crediticia estaba deteriorada y existía morosidad no reconocida, que había una sobredimensión de personal y que carecía de un plan claro». Y aún así Rato llegó a declarar a principios de enero en el juicio que el banco «estaba igual o mejor que otros» competidores.

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