Boicot a Cacaolat en pro de la conciliación

La restauración deja de vender las bebidas del batido en apoyo a la plantilla y esta teme sus consecuencias


redacción / la voz

Varias son las generaciones que han desayunado y merendado con el batido de la icónica etiqueta amarilla de Cacaolat. La marca catalana, que el pasado diciembre celebró su 87 aniversario, vuelve a atravesar un momento delicado. La razón, las enturbiadas relaciones entre los trabajadores y la dirección de la empresa.

A diferencia de la crítica situación que atravesó la compañía de las conocidas bebidas de chocolate y vainilla en el 2011, cuando entró en concurso de acreedores de la mano de la Nueva Rumasa; ahora, con las cuentas en beneficios, los empleados rechazan el calendario laboral para este 2019, diseñado por los responsables de la compañía para aumentar el ritmo de producción y, claro está, las ventas.

Entienden que sus condiciones de trabajo empeorarán, entorpeciendo de lleno la conciliación de vida laboral y familiar si prospera la idea de que trabajen todos los festivos de junio a septiembre y, además, los del mes de diciembre.

Las protestas, que arrancaron la semana pasada con una huelga indefinida de la plantilla, integrada por más de 200 trabajadores, han encontrado eco en el seno de la hostelería catalana. Así, más de una veintena de bares y restaurantes de Santa Coloma de Gramanet, Badalona, Montcada i Reixach y Barcelona se han adherido de forma espontánea a una campaña que aboga por no servir Cacaolat en los establecimientos mientras no finalice el conflicto.

Pero hay solidaridades que meten miedo: comité de empresa y trabajadores no ocultan su temor a que esta medida acabe derivando en consecuencias negativas. Para la compañía y, claro está, para ellos.

El paro indefinido de los últimos cinco días afecta de lleno a la producción de la bebida estrella de Cacaolat, el batido. Pero pese a la contrariedad que supone para los empleados un plan de trabajo que la dirección se niega en redondo a negociar, en ningún caso quieren que se boicotee a la marca.

Y mucho menos después de los recientes años de dificultades económicas. Las aspiraciones de los nuevos dueños -Cobega y Damm- de alcanzar los 70 millones de facturación en el 2020 parecen incuestionables a la vista de los buenos resultados de los últimos años. Los dos inversores sacaron a Cacaolat del concurso de acreedores en el 2012 tras aportar 75 millones a la administración concursal e invertir 49 millones más en la construcción de una nueva planta en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona). En el 2017, ya asentados en las nuevas instalaciones, se produjeron 55 millones de litros.

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