De locos: la luz baja, pero el recibo sube

La factura fue dos euros más barata en marzo, pero está a punto de engordar tres más como mínimo por la aplicación de impuestos y regularizaciones del 2013

Las centrales eléctricas pagan de nuevo el impuesto de generación del 7 %
Las centrales eléctricas pagan de nuevo el impuesto de generación del 7 %

La Voz

El viento ha contribuido sobremanera a que el precio de la electricidad en el mercado mayorista en marzo se haya desinflado en relación al mes anterior. El impacto de ese descenso en la factura de la luz doméstica ha sido de un discreto 2,7 %, unos dos euros mensuales de ahorro para una familia tipo, con una potencia contratada de 4,4 kilovatios y un consumo mensual de 250 kilovatios hora. Son cálculos realizados a partir del simulador de factura de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia.

Pero ese pequeño respiro durará lo que un suspiro. Porque desde ayer está en vigor de nuevo el cobro de dos impuestos que gravan la generación de electricidad, y que el Gobierno suspendió en octubre durante seis meses para mantener a raya el precio de mercado. Aunque esas tasas las tienen que abonar las compañías, esas las repercutirán en el precio de mercado y, por tanto, en la factura de los consumidores.

Esa vuelta a la normalidad se traducirá en un incremento medio en el recibo de la luz de 1,61 euros mensuales, según estimaciones realizadas por la Axencia Provincial da Enerxía. Así que buena parte del ahorro inicial, a la basura.

Pero aquí no acaba la cosa. La factura de cada gallego engordará otros 1,30 euros al mes durante un año, o sea, 15,72 en total, a fin de saldar una deuda con las compañías eléctricas que asciende a 31 millones. Ese es el dinero que pagaron las empresas en el 2013 por los distintos tributos autonómicos que penalizan la producción de energía en la comunidad. A saber, canon de saneamiento, hidráulico, eólico y ecotasa. ¿Y por qué hay que devolvérselo? Fundamentalmente porque así lo ha sentenciado el Tribunal Supremo. Y lo ha hecho porque así lo establecía un real decreto que estuvo en vigor durante un año, el 2013, que desarrollaba la ley del sector eléctrico. Tal real decreto, luego derogado, decía: «En caso de que las actividades o instalaciones destinadas al suministro eléctrico fueran gravadas, directa o indirectamente, con tributos propios de las comunidades autónomas o recargos sobre tributos estatales, al peaje de acceso se le incluirá un suplemento territorial que cubrirá la totalidad del sobrecoste provocado por ese tributo o recargo y que deberá ser abonado por los consumidores ubicados en el ámbito territorial de la respectiva comunidad».

Tras varios apercibimientos del Supremo, a mediados de marzo, el Ministerio para la Transición Ecológica dio orden a las compañías eléctricas para empezar a cobrar ya esos suplementos territoriales, que no afectan solo a Galicia, aunque sí es la comunidad que más dinero debe a las compañías, porque es la que les cobra más impuestos propios.

Las empresas tienen unos cinco meses más de plazo para empezar a aplicar las regularizaciones. Este nuevo concepto temporal en la factura vendrá claramente reflejado. Dirá que se trata del cobro de un suplemento territorial por tributos autonómicos, según la orden el Gobierno a las compañías.

Naturgy, principal comercializadora de energía eléctrica en Galicia, todavía no ha decidido cuándo empezará a emitir los recibos con ese recargo. Pero estos no tardarán en llegar.

Los impuestos autonómicos responsables de esos suplementos siguen en vigor, aunque el impacto en el precio de producción eléctrica es asumido de forma lineal por todos los consumidores, no solo por los gallegos.

Y todo en el tercer paraíso de las eléctricas

f. fernández

Galicia vende el 24 % de la energía que produce, pero la factura cuesta igual que en Madrid, que es un erial

Galicia le está viendo las orejas al lobo. Una industria de la talla de Alcoa amenaza con cerrar la histórica fábrica de aluminio primario de A Coruña porque, entre otros factores, no puede soportar un precio de la electricidad más elevado que en otros países europeos y, por tanto, le resulta complicado competir con ellos. Y eso que desde que la multinacional estadounidense llegó a España, hace veinte años, recibe incentivos públicos para abaratar su factura. Solo entre el 2015 y el 2018 se embolsó 500 millones de euros. Pero, dice, ya no son suficientes. En parte porque los fondos para ello han menguado este año (redondeando, han pasado de 500 millones a 300); y en parte porque el precio de mercado de la electricidad anda por las nubes.

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