Bruselas aplaca la ira de Trump con una oferta de aranceles cero a los productos industriales

La Comisión Europea facilitará la entrada a las exportaciones estadounidenses


Bruselas / corresponsal

«No negociaremos con la espada de Damocles sobre nuestra cabeza», advertía el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker en mayo del 2018, en plena escalada de tensión política con el presidente estadounidense, Donald Trump, quien impuso fuertes aranceles al acero y aluminio europeos. Casi ocho meses después, el magnate no renuncia a su objetivo de cambiar el statu quo en las relaciones comerciales a golpe de amenaza y arancel. A Bruselas no le ha quedado otra opción que tragarse las palabras del luxemburgués y abrir la puerta a una negociación por la puerta de atrás para contentar y apaciguar la ira de Trump, quien amenazó con desbaratar la industria alemana del automóvil.

Bruselas presentó ayer dos ofertas. Por un lado propuso eliminar todos los aranceles a los productos industriales. Lo hace tras las quejas reiteradas de Washington por las tarifas abusivas que aplica la UE a sus automóviles y equipos. Trump se queja de que sus exportadores sufren aranceles más altos que sus pares europeos cuando acceden a Estados Unidos. Esta medida es el mal menor para la industria alemana del automóvil y para la balanza comercial de la UE, que se enfrentaban a pérdidas cuantiosas si se reintroducían nuevas barreras en el mercado norteamericano.

La segunda concesión que Bruselas está dispuesta a firmar es la de revisar, y posiblemente rebajar, los requisitos de entrada al mercado interior a los productos estadounidenses. Washington siempre criticó la excesiva burocracia y las estrictas normas técnicas que impone la UE. Alfombra roja por tanto a la importación de servicios, productos químicos, farmacéuticos, médicos y gas natural licuado de sello estadounidense.

Los que quedarán excluidos de esa oferta, a pesar de la demanda insistente de Estados Unidos, son los productos agrícolas. El peso del sector en Europa obliga a mantener esa puerta cerrada. Por ahora, el futuro del sector aceitunero español sigue atrapado en un callejón sin salida y acumula pérdidas de beneficios por los elevados aranceles impuestos por la Administración Trump a la importación de aceituna de mesa. Bruselas se resiste a abrir un contencioso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para evitar una escalada mayor con Washington.  

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