De 0 a 230 vacas en pleno minifundio

Una familia de Xove logra en pocos años una gran explotación en extensivo gracias a parcelas que les ceden o alquilan vecinos


Xove / La Voz

Se llamaba Ruba y se la vendió Manuel Cabanas, Bigotes, un conocido tratante de ganado de Lago, también en Xove, en la comarca lucense de A Mariña. Lourdes Domínguez Bermúdez, de 55 años, y su hijo Miguel, de 32, recuerdan perfectamente la primera vaca que tuvieron porque, entre otras cosas, no ha pasado tanto tiempo. Corría el año 2000 y desde entonces, madre e hijo, junto con el padre y un ayudante que les echa una mano tres días a la semana, han conseguido impulsar, a base de trabajo y dedicación, una floreciente explotación ganadera de vacuno de carne en extensivo que en la actualidad ronda los 230 animales. De ellos, 110 son vacas nodrizas, 5 son toros y algo más de 120 son terneros que pacen tranquilamente los 365 del año en pequeños campos y prados que les ceden o alquilan vecinos de este municipio mariñano.

El minifundismo, pero sobre todo la realidad de un rural que se vacía a toda velocidad de población dedicada en exclusiva a la agricultura o a la ganadería, hacen posible que hoy en día Lourdes y Miguel tengan animales distribuidos en fincas situadas a lo largo y ancho de toda la geografía de Xove: de Morás a Sumoas, pasando por Lago, Portocelo, Illade o A Regueira. «Nós só tiñamos algún campo cerca da casa, pero a xente empezou a ver como os coidabamos e agora chámannos para ofrecérnolos», comenta la mujer, que señala que muchos propietarios prefieren ver atendidas, con animales y sin maleza, fincas que antiguamente eran labradíos, pero ya nadie puede o quiere trabajar.

«Unha vaca pide outra»

«Empezas cunha vaca e unha pide outra, e unha pide outra..., e aquí estamos, embarullados ata arriba!», comenta sonriendo la mujer, que es la titular de la granja. Un trabajo y una responsabilidad que nunca se le habían pasado por la imaginación. Ella se crio en el hogar de Sumoas donde todavía reside parte de la familia y recuerda que cuando era pequeña en su casa había una vaca. «Pero eu nunca me dediquei aos seus coidados», confiesa la ganadera, que completó los cinco años de Administrativo «na Maestría», el actual IES María Sarmiento de Viveiro, y por eso se ocupa del papeleo y la parte administrativa del negocio. Sin embargo, por circunstancias de la vida se casó pronto, sus tres hijos, que tienen 35, 34 y 32 años, llegaron rápido y Lourdes se dedicó a su crianza durante casi dos década. «Galiñas e pitos sempre houbo, e tiñamos catorce ou quince ovellas, pero vendémolas e cambiámolas por unha vaca e aí empezou todo isto», señala la mujer, que ahora también ayuda en la crianza de dos nietas.

«Tiñamos 14 ou 15 ovellas, pero ao vendelas compramos unha vaca e aí empezou todo isto»

Para tener bien atendidos los animales hay que dedicar tiempo y esfuerzo: sobre todo a los terneros, que antes de ser vendidos para Ternera Gallega pasan de tres a cuatro meses en unas instalaciones cubiertas, y a las vacas cuando se ponen de parto. Con todo, Lourdes y Miguel están contentos y revelan que pueden llevar una «vida normal» y dedicar tiempo a aficiones porque se van relevando entre ellos en las tareas. Ahí también ayuda la colaboración de los vecinos, que los avisan, por ejemplo, si algún animal se escapa o si perciben algún problema con los pastores eléctricos.

El precio de hace 30 años

¿Es rentable criar vacas de esta manera? «Para vivir hoxe dunha explotación fan falta moitos animais porque o prezo da carne está como hai trinta anos, pero o penso multiplicouse por tres e o rendemento é o que é», comenta Miguel. Y pone un ejemplo: «Por un becerro pódenche pagar de 1.000 a 1.400 euros, pero deses cartos a metade xa os comeu en penso, e ademais hai que pagar gasóleo, amortizar instalacións, apeiros, a vaca... Tampouco é todo ganancia. Nun traballo asalariado non arriscas, pero aquí hai moito capital arriscado», expone Miguel, que destila pasión por lo que hace. «Gústame estar por fóra, a natureza, o contacto cos animais», explica el joven, que ha tenido la oportunidad de viajar a Francia, Irlanda e Italia para conocer el funcionamiento de otras explotaciones ganaderas. «Alí están máis preparados que aquí, e viven diso porque teñen moito terreo e terreos grandes, entre outras cousas», apunta. Aunque él tiene otro trabajo, en un futuro no muy lejano le gustaría vivir solo del ganado.

«Penso que o rural si ten futuro. Hai que traballar, é certo, pero ao final todo na vida é traballo», apunta el joven, cuya explotación vende los terneros a través de Agrigga Carne (Asociación de Agricultores y Ganaderos de Galicia), que en este momento agrupa a unas 184 granjas de toda la comunidad.

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