La desaceleración que viene

Algunos de los indicadores clave advierten del frenazo de la economía


madrid / la voz

De «delicado» calificó esta semana Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), el momento que vive la economía internacional. A punto de publicar la actualización de sus previsiones de crecimiento, el organismo alerta de que la economía pierde fuelle y de que su crecimiento es «precario» y «vulnerable», en contraste con la fortaleza de dos años atrás. El Banco Central Europeo (BCE) comparte la preocupación y también ha seguido la estela de la Reserva Federal americana (FED) de mantener los tipos bajos al menos un año más, amén de prolongar la liquidez a la banca y no descartar nuevos estímulos. Cualquier cosa para alejar el fantasma de una recesión. Pero, ¿la tenemos ya a las puertas? Y, sobre todo, ¿cuál es la situación de España en este contexto de frenazo generalizado?

Los expertos consultados coinciden en que, en clave nacional, no hay riesgo de recesión en un futuro próximo, pese a que las señales de ralentización del crecimiento, que comenzaron en el 2018, son evidentes este año. Algunos de los indicadores clave que testan la fortaleza de la economía advierten de la desaceleración: las matriculaciones de automóviles han caído casi un 7 % interanual en el primer trimestre, igual que el consumo de energía eléctrica (-4,5 % en marzo), la financiación del sector privado (casi un punto menos de enero a marzo) o las exportaciones, que funcionaron como motor para sacarnos de la crisis y que han retrocedido un 2,2 % en volumen y un 1,3 % en valor. También se han contraído las ventas de las grandes superficies, el crédito a las pymes y hay menor dinamismo en la creación de empresas, mientras que los indicadores de confianza industrial y del consumidor se han replegado un 2 %.

Pese a esas señales en rojo, otras continúan en verde, como el consumo, los indicadores del sector de la construcción o el índice PMI manufacturero (Purchasing Manager’s Index) publicado esta semana y que sitúa a España como único país que elude la severa contracción industrial que vive la eurozona, en mínimos desde el 2013. Con 50,9 puntos en marzo (rebasar los 50 avanza crecimiento del PIB y quedarse por debajo, contracción), la industria patria está más fuerte que la francesa, la italiana o la alemana. Esta última se quedó en 44,1 puntos, su peor lectura en siete años.

España resiste al contagio

Precisamente que el motor alemán dé signos de griparse (Italia ya está en recesión técnica y Francia va camino) es lo que inquieta a los expertos, por el impacto del debilitamiento de la economía europea en la española, al ser el principal destino de sus exportaciones. A esto se suma otro ramillete de riesgos, tanto externos como internos: desde la guerra comercial entre China y EE.UU. al brexit, pasando por las elecciones que trufan el calendario.

«Aunque los indicadores presentan una tendencia descendente, por el momento no es preocupante», asegura Rafael Galán, economista y creador del portal Perpe.es. Coincide María Jesús Fernández, economista senior de la fundación de las cajas de ahorro (Funcas) y coordinadora del panel de previsiones de la economía española, que en su última actualización, de marzo, mantenía respectivamente en el 2,2 % y en el 1,9 % el crecimiento del PIB para este año y el próximo.

«De momento no se nos ha contagiado el agotamiento de la eurozona gracias al dinamismo de nuestra demanda interna», explica Fernández, para puntualizar que mantener esa inmunidad en el futuro (las previsiones de alza del PIB en España doblan al de la eurozona) dependerá de si el frenazo exterior es o no transitorio.

Preocupa la política del Gobierno de expansión del gasto

La política procíclica de Pedro Sánchez -aumento del gasto público, subida de impuestos- es una de las preocupaciones de los expertos, con los ojos puestos en los próximos comicios generales y el Ejecutivo que resulte. Salvando las distancias, se trata de no reeditar el escenario del 2008, cuando la ralentización derivó con rapidez en recesión.

«Esperamos que el PIB crezca este año un 2,1 % y el próximo un 1,7 %. Nuestra economía está resistiendo gracias a la fortaleza del consumo (las subidas de las pensiones y de los sueldos de los empleados públicos, junto con los bajos tipos que favorecen el crédito, provocan un efecto dopaje) y a la inercia del pasado ejercicio, en el que crecimos un 2,7 %. Pero cuando desplieguen todos sus efectos las medidas aprobadas por el Gobierno -más gasto y más impuestos-, empleo y consumo se verán afectados. Y ese es el escenario preocupante que esperamos el próximo año», argumenta Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas (CGE).

Esa inquietud por la necesidad de adecuar la política económica al cambio de ciclo está detrás del documento enviado esta semana por el CGE a todos los partidos políticos, de cara a las elecciones, con propuestas para «un desarrollo socioeconómico inclusivo y sostenible». «Mientras retroalimentamos discursos de campaña plagados de eslóganes y mensajes simples, sigue habiendo sobre la mesa cuestiones trascendentales para nuestra economía sobre las que habrá que tomar decisiones inmediatas», dicen, pidiendo reformas en pensiones o financiación autonómica.

Por su parte, Rafael Galán advierte que el nuevo Gobierno debe «prepararse para un escenario adverso, que llegará, teniendo en cuenta que el 2020 puede ser un año más complicado y en el que creo, como muchos otros analistas, que podría llegar una nueva crisis global».

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