Carlos Calvo: «El desarrollo de negocios con los drones está aún en pañales»

El director del Instituto Tecnológico de Galicia acaba de ser reelegido al frente de los centros tecnológicos españoles, un puente entre el I+D industrial y las empresas


redacción / la voz

Ingeniero industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, especialista universitario en Innovación Tecnológica, desde hace casi veinte años Carlos Calvo dirige la Fundación Instituto Tecnológico de Galicia (ITG), una suerte de centro público-privado con la Xunta, las tres universidades y colegios profesionales en su patronato. Emplea a unos 60 ingenieros, centrados en la investigación y desarrollo industrial, y acaban de trasladarse al edificio de la Fundación Barrié, en el centro de A Coruña. Sus anteriores instalaciones se le quedaban pequeñas. Calvo, además, acaba de ser reelegido presidente de la Federación Española de Centros Tecnológicos.

-¿En qué están trabajando en ITG? No parece fácil explicarlo.

-Nosotros investigamos y damos soluciones a empresas. Somos un centro tecnológico especializado en sensórica avanzada. Tenemos una parte muy fuerte en investigación aplicada a drones, en inteligencia artificial y en sostenibilidad en edificación, aunque también trabajamos en eficiencia y agua.

-¿Lo más relevante es la línea de drones?

-Lo que tiene más recorrido e impacto a medio plazo sí, sin duda.

-¿Pero ese negocio no está tocando techo, no es algo pasajero?

-Para nada. Nosotros estamos trabajando en la gestión de la segregación del espacio aéreo; es decir, que cuando vuelas un dron, que no es un juguete, tienes que informar rápidamente al servicio de espacio aéreo de que vas a hacer una operación, y tienes que obtener respuesta, un plan de vuelo... Todo eso no es una tecnología definida ni resuelta. Y la parte de inteligencia y de máxima autonomía tampoco está solucionada. Estamos trabajando también en que un dron detecte cuándo se queda sin autonomía y pueda volver a casa, y ahí entra en juego la inteligencia artificial. Y en que, para cubrir un área, el dron se vaya a un punto de carga de energía y de información, que son esos nidos que estamos desarrollando ya para Estados Unidos. ¿Es pasajero? Para nada. Tenemos que estar preparados para tener drones en todos lados. No estamos hablando de fotos para bodas, sino de aviones pequeños que, lógicamente, no se pueden caer, que van a compartir espacio urbano. El negocio de los drones está aún en pañales, también porque la regulación está igual.

-Uno piensa en fotografía, seguridad marítima, control de bosques... ¿Se nos escapan actividades para los drones?

-Uf... Muchísimas: servicios médicos, sentinazos, seguimiento de personas, reconstrucción de accidentes, control de edificios o de fabricación, transporte de órganos... Queda bastante tiempo para un desarrollo mercantil y tecnológico pleno.

-¿Les llega con las 60 personas que emplean?

-Con 60-80 ingenieros puedes hacer lo que quieras, con altísimo valor.

-¿Cómo han cerrado el 2018?

-Muy bien, por encima de los tres millones y medio de volumen de negocio, con mix de financiación pública y privada, pero tenemos claro que en unos años no podemos depender de la primera, que ahora es un 40 %. Si hay proyectos públicos interesantes, iremos a por ellos, claro, pero este centro no puede depender de esa financiación.

-Pero para un centro como este, como ITG, ¿es fácil acceder a financiación privada, a proyectos fuera del ámbito público?

-No, para nada. Estamos por debajo de la media europea, y además nos enfrentamos a un escenario complejo que no ayuda, con el brexit, con la guerra comercial, la falta de presupuestos en España... Y a pesar del entorno, nosotros vamos a crecer entre un 10 y un 15 % intensificando ese negocio de drones, entrando ya en el mercado con algunos productos que están a punto de salir.

-Habla del entorno internacional. ¿Tanto pesa en ITG lo que pase fuera?

-Sí, porque trabajamos con muchas empresas que a su vez son multinacionales. Galicia aporta menos de la mitad de nuestro negocio. Nosotros tenemos un pie en el mercado, y otro en proyectos de investigación para nuevas propuestas a medio plazo. Nuestro modelo requiere poder probar, y poder fallar también. Y eso sin financiación pública... Somos una figura de centros privados, pero con una vinculación al sector público. Y eso hace que estemos entre dos aguas, y si hay nubarrones en la economía, nos pillarán seguro.

-¿Es una percepción generalizada entre los centros tecnológicos que preside?

-Sí. En la federación tenemos la sensación de que en el entorno político se habla mucho de I+D, pero se queda en eso, en hablar, que al final no hay fondos para poder hacerlo. Desde la entidad tenemos que ayudar a cambiar esto, a pensar a largo plazo. En momentos de crisis se recortó financiación, pero tampoco se ha recuperado cuando ha habido crecimiento, sobre todo investigación industrial, que es lo que hacemos desde los centros tecnológicos.

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