Ferrol fía su resurgir al auge del naval

Beatriz García Couce
beatriz couce FERROL / LA VOZ

ECONOMÍA

JOSE PARDO

Las F-110, que garantizan una década de trabajo, y la incorporación de jóvenes a la plantilla de los astilleros abren expectativas para revertir la crisis de la urbe

07 ene 2019 . Actualizado a las 11:13 h.

Es su fortaleza y su cruz, el doctor Jekyll y Mr. Hyde, el que da las mayores alegrías y también reporta las crisis más duras. Ferrol no se entiende sin su sector naval y los astilleros públicos españoles tampoco habrían alcanzado su proyección internacional sin la impronta de sus centros de la ría. En la década que está próxima a terminar, Ferrol ha pagado un precio muy alto por su excesiva dependencia del monocultivo naval, con la doble factura de una crisis económica que afectó a todo el país y también por el vaciado de las gradas de sus astilleros, que llegaron a quedarse totalmente paralizados.

Ahora, toca el reverso de la moneda, y es un nuevo contrato del sector, el de construcción de cinco fragatas, las que serán las más avanzadas para la Armada española, las que abren un nuevo escenario para la ciudad y su comarca, al garantizar diez años de carga de trabajo y despejar un futuro sin sobresaltos. Navantia, además, acaba de aprobar la materialización de un plan estratégico que implicará un importante programa de rejuvenecimiento de las plantillas. Supondrá la salida de 2.200 trabajadores mayores de 61 años en los próximos cuatro años y la incorporación de otros 1.658, 700 de ellos a las antiguas Bazán y Astano.

Con esa conjunción de ocupación para una década y expectativas de empleo para los jóvenes de la comarca, Ferrol sueña con dejar atrás la etapa más dura en su historia reciente. El primer reto que tiene encima de la mesa es frenar su sangría demográfica. Mientras que grandes ciudades gallegas como A Coruña, Vigo y Lugo han conseguido revertir la tendencia y cerraron el pasado año con una recuperación de su padrón, Ferrol ahondó en esa brecha, con 770 vecinos menos. Solo en lo que va de década ha perdido un 9,3 % de población, descendiendo ya a 66.799 vecinos, muy lejos de los más de 90.000 que llegó a tener antes de la primera reconversión.