Otro año de moratoria para el purín

Los ganaderos gallegos se libran de tener que enterrar los desechos que generan sus animales


redacción / la voz

Los agricultores gallegos podrán seguir aplicando el purín que generan sus animales mediante sistemas de plato o abanico, como venían haciendo hasta el momento. Aunque las normas sobre la condicionalidad de la Política Agraria Común (PAC) apuntan a que es obligatorio desde principios de este año enterrar este tipo de desechos en el terreno, la Consellería do Medio Rural ha vuelto a establecer una excepción a esta norma que se extenderá durante todo el ejercicio 2019.

Otro tanto sucede con la imposición de tener que enterrar los estiércoles sólidos tras su aplicación, de la que podrán librarse las explotaciones, siempre y cuando este sistema de abonado sea una práctica habitual de la granja.

La Xunta ha hecho valer así su capacidad para, atendiendo a las particularidades del campo gallego, imponer una nueva moratoria. La intención es que los profesionales puedan ir adaptando paulatinamente sus equipos -en la mayoría de los casos requiere de inversiones muy costosas- a esta nueva norma. Lo que sí queda prohibido a partir de enero es la aplicación del purín mediante sistemas de cañón, un mecanismo que hasta el momento venían utilizando algunos agricultores con dificultades para acceder con sus cisternas al interior de algunas fincas.

La decisión de demorar la entrada en vigor de esta norma ha supuesto un alivio importante para los agricultores gallegos a los que, a día de hoy, les resultaría imposible cambiar los actuales sistemas de aplicación del purín. De hecho, se calcula que el coste de adaptarse a la nueva regla sería superior a los 70 millones de euros, cantidad que debería destinarse a renovar buena parte de las más de 20.000 cisternas existentes en la comunidad, pues apenas un 10 % de ellas tienen capacidad técnica para adaptar el sistema de inyectores necesario para la inserción del purín en el terreno. Por no hablar de las mayores necesidades de potencia de los tractores o la lentitud con la que se llevarían a cabo los trabajos.

Además de paliar el problema del olor, con el enterramiento de los deshechos se busca también reducir las emisiones de amoníaco, un gas de efecto invernadero, a la atmósfera.

Indignación del sector

Una pretensión que, en su día, generó mucha indignación entre los productores lácteos, que se consideran perjudicados por una medida que debería dirigirse a los que más contaminan. De hecho, varios estudios apuntan a que el sector ganadero es el responsable de solo el 8 % de las emisiones de amoníaco que se registran en España, mientras que el porcino lo es del 25 % y las industrias de los fertilizantes de más del 20 %.

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