La industria, quemada; las familias, más

La factura doméstica nacional fue la quinta más alta de la Unión Europea; la de las empresas, la decimotercera


Redacción / La Voz

Desde el 2017 ha llovido un rato, y más en un negocio tan volátil como el de la energía, pero la Comisión Europea acaba de hacer público su tercer informe sobre el precio de la electricidad ese año en la Unión. En el informe, España vuelve a salir malparada, en especial los consumidores domésticos y no tanto los industriales. Así, los primeros pagaron la quinta factura más cara del continente, solo por detrás de alemanes, daneses, belgas y portugueses. Y eso que, según la Comisión, las tarifas eléctricas para los hogares se abarataron por primera vez desde el 2008. Lo hicieron un 3 % gracias al frenazo experimentado también por los impuestos. Estos representaron de media el 40 % de la factura energética. En España, cerca del 50 %. Los hogares españoles desembolsaron ese año más de 200 euros por megavatio hora consumido. En la próspera Alemania superaron los 300.

Más airoso que el doméstico salió el sector industrial nacional en el estudio de precios eléctricos. Según la Comisión Europea, las tarifas se movieron por debajo de la media europea, y fueron las decimoterceras más caras de una lista integrada por 32 países. Según ese informe, las industrias españolas abonaron algo más de 80 euros el megavatio hora, cuando la media comunitaria superó los 100.

Más caros que en España fueron los precios industriales en Alemania, Italia, el Reino Unido y Portugal. Más bajos estuvieron en Francia (por debajo de los 80), Suecia, Noruega y Turquía.

Caída en Europa desde el 2015

Las tarifas industriales europeas experimentaron una caída a partir del 2015, destaca el estudio. La Comisión explica que «la industria (por motivos de competitividad) a menudo debe hacer frente a unos impuestos y gravámenes sobre la electricidad menores que los de los hogares, o está exenta de ellos, y también a unas tarifas de red menores», por eso a las fábricas les sale más a cuenta la luz que a los consumidores domésticos.

La gran industria nacional, especialmente aquella que consume gran cantidad de energía, denuncia que el coste de la electricidad en España dificulta su competitividad, ya que se ve obligada a producir a precios más caros que los de sus competidores. Estas críticas se han intensificado especialmente en el último año, cuando los incentivos públicos que percibe el sector para enfriar esos precios de la energía han disminuido. El sector reclama mecanismos de apoyo estables y predecibles, como los que se aplican en otros países europeos.

Los elevados precios eléctricos han provocado crisis en Alcoa y también en Ferroatlántica.

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