Cuando el negocio de la sangre se tuerce

La catalana Grifols reduce beneficios lastrada por el alto precio del plasma, el veto de China y la fiscalidad de EE. UU.


redacción / la voz

A la multinacional de hemoderivados (productos obtenidos a partir de la sangre humana) Grifols se le agujerean los goteros. La compañía catalana, especializada en el sector farmacéutico y hospitalario, ha registrado un frenazo en sus cuentas. Pero, aun así logró cerrar el ejercicio con un beneficio de casi 600 millones de euros. Eso sí, con una raquítico aumento del 1,5 % respecto al 2017, cuando ganó 661 millones.

La compañía cotizada -en el Ibex 35 y en el Nasdaq estadounidense- es una de las españolas de mayor proyección internacional por la envergadura de los productos que salen de sus laboratorios. Necesita sangre y con ella elabora derivados, a partir del plasma, que suministra a centros médicos y hospitales. Así lo ha venido haciendo desde su fundación, en 1940. Pero los años de mayor proyección llegarían décadas después hasta alcanzar el techo que le ha proporcionado disponer de filiales en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos, pero sobre todo en Estados unidos, donde incluso ha sido de las empresas que más se ha beneficiado de la última reforma fiscal de Donald Trump, que incluye una sustancial rebaja del impuesto de sociedades.

Con todo, la compañía, mantiene su estrategia empresarial intacta. Su objetivo ha sido y sigue siendo invertir para seguir creciendo: ya dispone de 256 centros repartidos entre Estados Unidos y Europa.

Inició el 2018 con unas perspectivas de crecimiento que llevaron a algunos expertos a prever unos beneficios de unos 633 millones de euros. Y las cuentas iban en esa línea, hasta que se torcieron. La firma ya no pudo contabilizar como extraordinarios los cerca de 200 millones que se ahorró de la reforma fiscal de Trump, a lo que añadieron los mayores costes de obtención del plasma y el impacto de las restricciones impuestas a la venta de uno de sus derivados en China.

Tampoco le ha ido bien a algunas de sus filiales. Hace apenas unas semanas, la farmacéutica estadounidense Aradigm se declaraba en bancarrota al no disponer de fondos para hacer frente a sus obligaciones financieras. Grifols, su principal accionista con un 35 %, tuvo que soportar las críticas de su participada, que la acusó públicamente -lo hizo a través de un comunicado- de haberla dejado caer.

Pese a todo, la multinacional catalana cerró el ejercicio con una cifra de negocio por encima del listón de los 4.400 millones de euros, destacando los incrementos de facturación en las divisiones de la fabricación y comercialización de medicamentos derivados del plasma y la hospitalaria, el germen de su negocio.

También aumentó plantilla. Ya se acerca a los 20.00 trabajadores con un incremento medio de todo el grupo de un 23 %. Sin embargo, el mayor número de contrataciones se produjo en EE. UU., con un 29 % más. Y es que es precisamente en ese país donde la multinacional catalana concentra una parte importante de las plantas productivas. En España, trabajan más de 3.600 profesionales. En los últimos diez años, el número de empleados se ha incrementado en Grifols en un 81 %.

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