China, el milagro económico que no cesa

El gigante amarillo ha multiplicado por diez su peso en la economía mundial en solo 40 años


Shanghái / colpisa

Pocas decisiones tienen tanto impacto a nivel mundial como la que tomaron los líderes chinos, con Deng Xiaoping a la cabeza, en diciembre de 1978. Dos años después de la muerte de Mao Zedong, la cúpula del Partido Comunista (PCCh) decidió dar un vuelco al trágico curso político que había delineado el fundador de la República Popular durante el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, e implementó las «cuatro modernizaciones» que iban a abrir las pesadas puertas del gigante asiático. Después el mundo no ha sido el mismo. China no solo se ha convertido en la segunda potencia mundial, y la única capaz de poner en entredicho la hegemonía de Estados Unidos. Es también pieza clave del comercio mundial y, por ende, de la globalización que hace cuatro décadas comenzó con el proceso de deslocalización que propiciaron las reformas de aquel Tercer Pleno del XI Comité Central del PCCh. El mundo entró en tromba por los puntos que el Gran Dragón designó para experimentar con el capitalismo. Ahora es su presidente, Xi Jinping, quien promulga por todo el globo el libre comercio frente al proteccionismo que representa su homólogo estadounidense, Donald Trump.

En solo cuarenta años China ha protagonizado un milagro económico que, además, parece estar lejos de concluir. Las estadísticas lo reflejan claramente. En 1978 China representaba solo un 1,8 % del PIB mundial, peso que ha multiplicado por diez hasta el 18,2 %. Y, además, sigue creciendo a un ritmo anual del 6,7 %, por debajo del 9,4 % de la media marcada en los últimos 40 años pero muy por encima del ritmo global. Y, aunque las disparidades sociales son mayores, este crecimiento también se ha traducido en un espectacular incremento de la capacidad adquisitiva de la población y en la creación de una clase media cada vez más relevante.

De los 1.350 millones de habitantes del país más poblado del planeta, 500 millones han dejado atrás la pobreza, otros 400 millones han accedido a esa clase media a la que todas las empresas quieren atraer, y la renta per cápita ha crecido de los 156 dólares de hace cuatro décadas hasta los 8.643 del año pasado, es decir, 55 veces más. No es de extrañar que las importaciones se hayan disparado y que el país se haya convertido en la principal potencia comercial del mundo.

También es el que guarda las reservas de divisa extranjera más abultadas, el tercero que más invierte en otros países y el que más inversión recibe del resto del mundo. Así, los economistas tienen claro que es solo cuestión de tiempo que el gigante asiático arrebate a Estados Unidos el trono de la economía global. Únicamente difieren en la fecha: algunos vaticinan que sucederá hacia el 2025, mientras que los más conservadores retrasan este hito hasta el 2050. En cualquier caso, no será la primera vez que China sea la primera potencia mundial: se estima que en los siglos XV y XVI ya producía un tercio de la riqueza del planeta.

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