El reto de ser mujer 364 días al año

Desde el Parlamento hasta el campo de fútbol, la igualdad entre ambos sexos sigue lejos de cumplirse. Las listas paritarias en política o los sistemas de cuotas tratan de reducir la brecha

Nada como fijar una causa en el calendario para hablar de ella. El lazo morado pone el acento sobre las desigualdades entre hombres y mujeres cada 8 de marzo, cuando miles de personas se echan a la calle para denunciarlas. El resto del año toca brecha laboral, techo de cristal e invisibilidad. De tanto repetidas parecen lugares comunes, pero esconden realidades de una sociedad todavía lejos de ser paritaria.

Lo viven Noa Presas, Nuria Rábano y Marina Martínez. Tres mujeres en campos tradicionalmente reservados a ellos y que, con sus ejemplos, invitan a futuras generaciones a seguir su camino. La primera es diputada en el Parlamento de Galicia, donde el 56 % de los escaños están ocupados por hombres. Su grupo, el del BNG, cuenta con mayoría femenina. En el extremo opuesto figura el Partido Popular, con 17 mujeres de un total de 41. «Cantas máis haxa nestas posicións, mellor. Iso abrirá camiño a outras que veñen detrás. Igual que outras o fixeron antes ca nós», expone Presas.

En el Congreso de los Diputados, la balanza está aún más descompensada. Seis de cada diez representantes son hombres y solo el grupo de Unidos Podemos roza la paridad ?si bien Coalición Canaria cuenta con una única diputada y es mujer?. Tanto el partido de Pablo Iglesias como el PSOE han llevado listas cremallera, en las que se alterna la presencia de ambos sexos en las candidaturas.

Las listas cremallera

En el acuerdo presupuestario que el Gobierno firmó con Unidos Podemos el pasado otoño, se recogía una reforma de la ley electoral que impondría a los partidos las listas paritarias.

La Ley de Igualdad introdujo hace diez años el principio de presencia equilibrada entre hombres y mujeres, que obliga a las listas electorales a incluir un mínimo del 40 % y un máximo del 60 % de cualquiera de los sexos. El principal problema para alcanzar la igualdad reside en los cabezas de lista. El reparto de escaños en función de la población deja circunscripciones con solo dos o tres diputados. Un buen ejemplo de esto es Soria, que eligió a solo dos representantes en el 2016 y ambos fueron hombres. El caso sirve para ilustrar porqué las listas cremallera no son la solución ideal, aunque sí resultan ser la fórmula más efectiva.

La ciencia, diez años igual

Las cosas no han cambiado demasiado para las investigadoras en la última década. La proporción femenina en el 2016, último año con datos definitivos, alcanza el 39 % en España y ronda el 33 % en el conjunto de los países europeos, según el informe Científicas en Cifras 2017, elaborado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad. Pese a superar la media del continente, el porcentaje se mantiene invariable desde el 2009.

Tampoco se han dado grandes variaciones en cuanto al techo de cristal. Una de las conclusiones del informe es que las mujeres están «notablemente infrarrepresentadas» en los dos cargos de mayor nivel: ocupan el 24 % de las presidencias y en el 22 % de las vicepresidencias. En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas tomaron nota de ello. El CSIC, la mayor institución pública dedicada a la investigación en España y la tercera de Europa, creó en el 2002 una comisión dedicada a fomentar el equilibrio entre ambos sexos. El organismo cuenta hoy con su primera presidenta, Rosa Menéndez, y trabaja en hacer olvidar la expresión techo de cristal.

Utilizan una fórmula para estimar si existe o no: cuando el índice es inferior a 1, ese umbral desaparece. En el 2017 se quedó en un 1,42 pero, quince años antes, el valor estaba por encima de 2. «Ha bajado considerablemente, y nos sentimos razonablemente contentos», respondía Menéndez en una entrevista reciente.

Menos visibles

El investigador Pablo Francescutti lideró un grupo de estudio en la Universidad Rey Juan Carlos para conocer la visibilidad de las científicas españolas en los medios. Tomaron textos sobre ciencia publicados en varios periódicos a lo largo de un año y observaron que, de un total de 2.077 expertos mencionados, el 76,51 % eran hombres. El dato es pobre, si bien un análisis similar realizado en 1983 reducía la aparición de las mujeres al 8 %.

Las que se referencian, además, suelen aparecer en «disciplinas más feminizadas», como los cuidados y las ciencias de la vida (biología o zoología). Entre las menos visibles están las matemáticas, las ingenieras, expertas en inteligencia artificial o informáticas. «En ocasiones hay un sesgo que se impone desde la sociedad que inhibe a las niñas de determinadas proyecciones de futuro. Su entorno social les está condicionando», explica Marina Martínez de Marañón, directora del Muncyt.

Otras que pasan casi desapercibidas son las futbolistas. Los éxitos de la Selección, especialmente en categorías inferiores, les han llevado a algunas portadas, pero son una rara excepción a la norma. Algo tan común como ver un partido por televisión es casi imposible. «Se retransmiten muy pocos. Siempre tenemos que andar buscando en páginas webs», asegura Nuria Rábano, futbolista del Deportivo.

Eso sí, cada vez son más: el número de licencias aumentó en un 26,7 % en el último año y ya son más de 60.000 jugadoras federadas. El equilibrio sigue lejos: de las 66 disciplinas recogidas por el Consejo Superior del Deporte, el número de mujeres solo supera al de hombres en cinco.

Noa Presas: «Hai un rearme do machismo e Vox obedece a ese contexto» 

O grupo parlamentario do BNG é o único con máis mulleres que homes. E non é a primeira vez que sucede. «Esperamos que haxa un efecto contaxio e se vexa que hai liderados moi potentes en mans femininas», responde Noa Presas, deputada pola provincia de Ourense. Feminista.

-Ningunha candidata nas xerais agás a de Pacma. Que pasa na política estatal?

-A perspectiva está bastante masculinizada. Unha cuestión é poñer os lazos morados o 8 de marzo e outra ben distinta é que haxa mulleres liderando proxectos políticos. Nós facémolo: hai que predicar co que se di.

-No BNG non obrigan ás listas paritarias coma outros partidos.

-O que estamos a defender é que as mulleres teñan, cada vez, máis protagonismo nas listas electorais e con peso. Non porque haxa que cumprir unha norma estricta ou por cumprir as regras paritarias. É certo que as cotas supuxeron un paso para visibilizar que había unha desigualdade en como se conformaban esas listas, pero pensamos que, en absoluto, está superado.

-Nace Vox coma un contrapunto ao feminismo?

-Hai un rearme do machismo. Non só o vemos en España, aí está o dereito ao aborto en Arxentina, Bolsonaro en Brasil ou o ascenso dos fascismos en Europa. Que Vox se presente con esa cara máis sen censura obedece a ese contexto. Pero as políticas que propón non son tan diferentes ao que fai o resto da dereita española.

-Por que esta reacción?

-Hai moitos estatus cuestionados e cousas que o feminismo quere cambiar de sitio. A folga do 8 de marzo conseguiu situar no centro do debate o sistema económico, algo que en dez anos de crise non conseguira a loita obreira. Ten un potencial transformador enorme. A reacción de todos estes poderes é rearmarse e intentar acotar o campo de batalla. Nós pensamos que hai un cambio social co que non teñen nada que facer.

-Unha tertuliana dixo esta semana: «Non son feminista, son feminina». Falta pedagoxía?

-Creo que hai ignorancia nunha parte, pero tamén premeditación. Hai un discurso moi interesado dende o propio machismo, o patriarcado, en facer ese tipo de aseveracións. Dar a imaxe de que o feminismo divide, cando o que fai é igualar á sociedade. Estas afirmacións poden parecer unha simpleza, pero tamén hai unha intención de ir anulando o feminismo. Iso non lles está a funcionar.

Marina Martínez de Marañón: «Nuestra sociedad aún no está a la altura» 

La colección del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología cuenta con más de 18.000 objetos, pero muy pocos llevan la firma de una mujer. «La presencia femenina está infrarrepresentada. En la ciencia, y en todo, la mujer ha jugado un papel secundario. No se le ha dado esa oportunidad», reconoce la directora del centro.

-¿Cómo trabaja el museo para divulgar el trabajo de las investigadoras?

-El museo trabaja en visibilizar esos nombres que no han participado del relato oficial. Por quien ha ido escribiendo la historia, se han priorizado determinados discursos. Explicamos el injusto papel que ha vivido la mujer durante siglos e intentamos acciones de fomento de la vocación científica en niñas. Queremos proyectar una visión crítica; quizás no todo fue como nos han relatado.

-La paridad sigue sin llegar a la ciencia.

-La presencia de mujeres en los cargos de organismos públicos relacionados con la investigación científica sigue sin ser paritaria, ni muchos menos. Cuanto más responsabilidad hay en el cargo, las proporciones de mujeres disminuyen escandalosamente. Nuestra sociedad aún no está a la altura.

-¿Por qué se mantiene esa desigualdad?

-Creo que hay muchas causas. Conseguir esta igualdad también pasa por cambiar nuestra forma de percibir la vida, la conciliación. Estamos demasiado acostumbrados a poner la dimensión personal y laboral en dos planos irreconciliables. Si todos asumimos que el cuidado de personas que dependen de nosotros es responsabilidad nuestra, igual empezamos a integrar un poco más. A veces, nos libramos de la desigualdad que sufrimos y se la trasladamos a otras. La revolución pasaría por que la sociedad entendiera que somos plenamente responsables de todo lo que nos rodea, tanto mujeres como hombres.

-¿Está a favor de un sistema de cuotas en las conferencias para que las ponentes tengan mayor presencia?

-Las cuotas han favorecido en algunos momentos para dar oportunidades a las mujeres. Bien utilizada es una herramienta válida. Pero, si nos ponemos muy estrictos, puede ser también un arma de doble filo.

-¿En qué sentido?

-Todos queremos que se reconozca nuestra valía profesional por lo que hacemos y no porque seamos hombres o mujeres. Lo que no se puede es llegar a extremos que a veces llegan al absurdo, como cuando ese tipo de medidas bloquean otros temas o una representación con mucho mayor contenido.

El sueño de ascender en Riazor a los 18 años: «Cada vez vamos a más» 

Cuando Nuria Rábano nació, el Deportivo preparaba en Vilalba una temporada que terminaría como campeón de Liga. El fútbol pertenecía entonces a una sola mitad. Diecinueve años después, Nuria viste de blanquiazul y sueña con ascender en Riazor. «Ya hemos jugado allí y no se nos ha dado mal. Sería una buena oportunidad», sonríe la futbolista. Esa ocasión podría ser el ascenso a la Liga Iberdrola, la máxima categoría del fútbol femenino que marcó su hito más reciente en un San Mamés lleno, con 45.000 espectadores. A las dos semanas, las jugadoras del Athletic volvían a Lezama ante mil aficionados, pero para la joven santiaguesa fue parte de la revolución que vive su deporte: «No son cosas puntuales, cada vez vamos a más».

Ella lo está viviendo. Hace historia al ser parte del primer club gallego profesional, viene de disputar la final del Mundial sub-20 y fue campeona hace dos años del Europeo sub-19. Los triunfos de la Selección «ayudan», pero también el trabajo que hacen ella o Tere Abelleira, compañera en el Dépor y también internacional en las inferiores. «Nosotras tenemos a nuestras referentes y creo que también lo somos para las niñas que vienen detrás», asegura.

El gran símbolo para ella es Vero Boquete. La gallega ha vuelto a Estados Unidos después de un periplo por Suecia, Alemania, Francia y China que empezó en el 2011, cuando dejó España por no conseguir ser profesional. «Soy un poco más reservada, pero si veo que aquí no puedo, también me acabaría arriesgando a salir», reconoce la extremo.

Ahí tiene uno de los abismos que las separan de ellos. «Las cosas siguen mal en ese sentido. Nosotras tenemos que dejar atrás la familia y a amigos. Es cierto que vas a conocer nuevos lugares y gente que te acompañará, pero ellos tienen cerca su vida», explica. En el fútbol moderno de hoy, el aficionado eleva a ídolos a jugadores que pasan su vida en el mismo club. Las futbolistas no lo tienen a su alcance. «Lo normal es que ellos no tengan por qué cambiar y no necesitan otro empleo, pero seguro que algún día seremos iguales en eso», confía.

Otra de esas diferencias está en la conciliación. Iago Aspas fue padre y horas después marcaba tres goles. En el fútbol femenino, Nuria sabe de compañeras que no volvieron tras ser madres. «También conozco a otras jugadoras que tienen hijos y se recuperaron para volver al fútbol. Es cuestión del valor, fuerza y posibilidades de cada una», responde.

El número de trabajadoras a tiempo parcial triplica el de hombres

La paridad tampoco ha llegado a los sueldos. Según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, las mujeres cobran un 22,3 % menos que los hombres. Eso si se atiende a la ganancia media anual, aunque en esta brecha inciden muchos aspectos como el tipo de contrato, ocupación, edad o sector económico en el que ejerzan su trabajo.

El salario más frecuente entre las mujeres fue de poco más de 13.500 euros al año por los 17.509 euros de los trabajadores masculinos. El caso es que, si se toma otra variable, como el de un contrato a jornada completa y con contrato temporal, la brecha se revierte y son ellas las que cobran más que ellos, si bien la diferencia apenas supera el 3,4 %.

Una de las claves reside en los tipos de jornada. Nueve de cada diez hombres cuentan con contratos a tiempo completo, mientras que un 25 % de las trabajadoras ocupadas tienen contratos a tiempo parcial. Es más, por cada cuatro personas a tiempo parcial, tres son mujeres. Nunca, desde que hay registros, se alcanzó la cifra actual de asalariadas a tiempo parcial, con más de 1,9 millones.

Más de la mitad se acogen a este tipo de contratos de manera involuntaria, según las conclusiones del informe Mujeres en el mercado de trabajo, Mujeres pensionistas y mujeres migrantes en el siglo XXI, publicado la semana pasada por el Ministerio de Trabajo. La mayoría de ellas señalan como causa de la parcialidad las obligaciones familiares y el cuidado de otras personas (menores, enfermos, personas con discapacidad o mayores).

Las trabajadoras que se incorporan al mercado laboral aceptan, de esta manera, condiciones más lesivas que los hombres. «Si el conjunto del mercado laboral se ha precarizado, el trabajo femenino lo ha hecho de forma más acusada», recoge el estudio.

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