El desplome del ladrillo y de la obra pública hunden el negocio de la minería en Galicia

Solo la pizarra ha logrado mantener sus niveles de producción y rentabilidad en los últimos diez años

Mina de pizarra en Carballeda de Valdeorras
Mina de pizarra en Carballeda de Valdeorras

santiago / la voz

A la minería gallega se le atragantan aún los efectos de la crisis. A lo largo de la última década, la producción del conjunto del sector gallego ha caído un 58 %, y el valor de venta a pie de cantera -la facturación bruta- lo ha hecho un 33 %. De los 416,3 millones de euros de primera venta del año 2007, justo antes de que estallara la crisis, se pasó a los 278 del pasado 2016, según los últimos datos oficiales que maneja la Cámara Oficial Minera de Galicia.

Es un desplome este que tiene relación directa con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y la caída de la obra residencial, pero, sobre todo, con el brusco descenso de la licitación de obras públicas, un indicador todavía a la baja y que sigue sin recuperarse. Este tipo de proyectos tiran del hormigón, y eso son básicamente áridos. En este subsector, por ejemplo, la producción en Galicia ha caído en la última década de los 26 millones de toneladas a poco menos de 9; y la facturación de ese período ha pasado de casi 130 millones a 44. Es decir, que se ha quedado en apenas una tercera parte.

La evolución de otros minerales relacionados con la construcción traza la misma senda. Es el caso de la cerámica (teja y ladrillo), que pasa de 17,2 a 4,5 millones en venta a pie de cantera en esos años analizados. La caída del mercado nacional hizo que muchas empresas gallegas buscaran su mercado fuera. Es el caso de Cerámica Vera en Estados Unidos.

Otro tanto cabe decir del granito, que cae en el mismo período de 73,7 a 24,2 millones de euros de negocio. El granito ornamental tiene una función importante en fachadas, suelos y encimeras de cocina. Y es un mineral muy presente también en las obras públicas, como aceras y peatonalización de calles.

A diferencia del resto, la única materia que mantiene los niveles de producción y facturación precrisis es la pizarra, y eso se explica básicamente por su potencia exportadora. Sirva un dato como ejemplo: Galicia produce más del 30 % de la pizarra mundial para cubiertas.  

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Entramos en la mina de pizarra más grande del mundo Está situada en el concello ourensano de Carballeda de Valdeorras. Aquí se extrae roca desde 1968, primero a cielo abierto, ahora bajo tierra.

Los nuevos negocios

La historia reciente muestra que cuando se necesitó impulsar las infraestructuras la minería gallega aportó áridos y rocas ornamentales. Cuando se produjo una demanda extraordinaria de viviendas y edificios, el sector proporcionó arcilla en forma de ladrillos y tejas. El principal problema es que, ahora, ni la obra pública ni la residencial se han recuperado, y el sector minero de la comunidad se enfrenta al desafío de ver qué rol puede ocupar en el ámbito de la minería metálica (cobre, wolframio, hierro, oro, estaño...), en auge para atender la revolución tecnológica y las energías renovables. En Galicia desapareció en los noventa y se trata de un tipo de proyectos que requieren grandes desembolsos. De ahí la necesidad de contar con capital internacional, con inversores extranjeros. A esto se suma la contestación social y la necesidad de preservar el medio ambiente.

«A día de hoy, cuando la sociedad reclama minerales industriales y metales para acometer el desafío de la energía de baja huella de dióxido de carbono, no se pueden poner trabas injustas a la minería», sostiene Diego López, director de la Cámara Oficial Minera de Galicia. 

Los proyectos en marcha

Los mercados mundiales están ahora reclamando cobre y litio para vehículos eléctricos, coltán y estaño para tecnología y silicio para paneles solares. Galicia cuenta con minerales clave como el cobre, del que ya existe un yacimiento en Touro que ahora se quiere ampliar (está en fase de estudio); estaño, con otro en San Finx (Lousame); o coltán, que se está extrayendo en Viana do Bolo. A esto se suma que en Portugal, a 30 kilómetros de la frontera con Ourense, hay proyectos de explotación de litio. Y geológicamente es posible que también lo haya en Galicia.

«El sector minero se siente incomprendido, porque hay una oposición fortísima a todos los proyectos, incluso a explotaciones que llevan décadas activas y que son compatibles con el medio ambiente, generando una alarma infundada sobre supuestos riesgos sin ninguna base científica», asegura López. Con todo, las iniciativas están sujetas a una estricta supervisión. La Xunta ya rechazó en su día el proyecto para la mina de oro en Corcoesto.

España aplica a la actividad extractiva 112 leyes. Es el primer país de la Unión Europea en cuanto a número de normas, haciendo del minero un sector muy regulado. Hay 6 normas específicamente mineras que se complementan con 49 sobre el uso y planeamiento del suelo; otras 24 sobre medio ambiente; 21 más sobre patrimonio histórico; 4 sobre aguas; y otras 8 sobre distintos asuntos desagregados.

Países del entorno como Francia, con 69 leyes; Portugal, con 25; Alemania, con 46; o Reino Unido, con 69, tienen marcos normativos mucho menos complejos. En España, una empresa debe esperar entre dos y seis años para recibir un permiso minero debido, en gran parte, a la profusión de leyes y administraciones. Por el contrario, en Portugal, existe una ventanilla única en la que la media para conceder o denegar un permiso se sitúa en once meses.

Líderes por pizarra, granito y cuarzo

La comunidad gallega representa el 10 % de la producción minera de España. Es la cuarta autonomía en valor de producción, por detrás de Andalucía, Cataluña y Castilla y León. Y es la segunda en porcentaje de empleo, con un 12,8 % del total del país. Se trata de un sector que aporta el 1,22 % del PIB gallego, y en el que sobresale la producción de pizarra (54,3 % del total español), granito (56,9 %) y cuarzo (68 %). El último año, la minería gallega abasteció a la sociedad gallega con más de diez millones de toneladas de materiales para la construcción.

Se trata de un sector que genera 4.629 empleos directos, y que cuenta con 287 explotaciones activas: de ellas, 91 son de áridos, 58 de pizarra y 23 de cerámica. El granito aporta 52. La minería genera empleo y riqueza en el medio rural, lo que contribuye al desarrollo social y demográfico. Y se trata, sobre todo, de una actividad de pymes y de familias, en su mayoría de capital gallego. Familias con un largo historial de generaciones dedicadas a la explotación minera. Según los datos más actualizados, el 97 % de los titulares de derechos mineros son pymes, y el 95 % de ellos tienen sede en Galicia.

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«Cobraba tres pesetas ao día na mina» Baltasar, Eliseo y Celestino cuentan sus experiencias en la mina Kaolines Lage, que estuvo activa durante cincuenta años

Galicia no se distingue por los proyectos de megaminería. La de Endesa en As Pontes, con nueve kilómetros cuadrados, y la de Meirama, con tres, son áreas ya rehabilitadas. El proyecto de Touro, con una fuerte contestación social que incluye hasta el mundo marítimo, pretende actuar sobre 1,5 kilómetros. Una realidad muy diferente a la de otros países industrializados como Alemania, Canadá o Estados Unidos, con minas de más de 40 kilómetros cuadrados. En Rusia, Indonesia y Chile hay explotaciones que cubren hasta cien kilómetros.

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