Barreras reúne este lunes a su accionariado en Vigo para negociar la salida de Pemex

Costas y Albacora pueden ejercer su derecho de recompra y tomar de nuevo el control


VIGO / LA VOZ

Hace dos años que la junta de accionistas de Hijos de Barreras no se reúne en Vigo (la cita suele ser en México, temporalmente); y hace casi seis que no lo hace en pleno, con todos sus socios. Este lunes es el día. Representantes de Pemex (dueño del 51 %), de la naviera Albacora (El astillero vigués, 24,5 %) y de Electromecánica Naval e Industrial (12,3 %) y Valiño (10 %), ambas propiedad del presidente del astillero, José García Costas, se dan cita en Vigo con un único asunto sobre la mesa: la salida de la petrolera mexicana, cuando se cumplen seis años de la toma de control de Barreras, por 5,1 millones de euros.

La operación se realizará de mutuo acuerdo, según aseguran fuentes conocedoras de las conversaciones que se vienen manteniendo en privado entre ambas partes desde hace meses.

Estas fuentes descartan la posibilidad de que la petrolera vaya a vender su parte a un tercero, y recuerdan que tanto Albacora como Costas pueden hacer valer su derecho de recompra del astillero, tal y como establece el contrato de venta firmado en México en marzo del 2014 (aunque la adquisición se anunció en diciembre del 2013).

En el citado acuerdo se establece además que García Costas seguiría presidiendo Barreras durante un período máximo de 6 años, plazo que vence el mes próximo, e hito que, según fuentes allegadas, el patrón del astillero quiere evitar.

¿Por qué se va Pemex en el que, aparentemente, parece el mejor momento del astillero vigués desde que en el 2011 entrara en concurso de acreedores y en el 2013 entrara en su rescate, empujado por el presidente de la Xunta, Núñez Feijoo?

La quilla de López Obrador

La principal razón tiene un nombre: Andrés Manuel López Obrador, el primer presidente de izquierdas de México y también el primero que se ha metido a fondo en las cuentas de la petrolera paraestatal. Fuentes cercanas a Pemex aseguran que el Gobierno de Obrador ha ordenado auditar todas las participadas de la petrolera, en especial aquellas subsidiarias que tienen sede social en paraísos fiscales, como es el caso de PMI Holdings, la sociedad propietaria del 51 % de Barreras, que está censada en Países Bajos. «Para el Gobierno de México, la compra de Barreras solo ha aportado pérdidas a la petrolera. El astillero ha estado en números rojos hasta el año pasado y la operación de los floteles ha resultado ruinosa. Han pagado 180 millones de dólares por cada unidad, y una está infrautilizada en Campeche, y la otra no consiguen venderla ni por 50 millones», sostienen estas fuentes mexicanas.

La consecuencia de todo esto tiene un impacto directo en Barreras. La petrolera se habría negado a seguir avalando al astillero en la potente cartera de pedidos que tiene firmada. Fuentes de toda solvencia aseguran que la última operación avalada por Pemex (por una suma que ronda los 20 millones de euros) ha sido la construcción del buque de crucero para la norteamericana The Ritz Carlton, que tiene actualmente en la grada.

Pero la compañía mexicana se ha desmarcado de las operaciones de financiación de otras dos unidades de crucero para la naviera noruega Havila; así como para un ferri de gran eslora para la naviera Armas.

La falta de apoyos por parte de Pemex habría precipitado el orden del día con el que se reúnen en Vigo los accionistas que forman Barreras, y de la que podría salir el adiós de Pemex de Galicia.

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Una sociedad que naufragó en la crisis del petróleo

Cuando en el 2013 se convirtió en el principal accionista de Barreras, nadie imaginaba una caída tan en picado del precio del petróleo. De hecho, la delegación de Pemex que, encabezada por el entonces coordinador de asesores de la petrolera, Carlos Roa, hoy fuera de la compañía, se trasladó a Vigo para cerrar el contrato del flotel, anunció una lluvia de millones (más de 300) en forma de seis pedidos de otros tantos barcos que jamás llegaron.

Pemex recaló en Galicia de la mano de la Xunta en calidad de armadora necesitada de construir su propia flota. Encargó dos floteles en Galicia (a Barreras y a Navantia), y repartió entre Armón y otros astilleros una veintena de proyectos a cambio de su ejecución en México. Eso fue todo.

La situación dramática por la que atravesó no solo tumbó los planes de construcción de nuevos buques (la idea era encargar hasta 6 floteles más en Galicia), sino que, tras ser rescatada por el Estado mexicano, se vio obligada a aplicar fuertes recortes sobre pedidos y licitaciones.

Pero de lo que no cabe duda es que gracias a Pemex Hijos de Barreras hoy sigue en pie, porque de no haber entrado en el accionariado en aquel momento clave del 2013, no habría sobrevivido. El astillero se agarró con uñas y dientes a aquel plan de renovación de la flota de la petrolera azteca con el único buque encargado, el flotel Reforma Pemex, entregado en el año 2016.

Las finanzas son otra cosa. El flotel aún sigue dando pérdidas a la factoría, que cerró el ejercicio 2017 con algo más de 3 millones de euros en rojo, tras los 5,5 millones de pérdidas registrados en el 2016.

Las cuentas del 2018 aún no han trascendido, pero el rumbo del astillero está virando para bien, sin prácticamente ninguna ayuda de la petrolera. Tal vez por eso, este sea el mejor momento de separarse.

A día de hoy, Barreras, que cuenta con larga experiencia en buques de pasaje (para Armas o Balearia), dispone de una flamante cartera de pedidos que se sitúan en la gama más alta de este segmento. Las cifras que alcanza esa carga de trabajo no se recuerdan en el astillero. Su presidente, José García Costas, valora los pedidos firmados en 700 millones de euros.

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