Cansados de tanta crisis industrial

Amenazas de cierre o de despidos están acabando con la paciencia de los operarios de Alcoa, Ferroatlántica o Poligal: solo en ellas están en juego más de 1.000 empleos


La Voz

La crisis industrial está dejando un reguero de trabajadores cabreados. La paciencia se les agota. Basta de promesas. Quieren hechos. Y tranquilidad en sus puestos de trabajo.

Por eso ocurrió lo que ocurrió ayer a mediodía en Madrid. Que cientos de empleados de Alcoa rodearon el Congreso de los Diputados y la policía cargó contra ellos al temer que intentaban saltarse el cinturón de seguridad. «Movemos un pouco as vallas e tiráronse contra nós», relata Miguel Conde, miembro del comité de empresa de la fábrica de A Coruña. El rifirrafe acabó con el presidente de ese comité, Juan Carlos López Corbacho, tirado en el suelo, boca abajo, empujado por los agentes, y con un compañero de planta esposado y detenido. Este último permaneció un par de horas en comisaría y luego fue liberado. Fueron zarandeados, empujados y golpeados con las porras otros trabajadores, sindicalistas y diputados de Unidos Podemos, entre ellos, los gallegos Yolanda Díaz y Antón Gómez-Reino.

Todo acabó sin heridas graves, pero sí con golpes y magulladuras, explica Conde.

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«Estamos peor que hace cuatro meses», gritan los trabajadores de Alcoa Empleados de las plantas de Avilés y A Coruña se han manifestado este jueves delante del Congreso para exigir una solución que evite el cierre

«A intervención policial foi desmesurada, non fixemos nada», zanja el trabajador.

Los nervios en Alcoa están a flor de piel. Empieza abril y con él, los tres últimos meses para que la multinacional tome la decisión de despedir al 43 % de la plantilla de las fábricas de A Coruña y de Avilés (a 268 de casi 700). Así será si para entonces no aparece un comprador que salve las plantas del cierre parcial. Y no aparecerá si el Gobierno no aprueba en este tiempo un estatuto con medidas de compensación que garanticen un precio eléctrico competitivo y estable. Ese marco regulatorio quitará también a la fábrica de aluminio de San Cibrao del puesto de peligro en el que la ha colocado la compañía en las últimas semanas. Dice que ha dejado de ser rentable. Ahí trabajan más de 600 operarios.

Del precio de la energía están pendientes también los empleados de Ferroatlántica, con fábricas en Cee, Dumbría (que conforman un solo complejo con casi 300 trabajadores) y Sabón (con 122). Llevan meses movilizados en las calles y en alerta porque la compañía les ha empezado a aplicar un expediente de regulación de empleo temporal. Mala señal. Ayer por la tarde se concentraron varias decenas de personas frente a la planta coruñesa de Arteixo en demanda de ese marco energético que ellos creen que podrá salvarlos de esa crisis industrial que parece no abandonarlos.

A unos cuantos kilómetros de ellos, hay otros 108 trabajadores que, estos sí, están esperando la llegada de un momento a otro de las cartas de despido. Es lo que quiere hacer con ellos la empresa Poligal, en Narón, dedicada al sector de los plásticos, porque, dice, las pérdidas se acumulan. El cabreo va en aumento y desde ayer están encerrados en el Ayuntamiento de Ferrol. Este viernes saldrán a las calles en manifestación.

Ence no invertirá en Galicia hasta que se despeje el futuro de la planta de Lourizán

Marcos Gago

La pastera deriva a Navia 550 millones para potenciar allí su negocio de celulosa

En el peor de los escenarios posibles para el futuro de Ence, es decir, un pronunciamiento judicial definitivo contrario a la fábrica de Pontevedra, la compañía buscaría fuera de España una ubicación para invertir en un complejo que compensase la pérdida del centro de Lourizán. Fue la respuesta contundente del consejero delegado de Ence, Ignacio Colmenares, a la pregunta de uno de los participantes en la junta de accionistas celebrada en Madrid. Colmenares todavía confía en una resolución favorable para la pastera en cuanto a la fábrica de Lourizán, pero en caso contrario, el plan B sería un mazazo para el sector forestal e industrial gallego. «La madera de Galicia no es la más barata, la mano de obra tampoco y por un criterio puramente económico invertiríamos fuera de España, en un país que nos dé seguridad jurídica», aclaró.

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