Maduro, ¿podría decirme cuánto vale un kilo de queso?

Orla Guerin incomodó con sus preguntas al presidente venezolano, que no aguanta la presión de las cámaras


Una periodista de la británica BBC, Orla Guerin,  se sienta frente a Nicolás Maduro y le pregunta: ¿Podría decirme cuanto cuesta un kilo de queso en Venezuela?

El presidente se va por las ramas. Se escabulle. Empieza a sentirse incómodo: «Nosotros tenemos distintas escalas de salarios. Pero no creo que este dato le interese a su público». A Maduro le resulta imposible reconocer ante la opinión pública mundial que en su país el kilo de queso tipo tetilla cuesta 16.000 bolívares y una docena de huevos unos 4.800. A él no le interesa entrar en estos pequeños detalles y evita explicar que si un venezolano opta por comprar un kilo de morcilla o de salchichas tendrá que desembolsar en torno a 35.000 bolívares -un manjar prohibitivo para la mayoría de la población-, o 25.000 si prefiere carne de cerdo. Por algo menos, 10.000 bolívares, adquirirá un kilo de filetes de ternera, mientras que la fruta de temporada en el país tropical está en torno a los 4.000 bolívares el kilo.

Pero cuando realmente ganan valor estas cifras es cuando se ponen en correspondencia con el salario mínimo del país: 18.000 bolívares, que al cambio son 4,10 euros. Por lo tanto, para comprar un kilo de queso, un venezolano tiene que desembolsar prácticamente todos los ingresos por el trabajo de un mes.

Si el salario mínimo es de 4,10 euros, el medio roza los 20. Echando cuentas se constata que los afortunados que estén en esta situación podrían tomarse una hamburguesa al día (su precio supera ya los 1.700 bolívares), y aún podrían intentar seguir viviendo con lo que les sobra (52.800, al cambio 12 euros). Así las cosas, la población adulta con más recursos está viviendo de sus ahorros para la vejez y de los aportes monetarios que le llegan desde el exterior.

A las tres de la tarde del jueves Caracas sufrió un «larguísimo apagón» -24 horas después todavía continuaba en algunas de las grandes ciudades-, con lo que la población no pudo, entre otras cosas, ni encender sus ordenadores ni recargar sus móviles. Y es que «dejar incomunicada a la población es lo que quiere el Gobierno de Maduro», dice una expatriada de poco más de 20 años residente en Galicia. Los caraqueños con coche pudieron llenar las baterías de sus celulares y buscar por la ciudad lugares a los que llegase la cobertura.

La periodista de la BBC comienza a preguntarle a Maduro sobre lo que ella misma había visto en la ciudad: padres sin la posibilidad de darles a sus hijos tratamientos oncológicos, personas en peligro de muerte por falta de medicación en los hospitales, personas mayores cuya vida pende de la posibilidad de comprar una caja de antibióticos cuyo precio es el salario mensual medio. El mercado negro es la otra realidad.

Nicolás Maduro no aguanta más la presión de las cámaras. Argumenta que Europa y EE.UU. buscan arrastrar a su país hasta la muerte y a la periodista le recomienda revisar su «esquema mental» y aprender a contar porque no son 50 los Estados que reconocieron a Juan Guaidó como presidente.

¿Y cuántos son?

Maduro no le contestó.

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