La burbuja del alquiler expulsa a miles de temporeros del mercado laboral

Baleares ofrece pisos a 1.200 euros, y hay colchones a 500, la mitad de muchos salarios

Antiguos trasteros reconvertidos en apartamentos turísticos
Antiguos trasteros reconvertidos en apartamentos turísticos

redacción / la voz

Turismo y vivienda, dos de los principales pilares que cimentan la economía española, se baten en duelo. Han dejado de entenderse y las consecuencias comienzan a impactar directamente sobre el empleo. El sector turístico ya no tiene quien limpie, cocine, venda billetes de avión, alquile coches o recepcione las maletas. Sencillamente, porque los desproporcionados precios del alojamiento residencial superan en muchos casos los salarios que muchos trabajadores temporales reciben por la prestación de estos servicios durante la campaña turística por excelencia que está a punto de comenzar.

Las patronales de los sectores afectados han empezado a tomar medidas para invertir la tendencia. El desplazamiento de profesionales de la península a los archipiélagos se reduce y literalmente se están quedando sin cubrir numerosas vacantes en las áreas de restauración y hostelería. También cuesta reponer puestos de médicos, profesores o personal de Justicia durante el resto del año. Las fuertes subidas que ha experimentado el mercado del alquiler obligan a tal esfuerzo que ya no compensa. En muchos casos, los inquilinos se ven obligados a reservar al menos el 50 % de los ingresos netos al pago de estas rentas. Así lo reconoce la Confederación de Empresarios de Baleares (CAEB) y del comercio turístico de esa comunidad. Afirma que la situación resulta insostenible. Ya son cuatro las comunidades españolas donde el esfuerzo para pagar un alquiler es excesivo, con Baleares a la cabeza. Según un estudio de Alquiler Seguro, en el archipiélago mediterráneo el 45,5 % de los ingresos netos se destinan al pago del alquiler, un punto porcentual más que en el 2018. Le siguen Madrid, Cataluña y Canarias, todas ellas por encima del 40 %, el tope recomendado por salud financiera para poder hacer frente al resto de los gastos mensuales (la media nacional se sitúa en el 37,31 %). 

Rozando la legalidad

Las dificultades para encontrar alojamiento en los próximos cinco meses se convierte en una auténtica pesadilla en lugares como Ibiza, Mallorca o Formentera. Los portales de alquiler dan buena muestra de ello y muchas de las ofertas no es que echen para atrás, es que resultan inaceptables. Arrendar una vivienda aquí cuesta, de media, 1.221 euros. Por quinientos se puede conseguir un sofá cama o, en su defecto, una litera alojada en un balcón.

En el hospital Can Misses de Ibiza se habilitó la antigua planta de pediatría para vivienda de los profesionales sanitarios
En el hospital Can Misses de Ibiza se habilitó la antigua planta de pediatría para vivienda de los profesionales sanitarios

También se han puesto en el mercado furgonetas con colchón por 650 euros al mes con derecho a ducha, eso sí, en los gimnasios públicos más próximos. En las redes sociales, convertidas en plataforma de denuncia, se prodigan grupos como Alquiler Razonable Ibiza, con más de 11.500 miembros en Facebook y creado, como rezan en su descripción, para poder ayudarse todos: «Que no tengan que convivir diez personas en un piso, porque el personal viene a trabajar y no se pueden pagar alquileres desorbitados».

En anuncios de alquiler se ofertan camas en furgoneta por quinientos euros y sin ducha
En anuncios de alquiler se ofertan camas en furgoneta por quinientos euros y sin ducha

La alarma que ha supuesto para los empresarios del sector el poder quedarse sin mano de obra para la temporada los ha llevado a buscar alternativas para la estancia de estos trabajadores. Compran edificios enteros y los habilitan como apartamentos para arrendar a temporeros. Incluso los hoteleros han vuelto a recuperar una práctica habitual hasta los años ochenta: disponer de espacios en los hoteles para albergar a sus plantillas.

Un problema que no hace más que acentuar los nubarrones que ya se ciernen sobre un sector que muestra evidentes signos de agotamiento y pérdida de dinamismo. En especial, en las comunidades tradicionalmente turísticas como los dos archipiélagos (Baleares y Canarias) y Andalucía. Sobre todo, porque la industria turística es sinónimo de riqueza en España, con una aportación de casi el 12 % al PIB nacional (un punto más que el que representa para Galicia), además de un importante impulso para el empleo, en buena parte estacional. Su actividad supuso un gran sostén para unas cuentas públicas y privadas muy erosionadas en los años más difíciles de la última crisis. Y seguirá así pese a la ralentización que todos los analistas auguran ya para este 2019.

Nerea Abad, A Coruña, 24 años: «Tuve que rechazar una oferta en Marbella»

Acaba de conseguir trabajo en Torremolinos, tras descartar una oferta en Marbella por el alto precio de la vivienda

«Llegué anoche de Palma y el finde me voy a Torremolinos. Empezaré a trabajar la próxima semana como adjunta a dirección en una cadena hotelera, que me ofrece alojamiento y comida». Con alegría desbordante, Nerea nos comunica que la entrevista de trabajo en la isla balear ha salido bien y que ya cuenta las horas para viajar a la Costa del Sol, su próximo destino laboral... obligado. Esta coruñesa tuvo que rechazar otra oferta previa en la flamante y vecina localidad de Marbella porque no podía asumir el alto coste de la vivienda. «Estuve cuatro meses de prácticas en el NH, de febrero a mayo del 2018, viviendo en una de las habitaciones del hotel. Compartida, eso sí». Tener alojamiento y manutención gratis le permitía sacarse unos 90 euros limpios al mes. Tampoco más. Pero iba tirando. El problema surgió cuando le ofrecieron continuar, con un nuevo contrato, que ya no incluía techo. «Imagínate pagar 500 euros o más por una habitación con un sueldo mileurista. Lo vi muy negro y les dije que así no me podía quedar», resume Nerea. «No voy a estar aquí perdiendo dinero en lugar de ganándolo». Otros compañeros siguieron el mismo camino: hacer la maleta.

Pablo García, A Coruña, 33 años: «Más de la mitad del sueldo se va en el piso»

Asegura que ya no compensa hacer el verano en la isla   

«En mi caso, el primer año en Ibiza compartí piso con un colombiano y una venezolana. Pagaba 350 euros por la habitación, pero era el 2013. A partir de ahí empezó a subir como la espuma». Y tanto que cambió la situación. A partir del segundo año de estancia en las Pitiusas, Pablo abonaba ya 600 euros mensuales por un piso en el que vivía con otro compañero. Y él no era de los peor parados. «Conozco gente que pagaba 800 euros y agua y luz aparte, o quien te alquilaba bajos en garajes por 450 euros. Todo muy precario y con muy mala baba -denuncia- por parte de ciertas personas que se quieren aprovechar. Eso repercute de forma negativa en el inquilino, pero también en el servicio que se presta: «Al final, no se cubren los puestos de trabajo con gente bien formada y las empresas acaban contratando personal menos cualificado». Eso, en caso de que se cubran esas plazas.

Pablo, que trabajó seis años en Ibiza (regresó a Galicia hace unos meses), asegura que «ya no compensa ir a hacer el verano allí porque más de la mitad del sueldo se te va en el alquiler». ¿Una isla solo para ricos?: «Para vivir en Ibiza tienes que compartir sí o sí, porque para permitirte el lujo de vivir solo tienes que contar con dos mil euros al mes».

Elisabeth Ramudo, Vilalba, 24 años: «Son 500 la habitación, con los gastos aparte»

Ha conseguido un contrato de trabajo tras las prácticas pero ya no le incluye el alojamiento  

Se siente afortunada porque acaba de conseguir habitación por 450 euros, gastos incluidos: «Le caí bien a la señora que me lo alquila y me rebajó cincuenta euros. Y con baño individual. ¡Un lujo!», exclama Elisabeth, que desde principios de marzo trabaja en el departamento de control y gestión comercial de una cadena hotelera. La parte buena es que ha conseguido quedarse tras un período de formación. La mala, que ya no le ofrecen alojamiento gratuito. «Hasta ahora me estaba quedando en unos apartamentos que tenía la empresa. Eran pisos de dos habitaciones y en cada una había dos camas». Con un sueldo inferior al de un empleado con contrato normal, esa baza compensaba la balanza. Pero esta empezó a inclinarse cuando firmó su nuevo contrato. «Muchos que empezaron conmigo de prácticas y se quedaron, como yo, están pagando 550 euros al mes, gastos aparte, y la habitación ni siquiera está en el centro, sino en las afueras». Reconoce que pensó en dejar la isla y que, si la situación no cambia, no le quedará más remedio dentro de unos años. «Es que no ahorras nada. Da para vivienda, comida y poco más. A mí me ganó que me gusta mucho mi trabajo y el ambiente que hay en la oficina. Si no, ya me hubiese ido».

Alberto Sánchez, A Coruña, 42 años: «Esto es inasumible. El mercado está desfasado»

Tras varios años residiendo. trabajando y sufriendo los precios de Ibiza, Alberto se lanzó a la aventura de comprar piso  

«En mi época era distinto», recuerda Alberto, que llegó a Ibiza con 18 y se quedó. «La escalada de precios empezó con el cambio de la peseta al euro». Él optó por comprar, alternativa que hoy, reconoce, no sería factible. «Si algún día me voy de aquí, lo vendo y me da para comprar en A Coruña o donde sea». Vive en un piso de 60 metros cuadrados con dos habitaciones, dentro de una urbanización con piscina y pista de pádel: «Podría alquilarlo perfectamente por unos 2.000 euros. Está claro que para gente que viene con una mano delante y otra detrás es inasumible».

Encargado del departamento de botones y servicio de transporte de un resort en la isla, Alberto pasó su propio viacrucis inmobiliario, reflejado ahora en las historias de otros compañeros: «Un cocinero que trabaja en el mismo hotel que yo pagaba el año pasado 900 euros por una habitación compartida con su novia». Y el desembolso no acaba ahí. «Muchas agencias te piden dos meses por adelantado más un depósito. El equivalente a pagar tres mensualidades de golpe».

 También es historia el hacerse rico con las propinas: «Ya no se cobra tanto. Los tiempos de bonanza pasaron». Y concluye, contundente: «Esto aquí está desfasado».

Sergio Sande, Santiago, 26 años: «Tengo unos gastos fijos al mes de 900 euros»

Comparte casa en Ibiza con tres personas. Paga quinientos euros por la habitación  

Este compostelano llegó en pleno verano a Ibiza. Sus prácticas comenzaron un mes de junio, con 400 euros de retribución, y alojamiento y manutención incluidos. «Es verdad que aquí el dinero se va todo en vivir. No te queda nada para ti, para caprichos». En noviembre le ofrecieron un contrato a cambio de «mil ciento y pico euros», que allí se queda «muy corto». Con ese sueldo debe afrontar un montante de gastos fijos mensuales que puede oscilar entre los ochocientos y los novecientos euros: «Pago algo más de 500 por la habitación. La luz es carísima. Y aparte, Internet, comida, combustible...». Comparte casa con otras tres personas. El alquiler de la vivienda cuesta 1.900 euros al mes: «De lo mejor que hemos encontrado. Por supuesto no está en el centro de la isla. Allí una más pequeña te costaría lo mismo. Aquí estamos en el campo, tenemos barbacoa, jardín. Estamos cómodos», asegura. El invierno se sobrelleva. En verano los precios se disparan: «Una copa, 20 euros, la entrada a una discoteca, 60».

Sergio tiene claro que trabajando de camarero en Santiago cobraría prácticamente lo mismo y hasta podría ahorrarse el alquiler, pero le puede el sol. «Aquí necesitas ayuda de tus padres para vivir dignamente».

Víctor García Romero, Vigo, 59 años: «Hay un suplemento de insularidad, y gracias» 

Se lamenta de que en Mallorca no haya un plus que compense el elevado precio de la vivienda  

Inspector de policía, Víctor lleva tres meses en Mallorca. «Aquí los precios están fuera de madre. En Vigo puedes encontrar un apartamento de dos habitaciones por 150.000 euros en una zona maja. Aquí empezamos a hablar a partir de 250.000». Pensó en alquilar: «Pero ya se me iban 900 euros». De eso hace ya tres años. «Obviamente, no es en el centro de Palma. Eso es imposible». Víctor reside en una urbanización donde viven muchos compañeros de profesión. «Me adelanté un poco al bum, y aunque entonces ya eran precios muy elevados en comparación con Galicia, podía llegar».

En Ibiza los sindicatos policiales se han unido para reclamar un plus que compense el elevado precio de la vivienda en la isla. En el 2018 percibieron por este concepto 225 euros. «Pero -se lamenta Víctor- en Mallorca no tenemos una compensación como tal. Solo el suplemento de insularidad y territorialidad, que son 245 euros, y para de contar». Aunque, matiza, hay diferencias entre las islas: «En Mallorca tienes la opción de vivir fuera, en Manacor, en Inca... a unos 50 o 60 kilómetros de la capital. Es como si trabajaras en Vigo y vivieses en Vilagarcía o Redondela. En Ibiza todo es turístico. No se salva ningún rincón».

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