La venta de falsificaciones mueve 450.000 millones de euros al año, el doble de lo que factura Apple

Zapatos y ropa son los productos que más se copian, aunque las aduanas detectan cada vez más tráfico de materiales de construcción de baja calidad


Redacción

Da igual los esfuerzos que se hagan para ponerles coto. La venta de falsificaciones sigue creciendo como la espuma. Un estudio publicado este lunes por la OCDE y la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) cifra en más de 509.000 millones de euros (unos 450.000 millones de euros al cambio actual) el importe anual del comercio internacional de productos falsos, lo que equivale a un 3,3 % del total. Es decir, que de cada cien euros de mercancía que se exportan de un país a otro, más de tres corresponden al pirateo. En el 2013, cuando se hizo la anterior edición del informe, su peso en el comercio mundial rondaba el 2,5 %.

Para que se hagan una idea, el negocio internacional de las falsificaciones físicas (porque el estudio no computa los productos copiados que se producen y se consumen en un mismo país, ni tampoco el pirateo digital) mueve cada año más de lo que genera la economía entera de un país como Bélgica y casi el doble de lo que factura en todo el mundo un gigante como Apple, cuyos productos son de los que están en la diana de esta industria del mercadillo.

Pero no son los fabricantes de productos electrónicos y tecnológicos los más castigados por estas prácticas. En su caso, las falsificaciones se comen un 12 % de su negocio internacional, por debajo del 22 % en la industria del calzado y del 16 % en la de la ropa.

Al margen del impacto en las cuentas de las empresas afectadas y en las arcas públicas, los autores del informe inciden en que estas prácticas también pueden suponer un riesgo para la salud y la seguridad de los consumidores, especialmente cuando se trata de medicamentos u otros artículos sanitarios, pero también piezas de coches, juguetes, comida o cosméticos. Entre los ejemplos que ponen están los de las medicinas inefectivas o los productos electrónicos con alto riesgo de incendio. Además, el personal de aduanas ha observado un incremento de falsificaciones en productos en los que antes no se veían tanto, como las guitarras de marca o los materiales de construcción, que suponen también un alto riesgo para la seguridad de los consumidores.

Pese a los esfuerzos del Gobierno chino por luchar contra las falsificaciones, más de la mitad de estas (cerca de un 55 %) siguen teniendo su origen en las fábricas del gigante asiático. Y eso a pesar de que las empresas locales, que como Huawei se han convertido en actores de primer nivel en sus sectores, sufren cada vez más la presión de estas prácticas. Le siguen Hong Kong (con casi una cuarta parte del total), Turquía y Singapur, aunque países como Alemania y Estados Unidos también se cuelan en el top ten de los mayores productores de productos copiados. 

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