La crisis arrolló a 2.000 transportistas

Hasta el 2008, casi 9.000 empresas gallegas se dedicaban al traslado de mercancías en camiones, una cifra que la época de vacas flacas redujo a 7.000 y que no se ha recuperado


redacción / La Voz

La época de vacas flacas sigue todavía lastrando al sector del transporte. Las empresas que sobreviven en Galicia lo hacen con mucho esfuerzo y acumulando a sus espaldas muchos años con el cinturón apretado. Pero por el camino se han quedado un buen puñado de autónomos y compañías. En los años más duros de la crisis -desde el 2008 hasta el 2014- echaron el cierre alrededor de 2.000 empresas del sector: «Hai dez anos, en Galicia había cerca de 9.000 firmas, entre traballadores por conta propia e sociedades. No 2014, despois de varios anos de moitas dificultades, a cifra quedou reducida a unhas 7.000 e agora mesmo estamos máis ou menos igual. Nestes anos non fomos capaces de recuperar nin de lonxe os números previos á crise», sentencia Alberto Vila, coordinador xeral de la Asociación Empresarial de Transporte de Mercancías por Carretera de Galicia (Apetamcor).

Y el año pasado las cosas tampoco mejoraron. A pesar de que la situación les ha dado algo de tregua, las cifras no consiguen remontar hasta las logradas durante los años de bonanza. Según un informe reciente de la Federación Gallega de Transportes de Mercancías (Fegatramer), en el último año se han perdido en la comunidad más de 200 empresas de transporte de mercancías por carretera, entorno a un 3 % de las firmas del sector.

Algo más halagüeña es la evolución del número de vehículos que hay en la comunidad. En el último año, el número de copias autorizadas de transporte de mercancías por carretera de Galicia se ha situado en 22.547, lo que supone un aumento de más de 500, el equivalente a un incremento del 2,5 %.

 Tres vehículos de media

La radiografía de la federación dibuja un panorama plagado de pequeñas empresas con una flota de unos tres vehículos. La media de coches pesados por compañía se sitúa en 3,87; mientras que en el caso de los ligeros, el promedio por empresa se reduce hasta los 2,6.

«Somos un sector transversal a toda a economía, entón somos os que máis notamos os repuntes, as caídas, a crise e todo o que pasa, porque o que facemos é mover as mercancías, e se as empresas que as fabrican pechan ou non teñen demanda, nós somos os primeiros afectados», relata Alberto Vila.

 

«Te encuentras con 50 años, obligado a cerrar, sin saber hacer otra cosa y sin tener un plan B»

Ahogados. Al límite. Y en continua pelea. Así se sienten los miles de trabajadores gallegos que centran su vida laboral en un camión. A las presiones fiscales, el coste de las autopistas y las ya de por sí complicadas condiciones laborales inherentes a su profesión, se suman un buen puñado de condicionantes que se escapan a su control.

Carlos Laya es uno de ellos. Presidente de la Unión de Cooperativas Galegas do Transporte (Ucogatra), este camionero lleva muchos años viendo cómo compañeros suyos se han visto obligados a echar el cierre ante situaciones insostenibles: «Cerrar es lo peor, pero hay gente que se ha encontrado al límite y por mucho que intenta aguantar y tirar hacia adelante se ve con el agua al cuello», explica. Según Laya, muchos de sus compañeros han conseguido salir del paso tirando de la hucha acumulada durante épocas mejores: «Pero la caja se acaba. Y de repente te encuentras con 45 o 50 años, habiéndote dedicado toda la vida únicamente al camión, sin estudios superiores ni formación y sin tener un plan alternativo. ¿A dónde te vas, quién te va a querer contratar?».

A la ya de por sí difícil situación que viven, se suman otros factores que lastran su día a día. «Cada vez hay más vehículos con matrícula extranjera que operan en nuestra comunidad. Y no todos jugamos en igualdad de condiciones», sentencia Laya. Este camionero asegura que los conductores que vienen de los países del Este parten con unos requisitos mucho menos estrictos y competitivos debido a la situación laboral que tienen. «Contratar a un conductor español que cubra la ruta internacional, incluyendo sueldo, seguridad social y todas las partidas, supone un gasto de entre 2.700 y 3.000 euros al mes, mientras que los servicios de un chófer procedente de Rumanía, Polonia o Bulgaria ascienden a solo 1.200 euros».

Esta diferencia en los costes no ayuda a que la cifra de empresas dedicadas a este negocio crezca. Sin embargo, aseguran, por los polígonos cada vez es más habitual ver coches con matrículas extranjeras dispuestos a pasar hasta tres meses sin pisar su casa: «Habría que exigirles que hicieran los descansos semanales obligatorios en las bases de sus países. De esta forma podríamos salir al campo de juego todos con el mismo tratamiento».

Tampoco ayuda al despegue del sector «el sambenito de cobrar las facturas tres meses después». La Asociación Empresarial de Transporte de Mercancías por Carretera de Galicia (Apetamcor) denuncia que lo habitual es que el pago se demore hasta los 80 o 90 días, una dinámica que no han conseguido cambiar con el paso de los años. «Hemos sobrevivido y lo seguimos haciendo abriendo líneas de crédito y buscando vías de financiación; porque no puedes estar tres meses sin cobrar». Y no siempre es tan fácil: «Los bancos vienen de una época de la que han salido escaldados. Así que no siempre te conceden los préstamos. Tienes que presentar unos números y el soporte de una empresa fuerte para que te echen un cable», sentencia.

«El nuestro es un trabajo muy duro. No tienes horarios. Y es difícil compaginarlo con una vida familiar. Tenemos una normativa de horarios muy estricta. A veces solo te queda una hora para poder llegar a tu casa y dormir con tu familia pero como ya no te llegan las que tienes asignadas y permitidas para conducir ese día, te tienes que quedar en la carretera a descansar», relata el transportista. 

Autopistas

A los impuestos y el alto coste del carburante se suma el desembolso que hay que hacer para poder recorrer las autopistas gallegas. «Temos unhas autopistas que non hai quen as aguante. O custo das vías rápidas galegas é un verdadeiro lastre para as empresas, porque circular en camión é moi caro», asegura Alberto Vila, coordinador xeral de Apetamcor. Los camioneros denuncian que, por ejemplo, la autoridad portuaria de Vigo es la única de titularidad estatal que está cortada por un peaje.

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