El mundo cambia, e Inditex también, a la fuerza

La facturación «on-line» de la multinacional representa ya el 12 % del total


sofia.vazquez@lavoz.es

La primera multinacional textil del mundo presentó esta semana sus cuentas anuales, que, como no podía ser de otra forma, se hicieron permeables a todos las vicisitudes que vivieron los países en los que opera. El mundo cambia y ella con él. A la fuerza, aunque no quiera. Pero quiere. Uno de sus quebraderos de cabeza está relacionado con la fortaleza del euro frente al resto de las divisas, una variable frente a la que no puede hacer nada. Solo este hecho, de acuerdo con los datos presentados por la compañía, ha restado cuatro puntos porcentuales al crecimiento de sus ventas. Es decir, que si estas fueron de 26.145 millones, tras crecer un 3,2 %, se hubieran elevado a 27.109, un 7 %, si las divisas se hubieran mantenido.

Porque está en juego mucho dinero, las lupas de todos analistas e inversores están puestas en la compañía, y concretamente en la evolución de su facturación -hasta hace unos meses era en sus márgenes, sobre todo en el bruto, que calcula el beneficio después del coste de mercancías- y de dónde proviene, si de de las tiendas físicas o de las on-line.

La compañía está transformando su presencia en las calles. Las tiendas más pequeñas las cierra y abre otras más grandes. El tamaña medio de las inauguradas en el 2018 es un 39 % superior al de las del 2012, cuando la compañía comenzó con esta política. En el caso de Zara la superficie media pasó a ser de 2.184 metros cuadrados, frente a los 1.452 de seis años antes.

En el entorno de ese momento la compañía comenzó a ver con meridiana claridad el cambio que se avecinaba en el mundo, y no le quedó más remedio que coger el toro por los cuernos para acometer la catarsis. Se supone que lo contrario significaría estar muerto. Internet revolucionó su estrategia , que pasó por ponerse las pilas en el canal on-line y convertir a las tiendas físicas en tentáculos de un gigante que para seguir siendo lo que es no puede desatender ni a uno solo de sus clientes (ni a los que les gusta pasear por las calles, ni a los que están enredados en las redes y una tarde solucionan la compra de una camiseta que piden en tres o cuatro tallas diferentes para luego ir a cambiar a la tienda). Ese es el mundo que le toca vivir a la multinacional, que calcula que el proceso de transformación de tiendas -y el chorreo de inversión correspondiente- seguirá dentro de unos tres años aunque con menos fuerza. Mientras, en Internet tiene mucho por hacer.

Dicen los analistas que para saber la fortaleza del negocio es preferible analizar los datos presentados en moneda constante (sin tener en cuenta las oscilaciones de las divisas). Se constata que las ventas por Internet en un año se incrementaron un 27 %, hasta el entorno de los 3.217 millones, y las de las tiendas físicas fueron de 23.894, un 4,7 % más respecto al 2018. Hoy la facturación on-line del grupo representa un 12 % de la total, y un año antes era del 10 %. El porcentaje será cada vez mayor, explica Iván San Félix, de Renta 4. El modelo está en fase de expansión, lo que no debe ser un problema para la compañía que lo que quiere es crecer, de una manera o de otra.

Una silla y una mesa en Zara... y ya está

Sofía Vázquez

Amancio Ortega quiere pasar desapercibido y lo intenta y lo intenta, pero no lo consigue. Construyó Inditex, un empresón que está en el punto de mira los actores mundiales del mundo económico. A sus 81 años sigue haciendo lo mismo que a los 35: preocuparse por Zara y compañía. Por lo demás, vive en una Galicia que protege su intimidad

Ni va a la última moda ni se espera. Azul, gris y blanco, y sin corbata. Amancio Ortega, que es algo más que uno de los hombres más ricos del mundo, no está preocupado por la subida y bajada de la bolsa ni pierde un minuto de su vida en saber quién ocupa el número 1 de la lista Forbes , en la que preferiría no salir pero eso es imposible.

Ortega se ha convertido en el icono de las grandes fortunas. Sin embargo, hay muchas maneras de ser rico. Por ejemplo, él no ha heredado ni fortuna ni ninguna empresa de su abuelo o de su padre. Tampoco ha logrado crecer en torno a la especulación, ni ha multiplicado su fortuna en acciones con límites difíciles de explicar o aprovechándose de concesiones o subvenciones estatales. Lo que sí recibió fue un mensaje claro y transparente como el agua el día que fue a la tienda con su madre, y la dueña le dijo a la mujer: «Señora Josefa, lo siento mucho, pero ya no le puedo fiar más dinero».

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